lunes 12/4/21

Estrella Digital

¿Se puede aprender suspendiendo?

Los datos del Ministerio de Educación sobre los resultados académicos del curso 2019-2020 reflejan un número histórico de alumnos aprobados. Solo uno de cada diez estudiantes repitió curso en la ESO y en algunos cursos la media de promociones subió hasta diez puntos, más de lo que lo había hecho en una década. Estos resultados son consecuencia de una flexibilización en las evaluaciones fruto de la pandemia del coronavirus y de la incertidumbre que trajo consigo a alumnos y educadores. La alta tasa de aprobados es, además, generalizada: se produjo en todas las comunidades de España

Escolares en colegio, con mascarillas.
Escolares en colegio, con mascarillas.

Buena parte de la comunidad educativa ve con buenos ojos esta caída de la exigencia en las aulas. Padres y profesores coinciden en que una evaluación normal no hubiera sido justa tras tres meses de clases telemáticas, y que además habría perjudicado a aquellos estudiantes que no disponían de las herramientas virtuales necesarias. Están de acuerdo, eso sí, en que esta promoción generalizada que tuvo lugar en junio ha provocado que muchos alumnos vayan este curso rezagados, y echan de menos más recursos destinados a estos estudiantes con problemas. 

Éste es uno de los hándicaps de pasar de curso sin tener los conocimientos mínimos. Sin embargo, la OCDE descarta que repetir sea un recurso eficaz para el alumnado, y lleva años alertando a España de que debe bajar su alto porcentaje de repetidores: el 28,7% de los alumnos españoles de 15 años había repetido al menos una vez en 2018, frente a la media del 11,3% en los países desarrollados. El Gobierno actual se ha decidido a reducir estos números y la nueva ley de Educación aprobada en diciembre elimina el requisito de tener ‘x’ asignaturas aprobadas para pasar de curso. 

El debate sobre la procedencia o no de esta herramienta pedagógica lleva tiempo abierto. Los que se sitúan a favor de eliminarla afirman que no contribuye a un mejor rendimiento del alumno, más bien todo lo contrario, pues a medio plazo genera peores resultados y un mayor abandono escolar. El presidente del Observatorio de Educación, Francisco Javier Merchán Iglesias, arroja el siguiente dato: solo uno de cada ocho alumnos que deja la escuela no ha repetido. Para él, la repetición es un indicador de fracaso que se convierte en causa de fracaso. Otros detractores de esta medida, como la propia ministra de Educación, Carmen Calvo, señalan que, además, no pasar de curso repercute en la salud emocional del afectado, al que verse rodeado de chavales un año o dos menos que él le puede generar frustración y desmotivar a seguir estudiando.  

Este sector esgrime asimismo que repetir tiene un coste económico muy alto para las administraciones, que no se ve compensado con los resultados. Señalan a su vez que solo con una parte de este dinero se podrían financiar buenos programas de refuerzo para el alumnado rezagado, una de las soluciones que acabaría para siempre con el sistema de repetición. 

No todos son partidarios de suprimir esta medida en las aulas. Dentro de este sector, el argumento que más se repite es que genera dejadez y fomenta la ley del mínimo esfuerzo entre el alumnado. En este sentido, el doctor en Pedagogía y profesor de la Universidad de Navarra Gerardo Castillo Ceballos señala que la nueva ley de Educación traerá consigo un peor rendimiento académico de los estudiantes, que al no contar con esa parte de evaluación y retroalimentación por parte del profesorado perderán gran parte de la motivación por aprender y cultivar méritos. Eliminar las repeticiones puede tener, en opinión de este docente, una consecuencia más grave, y es que esta permisividad en las escuelas cree personas más inseguras, con una baja tolerancia a la frustración y poco preparadas para las dificultades de la vida. 

Frente a este argumentario el Presidente del Consejo Escolar del Estado, Enrique Roca, explica a EL PAÍS que esta remodelación del modelo de enseñanza no busca hacer de la educación algo más sencillo, sino más eficiente. Propone que se destinen más medios a profundizar en los conocimientos fundamentales de cada asignatura, que posibiliten al estudiante avanzar de curso sin dificultad, y no en listas inabarcables de contenidos que rápidamente se olvidan. El experto señala que el éxito en el número de aprobados en países anglosajones y nórdicos se debe a este modelo, y advierte que para instalarlo definitivamente en España se requiere un esfuerzo global de toda la comunidad educativa. 

Comentarios