martes 30/11/21

El afinador punk de pianos: David Izquierdo

 
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Detrás de la música #2

David Izquierdo no es de los que sigue tradiciones convencionales. Se salta las normas, ignora los protocolos y muestra desprecio hacia la autoridad. Es un auténtico punk, pero a la vez un habilidoso afinador de pianos: muy diestro en su trabajo y siempre cotizado por los más famosos artistas que pasan por España.

Nacido en Sevilla en 1967 e hijo del aclamado director de orquesta Luis Izquierdo y la internacionalmente reconocida pianista Ángeles Rentería, la posición de David desde su nacimiento de cara al mundo de la música clásica es envidiable. Eso sí, el camino que tomó hacia la vocación familiar fue muy distinto al que sus padres imaginaban.

Su primer recuerdo con respecto a la música tiene mucho que ver con su heredado don. Mientras su madre dedicaba horas a practicar las piezas para los conciertos por venir, con tan solo tres años, él se colocaba junto a ella a escuchar. La casi incesante repetición de piezas y la cercanía al instrumento desde tan temprana edad facilitó sin querer que el joven sevillano se familiarizase tanto con las notas como con el sonido propio del piano.

A los 12 años, su familia se mudó a Madrid. Su padre iba a estar al frente del Conservatorio de Música de la ciudad. La transición a la capital desde Sevilla no fue fácil. Aunque sus padres intentaron llevarlo por un camino de instrumentos y música clásicos, como el piano y el violín, su hijo prefería saltarse las clases de música para participar en actividades más físicas como jugar al fútbol con sus amigos. El término ‘hiperactivo’ ya no debería utilizarse, es un estigma. Por otra parte, cuando le conoces, inmediatamente te das cuenta del exceso de energía que desprende, la cual causó varios patrones de comportamiento problemático. La solución por parte de sus padres fue mandarlo a colegios internados con la idea de inculcarle unos principios de disciplina.

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Debido a sus malas notas, acababa con frecuencia confinado a estos centros durante el fin de semana. La Movida Madrileña estaba en su máximo apogeo y David quería formar parte de ella. Escapaba por las ventanas y saltaba verjas para poner rumbo a Malasaña, donde recibiría su dosis de anfetamina y música. Se matriculó en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid pero no llegó a ir a clase. Encontró trabajo repartiendo panfletos, vaciando papeleras en el aeropuerto y vendiendo tapacubos a estudiantes universitarios; estaba perdido.

El momento del cambio llegó cuando le dijo a su madre que no volvería a estudiar. El hombre encargado de afinar el piano de su madre, Guido de la Llana, estaba presente en la conversación. Su madre, como es lógico, estaba preocupada por el futuro de su hijo. De la Llana planteó una solución: comprobaría si el joven tenía oído para afinar, el oído que había perfeccionado sentado bajo el piano de su madre hacía 15 años y rodeado por la música de su padre.

España, en aquella época, al igual que en la actualidad, no ofrecía ninguna titulación oficial en afinación de piano, por lo que en 1989, bajo la tutela del señor de la Llana, su alumno fue enviado a otro tipo de internado; en esta ocasión a la Yamaha Technical Academy, en Japón. La primera tarea de los estudiantes allí era familiarizarse con el funcionamiento del instrumento, lo que significaba desmontar un piano pieza a pieza y montarlo de nuevo. Sólo tras completar esa tarea podían comenzar con las tareas de afinación.

Al acabar el curso, se fue a estudiar con el competidor más directo de Yamaha, Steinway. En la academia de Hamburgo no había aulas. Los estudiantes trabajaban directamente en la fábrica.

Ni sus compañeros ni los artistas eran capaces de ver una metodología estándar en sus trabajos. Él mismo admite trabajar sumido en el caos y la improvisación, dependiendo del día y las necesidades del evento. A de la Llana esto no le importaba siempre que los resultados fueran los esperados. A su vuelta a España, empezó a trabajar para Hazen, distribuidor de pianos Steinway y Yamaha.

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David era uno de los pocos en el campo con certificado de estudios de ambas compañías. Ha trabajado para El Teatro Real, El Auditorio Nacional y la Orquesta Nacional. También ha afinado para estrellas del pop como Elton John y Raphael, y pianistas clásicos como Grigory Sokolov y de jazz como Chick Corea.

Algunos de los artistas son fáciles a la hora de trabajar y respetan su trabajo, pero otros quieren tener el control. Él comprende la mentalidad de las estrellas y utiliza un poco de mano izquierda. En ocasiones, después de recibir alguna instrucción del artista de cambiar el sonido, él aceptaría pero en realidad no cambiaría nada. Media hora después, el músico volvía atónito con la ‘transformación’.

Y ahora David Izquierdo está finalmente cumpliendo su sueño. Afinar es su vocación, tocar la batería su pasión. Sus padres nunca le permitieron malgastar tiempo, energía y talento en un instrumento tan rudimentario.

-La gente me dice lo que hacer y cómo hacerlo, y luego hago lo que me da la gana-

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