lunes 12/4/21

Estrella Digital

Votar en tiempos de pandemia, una empresa complicada

La celebración de las elecciones autonómicas de Cataluña está ocasionando muchos estragos. A la previsible falta de participación ciudadana se le suma ahora un nuevo reto: el de formar las mesas electorales. Más de 20.000 catalanes elegidos por sorteo para recontar los votos el próximo 14 de febrero han recurrido su nombramiento, y el presidente de la Junta Electoral de Cataluña, Santiago García, ha manifestado su temor a que muchas mesas electorales no puedan formarse. Se trata de un 25% del total de los ciudadanos llamados al recuento. La mayoría alega tener alguna patología o personal de riesgo a su cargo. Ante este escenario, la Junta Electoral ya baraja varios ‘plan B’ como crear una bolsa de voluntarios o que los suplentes integren las mesas que queden desiertas.

Sin voto por la cuarentena.
Sin voto por la cuarentena.

Pero el gran desafío es otro. ¿Cómo decidir a qué ciudadanos se exime de esta obligación y a cuáles no?  La normativa electoral contempla diferentes supuestos que libran al ciudadano de esta responsabilidad –enfermedad, incapacidad, tener menores a tu cargo, entre otras– pero la llegada del covid ha creado un nuevo escenario –con un sinfín nuevo de circunstancias– para el que todavía no existe un criterio común de valoración. Es por ello que la Junta Electoral de Barcelona contará con la asistencia de médicos forenses que ayudarán a decidir en qué caso existe una patología que impide formar parte de las mesas electorales.

Los comicios catalanes han abierto un debate que enfrenta el derecho al voto con el derecho a la salud pública. Frente a los juristas que sostienen que acudir a las urnas prevalece sobre otros derechos ciudadanos, algunas voces opinan que celebrar unas elecciones en pleno pico de contagios del coronavirus atenta contra la salud de las personas. Entre los defensores de posponer los comicios destaca la figura del Síndic de Greuges (el equivalente al Defensor del Pueblo en Cataluña), Rafael Gribó, que considera que no existen los mecanismos suficientes para garantizar el derecho al voto de toda la población.

Las de Cataluña no son las primeras elecciones que se celebran en medio de la pandemia. En verano los ciudadanos acudieron a las urnas en País Vasco y Galicia. Estos comicios estuvieron muy marcados por las medidas sanitarias y en ningún caso se permitió que personas infectadas o contactos estrechos de un positivo acudieran a los colegios electorales. El próximo 14 de febrero, por el contrario, sí habrá luz verde a que los contagiados depositen su voto de forma presencial, siempre que lo hagan en la franja horaria designada para ello –a última hora de la tarde–. A los miembros de las mesas se les dará durante este periodo un equipo de protección EPI. Esta decisión no ha gustado nada a los más críticos con la celebración de las elecciones, que son partidarios de que este colectivo vote por correo. 

Para cerrar esta grieta que se ha abierto en la sociedad catalana algunos juristas opinan que la solución habría sido una reforma de la ley electoral, la Loreg, que contemple la celebración de elecciones durante una pandemia. Los catedráticos de Derecho constitucional Miguel Presno y Agustín Ruiz Robledo explican a EL PAÍS que esta actualización de la norma hubiera permitido atar algunos cabos sueltos que ya aparecieron en las elecciones gallegas y vascas, habilitando mecanismos que faciliten el voto seguro, como apurar el plazo del voto por correo, ampliar la jornada electoral, habilitar el voto electrónico o acercar la urna al votante. Estos expertos proponen también que se pueda delegar el voto y que se definan los criterios que ampararían la suspensión de unas elecciones. 

 

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