domingo 17/10/21

Ahora que es navidad no me resisto a contar cierta historia para demostrar que el hombre, en ocasiones no es un lobo para el hombre y que la caballerosidad y el juego limpio, son patrimonio de las almas nobles y generosas.

Hans Von Luck era militar alemán con el grado de Mayor. Descendiente de una familia que se remontaba al siglo XIII, sus antepasados habían sido Caballeros Teutones, y todos y cada uno de sus parientes habían servido en la milicia a lo largo de los siglos. Alumno de Rommel en la Academia de guerra, este le requirió para mandar un batallón blindado de reconocimiento durante la invasión de Francia, con notables resultados. Más adelante formó parte del Afrika Korps, mandado como todo el mundo sabe por el genial Zorro del desierto, amigo y mentor de Von Luck. No era un Nacionalsocialista, es más, su novia era de origen judío y a su suegro lo asesinaron los nazis en un campo de concentración. Pero se trataba de un militar y un patriota y debía combatir por su país, fuese el que fuese el que mandase, o las causas del conflicto.

Demostró que era un hombre de carácter cuando posteriormente, en Normandía, durante la operación Goodwood, observó como un oficial de la Luftwaffe  (ejército del aire, que siempre han sido un poco moñas), encargado de armas antiaéreas, no disparaba contra los carros aliados, los cuales amenazaban con romper el frente. Von Luck se apeó de su coche y ordenó que bajase el rango de los míticos cañones de 88 mm, para poder disparar contra los blindados. El jefe espetó que él no aceptaba órdenes de un comandante que no fuera el suyo. Von Luck, con tranquilidad, sacó su pistola y apuntándole, dijo:

-¡Elija: o le pego un tiro, o gana una medalla!

El Oficial, ante la amenaza, le obedeció y detuvo a los carros enemigos.

En otra ocasión, herido en un muslo, estuvo combatiendo cinco días a base de inyecciones de morfina, hasta que fue evacuado ¡todo un guerrero desde luego!

Tras la derrota en el Alemein, Von Luck era jefe del batallón de reconocimiento que vigilaba en flanco sur del Afrika Korps para evitar un flanqueo por parte de los británicos, mientras Rommel se retiraba hacia Tunez. El flanco sur era el desierto profundo africano. Con una temperatura de cuarenta grados durante el día, un simple bidón de gasolina o una cantimplora de agua, podía suponer la diferencia entre la vida y la muerte. Además los hombres con los que se enfrentaban el batallón de la 21 División Panzer, no eran aficionados. Se trataba del SAS, (Special air Service), los Royal Dragoons, los Husares mecanizados y el Long Range Deset Group LRDG, unos tíos con barbas pobladas que acojonaban y olían a distancia.

Todos eran hombres valientes, alemanes y británicos, acostumbrados a la guerra, pero sobre todo caballeros a la antigua usanza, no como en otros frentes y en conflictos posteriores.

El Batallón blindado de reconocimiento, tenía como misión informar o evitar un posible flanqueo de los británicos, por lo que aquello se convirtió en una guerra de movimientos, un mortífero juego del gato y el ratón.

Una tarde, en el Cuartel de Von Luck se recibió por radio un comunicado inglés:

“Hola, aquí los Royal Dragoons, sabemos que no es usual que nos dirijamos a ustedes, pero hace un tiempo que hemos perdido contacto con el teniente Smith y su grupo de reconocimiento ¿están con ustedes?”

Von Luck ordenó contestar:

´´Sí, son prisioneros de nosotros. Todos están bien. Mandan recuerdos para sus familiares y amigos”

A partir de ahí, todos los días a las cinco de la tarde, se cruzaban mensajes por radio entre ambos bandos, preguntándose cómo estaban los prisioneros, cómo iba la guerra, etc.

Von Luck decretó entonces el cese de hostilidades a partir de las cinco de la tarde, la que fue llamada  “tregua del té”, para que los hombres pudieran encender hogueras y calentarse ya que en el desierto las temperaturas bajan a bajo cero por la noche, sin temor a ser atacados.

Otro día, una patrulla alemana apareció con un oficial británico y su conductor, que habían sido capturados. Cuando fueron presentados ante Von Luck, este se percató rápidamente de que se trataba de un aristócrata inglés. Además, resultó que su padre era el dueño de una de las tabacaleras más famosas del mundo. Como andaban escasos de cigarrillos, Von Luck pensó en canjear a ambos hombres por cajas de tabaco.

-¿Cuántos cigarrillos cree que vale usted?-preguntó al inglés.

-Al menos un millón, señor-respondió este.

El mensaje fue transmitido al bando enemigo: cambiarían a los prisioneros por un millón de cigarrillos. Estos, tras un rato de espera, contestaron: “Nuestras existencias se encuentran menguadas, solo podemos darles seiscientos mil”

Von Luck aceptó el ofrecimiento y se lo comunicó al oficial inglés. Ante su sorpresa, este se negó: “Yo valgo un millón, señor, ni uno menos”. El trato se rompió y el orgulloso oficial ingles continuó siendo prisionero.

Tras la guerra, Hans Von Luck, escribió un libro con sus memorias llamado Panzer Kommander, muy recomendable. Ha sido leído por amigos y enemigos. Además es apreciado y querido por antiguos comandantes aliados, que se precian de tenerlo como amigo.

Hombres que cumplían con su deber, pero sin desollar a sus enemigos vencidos. Von Luck, al igual que Rommel, eran soldados, no asesinos. Hombres que se complacían tocando el piano o escuchando a Bach, a la vez que combatían y luchaban por su patria.

Pertenecían a un mundo que ya no existe.

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