martes 20/4/21

Estrella Digital

Un retrato vivo de la Pasión

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La Semana Santa nos invita a los creyentes a acompañar a Jesús en su camino a la Cruz. La muerte del hijo de Dios, que sufrió en sus carnes el pecado del hombre, llama a reflexionar sobre tantas otras realidades injustas que suceden hoy en día y que no nos atrevemos a mirar. Esta semana los periódicos hablan del colapso de migrantes en la frontera sur de Estados Unidos, donde miles de hondureños, salvadoreños y mexicanos malviven en campamentos con la esperanza de poder entrar al país norteamericano. Los últimos desastres naturales y los estragos ocasionados por el coronavirus en estos territorios han contribuido a este éxodo. Pero si ha habido un factor que lo ha disparado ha sido la llegada a la Casa Blanca de Joe Biden, que para estas familias se presenta como el héroe que solucionará todos sus problemas. En muchos casos la ilusión termina en la garita fronteriza, donde son informados de que no se les permite la entrada a los EE.UU. Los que consiguen entrar por vías ilegales, son deportados. Entre tanto, la miseria y la desesperanza crecen entre los que siguen esperando.  

 

La detención de inmigrantes en la frontera ha aumentado un 28% desde la marcha de Trump. La entrada al país de menores no acompañados, un 61.4%. Al compromiso de la Administración Biden de derogar toda la legislación antiinmigración impuesta por su predecesor se le suma el poder captador de los coyotes, que ayudan a estos ciudadanos a cruzar la frontera bajo la falsa promesa de que podrán entrar en suelo estadounidense.  Así, el país vive su mayor crisis migratoria en los últimos 20 años, asistiendo cada día a la imagen de colas de demandantes de asilo que se multiplican y que han obligado al presidente Biden a solicitar ayuda al Gobierno mexicano.

 

¿Cómo se ha llegado a este punto? Al poco de instalarse en la Casa Blanca, su nuevo inquilino anunció a bombo y platillo que derogaba el Migration Protecion Protocol­ (MPP), programa puesto en marcha por Trump para impedir a los solicitantes de asilo esperar su respuesta en suelo estadounidense. Esta decisión de Biden dejaba muchos cabos sueltos, como qué ocurría con aquellas personas cuya demanda estaba siendo tramitada. También anunció otros planes ‘estrella’, como reunificar a aquellas familias que habían sido separadas por Trump en la frontera y legalizar la situación irregular de 10 millones de indocumentados.

 

Ante la oleada de inmigrantes que comenzó a llegar a los Estados Unidos, Biden no tardó en matizar sus palabras, subrayando que darían la bienvenida a cualquier ciudadano extranjero pero que éste no era el mejor momento. Según el mandatario, reconstruir el sistema de asilo que desmanteló Trump lleva tiempo, por lo que hizo una llamada a la paciencia a todos los inmigrantes que quisieran ingresar en el país. Éste no es el único motivo que explica este retraso en la implantación de la nueva legislación migratoria. Muchos analistas señalan que Biden se lo está tomando con calma porque tiene miedo a que la oposición le tumbe estas medidas.

 

Entre tanto, este mensaje no ha conseguido disuadir a los solicitantes. Pese a las palabras de Biden, miles de familias esperan con tesón en la frontera mexicana. Muchas de ellas han sido informadas de la imposibilidad de entrar en el país norteamericano, pero su camino ha sido muy largo como para darse por vencidos. Esperan, en definitiva, un milagro. Creen en Joe Biden. Las condiciones en estos asentamientos fronterizos –los más atestados son los de Tijuana, Ciudad Juárez y Matamoros– son muy duras: soportan temperaturas gélidas por la noche, se enfrentan a robos e intentos de secuestros y sobreviven gracias a la ayuda humanitaria. Confiesan que tienen miedo y cansancio, pero la ilusión pesa más que el sufrimiento.

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