domingo 7/3/21

España, a la cola europea por la gestión económica de la Covid-19

La llegada de la vacuna ha abierto una nueva ventana a la esperanza. La guerra del coronavirus podría tener, por fin, los días contados, pero el final de esta crisis no ha podido tapar el estallido de otra: la económica. Estos días conocíamos que España es el país que sufrirá la mayor recesión de todos los países de la OCDE. Según un informe publicado por el propio organismo, en 2020 el PIB nacional caerá en un 11,7%, solo superado por Argentina, la nación del mundo con las medidas de confinamiento más severas. En cuanto al paro, España tendrá el próximo año la segunda mayor tasa de desempleo de los países analizados: un 17,4%, solo superado por el 17,8% de Grecia

Bandera española con Covid

Nuestros datos son mucho peores que los de los países del entorno. La desaceleración económica de España dobla a la de Alemania, que cae en un 5,5%, y se sitúa también muy lejos de la de Portugal, que decrece en un 8%, o Francia, con una bajada del 9,1%. Incluso nuestra vecina Italia, que ha tenido una evolución de la pandemia muy similar a la de España y también ha sufrido el hachazo del turismo, obtiene mejor diagnóstico que nosotros, con un desplome del 9,1%. ¿Cómo se explica esta desigualdad en los resultados?

Si nos fijamos en las últimas semanas, las correspondientes a la segunda ola de la pandemia, observamos cómo todos los países de nuestro entorno han tomado medidas para amparar al gran perjudicado: el sector servicios. En nuestro país el cierre total o parcial de la hostelería, cultura, ocio y centros deportivos no ha sido excepción, y todos los informes apuntan a que estos negocios han sido los más afectados de nuestra economía, muy por encima de la industria. ¿Y qué ha hecho el Ejecutivo frente a esta situación? De momento, nada. Se ha limitado a delegar las subvenciones a las comunidades autónomas –con diferencias de hasta 3.000 euros en ayudas entre una región y otra– y ha anunciado a todo trapo un plan para salvar la hostelería que aún no se sabe cuándo se aprobará ni de cuánto dinero constará. 

Mientras tanto, en Alemania, en octubre, a las pocas horas de anunciarse las nuevas restricciones en bares y restaurantes, Merkel otorgaba 10.000 millones de euros en ayudas para aquellos negocios obligados a cerrar, cubriendo así hasta el 75% del volumen facturado en noviembre de 2019 por estas empresas. Francia tampoco se quedaba atrás, y, al poco de decretarse el toque de queda, Macron lanzaba un plan de 1.000 millones de euros destinados a empresas de menos de cincuenta trabajadores con pérdidas de más del 50% en sus ingresos. 

El escenario en los primeros meses del virus fue bien parecido. Si bien Moncloa invirtió 100.000 millones de euros en avales para empresas y autónomos y puso a su disposición los ERTE para proteger a los trabajadores, estas medidas no han sido suficientes. Los analistas económicos coinciden en que la clave en el derrumbe de la riqueza española ha sido la ausencia de ayudas fiscales, que sí se han dado en los países vecinos. En porcentajes, estas medidas en España equivalen al 3,7% del PIB, frente al 8,3% de Alemania, el 5,5% de Dinamarca o el 4,4% de Francia, según datos de ‘El Confidencial’. También encontramos serias diferencias en la flexibilidad en el pago de impuestos: mientras que Italia ha ofrecido un retraso en el pago por valor del 13,2%, el español ha sido únicamente del 0,8%. Muy por detrás también de su vecino Portugal (11%), Francia (8,7%) o Alemania (7,3%).

Mientras Sánchez ultima su plan de rescate a los sectores más afectados, las ciudades españolas se han convertido en el escenario de protestas y manifestaciones de empresarios, que piden ayudas directas a la hostelería y una baja fiscalidad. Para todos ellos hay malas noticias: el Gobierno, una vez más, llega tarde.

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