lunes 23/11/20

La desinformación y nuestra imagen distorsionada de la política norteamericana

Si salen a la calle y preguntan a los españoles por el señor de tez naranja que aún ocupa el interior de la Casa Blanca las respuestas serán muy parecidas. La mayoría destacarán sus groseras maneras, su carácter imprevisible y mencionarán alguna de sus últimas polémicas, como su criticada gestión del coronavirus o su enfrentamiento al movimiento racial ‘Black Lives Matter’. También coincidirán en que, sea cual sea su programa y las novedades que traerá a los estadounidenses, el ya electo presidente Joe Biden es la única esperanza para librarnos para siempre de Donald Trump.

Lo cierto es que esta situación no es de extrañar. Si echamos un ojo a los periódicos y las televisiones nacionales, nos encontraremos, salvo contadas excepciones, con una misma fotografía del líder republicano. “Populista”, “racista”, “machista” o “negacionista” son algunos de los calificativos más repetidos para referirse a Trump, que en sus cuatro años al frente del gobierno de EEUU parece haberse limitado a sembrar el odio, fracturar la sociedad y cargarse a miles de compatriotas con su cuestionada gestión del covid-19. ¿Pero qué hay de sus rebajas fiscales o de su masiva creación de empleo? ¿Por qué esta información cuesta tanto encontrarla?

No busquen en los medios españoles conservadores, porque tampoco la encontrarán. La realidad es que la prensa “derechista” ha decidido mirar a otro lado y sumarse a la corriente global anti Trump. Hay excepciones contadas, como el Toro TV o los periodistas Federico Jiménez Losantos y Fernando Sánchez Dragó, que han manifestado abiertamente su desacuerdo con este discurso y alabado las políticas del magnate. Algunos tabloides económicos liberales también han roto una lanza a favor de Trump, aunque sea tímidamente, centrándose solo en destacar la notable repercusión de sus políticas en el bolsillo de los norteamericanos. El resto de medios no esconde su antipatía.

Este sesgo no es exclusivo de la prensa. Podríamos hacer un paralelismo entre lo que ocurre en los medios de comunicación y los políticos patrios, que tampoco escatiman en críticas hacia el republicano. El único partido que siempre se ha mostrado favorable a su figura es Vox, que ha destacado en numerosas ocasiones “su valentía” y su “impulso al patriotismo frente al globalismo”. Lo cierto es que la formación de Santiago Abascal guarda muchas similitudes con los valores defendidos por el multimillonario, como la defensa de la vida o la firme condena a la inmigración ilegal. Menos definida está la posición del Partido Popular, del que si bien nombres destacados como Mariano Rajoy o Esperanza Aguirre han respaldado algunas de las medidas económicas de Trump, sus líderes actuales han optado por guardar silencio y no mostrar ningún indicio de apoyo.

Aunque para algunos suene a disparate, en estos últimos cuatro años Trump sí ha hecho cosas buenas. Mas allá de sus estrafalarias formas y su egocéntrico carácter, el mandatario dejará un legado bastante aceptable a sus compatriotas estadounidenses. En lo económico, sus logros son incuestionables: el mercado de valores ha subido; se ha disparado la creación de puestos de trabajo y el paro ha caído en picado; se ha impulsado una reforma fiscal sin precedentes que ha rebajado los impuestos a empresas y trabajadores, y se han llevado a cabo importantes desregulaciones en el mercado laboral. También en política exterior el actual inquilino de la Casa Blanca puede apuntarse varios tantos, como la negociación de la paz entre los países árabes e Israel, el avance en las relaciones con Corea del Norte o la confrontación a la política expansiva de China. Pero esta información no la encontrarán fácilmente.

Cada día se escucha más que vivimos en una sociedad polarizada con una política polarizada. Cabe preguntarse si no serán los medios de comunicación los que estén dando forma a este mundo de blancos y negros, en el que no existen los grises. Porque sin una prensa plural y objetiva es imposible formar a ciudadanos críticos.  

La desinformación y nuestra imagen distorsionada de la política norteamericana
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