martes 27/7/21

Filomena, un aviso del cambio climático

marina

El temporal de nieve que ha sacudido a media España ha paralizado la agenda pública estos últimos días. Hemos visto cómo los medios de comunicación informaban en bucle sobre la histórica nevada: imágenes de los estragos y destrozos que ha producido en varias ciudades, coches atascados en la M-30, guerra de bolas en plena plaza de Callao, supermercados desabastecidos… Pero entre tanta sobreinformación poco hemos oído sobre el origen y causas de la borrasca que ha dejado récord histórico de bajas temperaturas en varias zonas de España.  ¿Cómo se explica que un país tan poco acostumbrado al frío haya sufrido un temporal de estas características? ¿Desmonta esta insólita tormenta la teoría del calentamiento global?

Lo primero que hay que saber es que Filomena es la suma de dos fenómenos distintos. Su génesis, según han explicado los expertos de la Agencia Estatal de Meteorología, es una borrasca que se originó en el Golfo de Cádiz y que ha estado insuflando aire frío hacia la península, lo que en otras ocasiones hubiera provocado fuertes precipitaciones en el sur y en el Levante. A medida que iba penetrando hacia el interior del país, este frente se topó con un anticiclón procedente del Atlántico que llevaba una semana inyectando frío hacia España. He aquí la tormenta perfecta: como la masa de frío no cesó, Filomena se encontró con suelos a baja temperatura y lo que iban a ser fuertes lluvias se convirtieron en nieve.

Las incesantes nevadas y la posterior caída de las temperaturas ha llevado a muchos a poner en duda la existencia del cambio climático y ha preguntarse cómo es posible que el planeta se esté calentando si suceden episodios tan gélidos como éste. Malas noticias para los negacionistas: casi seguro podemos afirmar que Filomena es consecuencia del calentamiento global. Según explica el diario digital ‘El Ágora’, el anticiclón que teníamos sobre el Atlántico y que derivó en el temporal de nieve guarda relación con una alteración del chorro polar, una corriente de aire de la estratosfera que separa las regiones polares de las medias y que nos protege de la intrusión de masas de aire árticas. Pues bien, como consecuencia del calentamiento de los polos, esta barrera se está viendo alterada, y cada vez es más habitual que corrientes como la que originó Filomena se cuelen en nuestra zona geográfica.

¿Es compatible entonces el cambio climático con episodios intensos de frío? La respuesta es sí. Como ha señalado el científico principal del Instituto de Salud Carlos III de Madrid, Julio Díaz, identificar el aumento de temperatura del planeta exclusivamente con olas de calor es incorrecto. O mejor dicho, incompleto, porque lo cierto es que la característica principal del calentamiento global es que produce fenómenos meteorológicos extremos, ya sean olas de frío, de calor, huracanes, sequías o inundaciones. Éste sería el motivo por el que hace justo un año la borrasca Gloria anegaba media España y arrasaba el delta del Ebro y el Levante. O hace unos meses asistíamos a la formación de huracanes en el Atlántico y ciclones en el Mediterráneo. Todos ellos, episodios muy violentos que se espera vayan ganando en potencia y se hagan cada vez más frecuentes.

Esto tiene serias consecuencias para nosotros. Sin ir más lejos, aquí en España, rachas de temperaturas bajo cero como las que ha traído Filomena ocasionan más muertes que las olas de calor. No estamos acostumbrados a soportar tanto frío ni tenemos planes pensados para hacer frente a temporales de este tipo. Según una investigación llevada a cabo por los investigadores Julio Díaz y Cristina Linares para el ISCIII, por cada día de frío extremo se contabilizan 3,5 fallecimientos. No se trata de muertes directas, por congelación, sino que las bajas temperaturas agravan patologías.

Los expertos llevan años alertando: la temperatura global no deja de subir –2020 fue el año más caluroso registrado en Europa– y si no tomamos medidas urgentes la crisis climática tendrá un grave impacto sobre la salud mundial, alterará las vidas y los medios de subsistencia, y desbordará los sistemas de atención de salud. Quizá la experiencia de Filomena (y el terrible caos que ha sembrado a su paso) nos haga concienciarnos al respecto.

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