viernes 14/5/21

La vuelta de conciertos y festivales, un paso más cerca

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Aguantar largas colas para ver al grupo de moda, batirse a empujones para llegar a las primeras filas, esperar con ansia a que llegue esa canción tan especial… El coronavirus nos ha privado de las emociones que se viven en un concierto, y todo apunta a que pasará mucho tiempo hasta que las volvamos a experimentar. Las grandes actuaciones musicales han sido señaladas como uno de los mayores focos de contagio del covid, y aunque la industria insista en su escrupuloso cumplimiento de las medidas de seguridad, muchos se resisten a verlos como lugares seguros. Solo hace falta ver la polémica que desató el último recital de Raphael en Madrid, que lejos de servir como ejemplo de buena organización y abrir camino a otros eventos de este tipo, sembró las críticas por la asistencia de 5.000 personas.

Resulta chocante ver a tanta gente en un espacio cerrado, sí, ¿pero es tan peligroso un concierto si se siguen las medidas necesarias? Esta semana el sector del ocio nocturno recibía un soplo de aire fresco al conocerse los resultados de un ensayo clínico realizado en la Sala Apolo de Barcelona, en el que ninguno de los 463 asistentes resultó infectado tras celebrarse allí un recital de música en directo. La clave, someterse a un test de antígenos antes de entrar y seguir el protocolo de seguridad diseñado, dos pautas que, a juzgar por los resultados de este estudio, garantizarían la seguridad de los eventos multitudinarios y avalarían su reanudación en los próximos meses.

La experiencia no fue muy distinta a la de un concierto antes de la pandemia. Si bien el público iba equipado con mascarilla FPP2, se controlaron las entradas y las salidas y las colas en los servicios y se monitorizó la calidad del aire, los asistentes pudieron bailar e incluso abrazarse. “No hubo sensación de control excesivo”, sentenciaron los participantes en una encuesta posterior.

Esta circunstancia no supuso ninguna complicación. Los propios impulsores del estudio, la Fundació Lluita contra la Sida y les Malalties Infecciones, el hospital Germans Trias i Pujol y el Primavera Sound, se sorprendieron con los buenos resultados obtenidos. “Un ambiente cerrado con 500 personas bailando representa el máximo nivel de estrés de exposición al coronavirus”, señaló uno de los investigadores, “y aun así no ha habido ningún positivo”, añadió.

La realización masiva de test de antígenos antes de conciertos y festivales podría ser la salida para un sector que está agonizando. La pandemia ha sepultado a los locales de música en vivo, que prácticamente en su mayoría llevan cerrados ocho meses y que han vivido la situación más crítica en décadas. Estos negocios denuncian que estos meses se han cancelado cerca de 25.000 conciertos, y que las pérdidas que acumularán hasta final de año llegarán a los 120 millones de euros, lo que podría desencadenar el cierre de muchos de ellos. Más de 5.000 trabajadores se han visto afectados por esta hecatombe, muchos de ellos en ERTE desde marzo.

Ante este oscuro panorama el sector lleva meses reclamando medidas económicas que compensen el cierre de los locales e insisten en que las salas de conciertos son espacios culturales que, cumpliendo con las medidas, son tan seguros como cualquier establecimiento en hostelería. El estudio de Barcelona podría dar pie a otros experimentos que sostengan esta teoría y que poco a poco vayan trazando el plan de reapertura de eventos musicales. Todo apunta a que así serán los festivales en el futuro próximo: con mascarilla y más controles a los asistentes, pero conquistando poco a poco esa sensación de libertad perdida.

 

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