martes 21/9/21

Occidente da la espalda a Afganistán

Afganos (1)

La icónica imagen del general de brigada estadounidense, Christopher T. Donahue, embarcando en la bodega del avión de transporte de tropas norteamericano es, sin duda alguna, el epílogo de una claudicación y una maldita rendición hace meses anunciada. Pese al intento de honorificar la retirada militar, lamentablemente anticipada, es la escenificación de la impotencia y, lo que es peor, del abandono del pueblo afgano a una desgraciada existencia. No hay honra y, menos aún, honorabilidad. Pero para ser justos hay que señalar que la deshonra es compartida por todas las naciones del occidente cultural.

Veinte años de ocupación, de intervención y ayuda internacional han sido neutralizados, en apenas dos semanas, por el autoproclamado Emirato Islámico de Afganistán, es decir, por la horda fundamentalista terrorista de los talibanes. Es lamentable, vergonzoso y sonrojante el estado en el que se queda el país al que se acudió a socorrer, proteger y defender. La ley islámica, la Sharia, en la peor de sus versiones, se implanta a sangre y fuego de manera incontestable para someter, sojuzgar, aniquilar y subyugar al pueblo afgano.

Como ser humano, como hombre civilizado y como cristiano,  me siento profundamente avergonzado de las escenas que nos han servido los diferentes medios de comunicación durante las últimas semanas. Miles de personas, aterrorizadas y desesperadas, se agolpaban y amontonaban, poniendo en gravísimo riesgo sus vidas, esperando ser rescatados del infierno que se les venía encima. El recuerdo de hechos similares vividos con la caída de Saigón, Ho Chi Minh en vietnamita, el 30 de abril de 1975, se repetían de una manera espantosa y verdaderamente escalofriante.

Ahora el panorama es más sombrío que en 2001. La noche de los tiempos se cierne sobre Afganistán y la oscuridad, pese a las nuevas tecnologías, impondrá su fúnebre crespón sobre un pueblo abandonado y maltratado injustamente. ¿Qué esperanza pueden tener los afganos? ¿Qué puede hacer Occidente ante el genocidio que se avecina? ¿Hay futuro en aquellas desérticas y estériles tierras? La contestación es evidente, ninguna oportunidad de presente y un aciago porvenir es lo que se puede vislumbrar de toda esta hecatombe, carnicería, ruina y catástrofe humanitaria.

La involución cultural impuesta por el fundamentalismo islámico, radical, xenófobo, homofóbico y cruelmente machista, es el verdadero Apocalipsis que ya se sufre en aquellos parajes abandonados por Occidente. El éxodo, la destrucción, la ruina, la miseria y la esclavitud son el particular Holocausto –“La Gran Catástrofe” para los judíos- que se está padeciendo y que se padecerá aún más en el futuro.

Los talibanes, que ahora quieren minimizar su imagen aterradora y criminal, son más poderosos que en el 2001. Más fuertes internamente y más fuertes externamente, desafían al mundo avanzado con su incontestable triunfo militar. Por si fuera poco, han encontrado, como interlocutores y “aliados” interesados en su éxito, a chinos, rusos y paquistaníes.

Se sienten más seguros, más capaces de subsistir y responder a cualquier amenaza que, desde el exterior, pueda plantearse. Una vez más, los fríos cálculos geopolíticos del “mundo avanzado” han fallado en su diagnóstico, en su pronóstico y en su tratamiento. Triunfa, sin paliativos, el “eje del mal”. Y es que hoy, más que ayer, Occidente se encuentra gravemente amenazado y en situación de riesgo.

Oriente Próximo y Oriente Medio es un gigantesco polvorín. Lo ocurrido en Afganistán tendrá gravísimas consecuencias en el difícil equilibrio de fuerzas en la zona, pero también la repercusión será muy seria para seguridad del mundo avanzado. No podemos olvidar la cercanía física del mundo islámico, hacerlo sería de necios e irresponsables.

El Sahel, verdadero escondite del yihaidismo, está apenas a unos cientos de kilómetros de nuestras fronteras y, más cerca aún está el Magreb –“lugar por donde se pone el sol”, en árabe-. Marruecos, Libia, Mauritania, Argelia y Túnez están tocándonos con los dedos. Esto por la costa noroeste del Mediterráneo, en la zona oriental de la frontera europea la amenaza integrista no es menos tranquilizadora. Israel es la puerta de contención ante el empuje de la amenaza integrista y  Turquía, muy poco fiable y desafiante ante las exigencias europeas, es presuntamente un Estado laico, social, democrático y de derecho, pero de esencia cultural islámica. Siria, Egipto, Jordania, Irán, Irak y Arabia Saudita son vecinos muy incómodos y demasiado cercanos.

Así pues, el ejemplo de lo ocurrido en Afganistán ejercerá una influencia muy importante entre las diversas marcas del fundamentalismo islámico, dentro y fuera del mundo avanzado. Por otro lado, tendremos que estar alertas a las potenciales amenazas del terrorismo de las células islámicas infiltradas dentro de nuestros territorios. En definitiva, en el mundo actual hay aldeas globales que pueden influir a escala planetaria. El terror también es un fenómeno aquejado de la globalización. Quien lo quiera negar es un completo ignorante, o un demagogo inconsciente o, simplemente, un cantamañanas insensato.

Hoy la esperanza para muchos afganos se centra en la feroz resistencia de Ahmad Masud, más conocido como Al “Simba del norte”, hijo del “león de Panshir, Ahmad Shad Masud, asesinado en 2001 por la red Al Qaida. Refugiado, a más de cien kilómetros de Kabul, en el valle del Panshir, se propone plantar batalla a los talibanes, como ya lo hiciera heroicamente su padre, declarado Héroe Nacional por el anterior gobierno de Abd El Hamid Karzai.

A él ha sumado su voz el ex vicepresidente de la extinta República Islámica Afgana, Amrrullah Saleh. Ambos han llamado a la resistencia de sus compatriotas y –según sus propias palabras- han hecho un llamamiento de petición de ayuda a todos los “amigos de la libertad”.  A día de hoy, sobre el terreno, solamente ellos están dispuestos a empuñar sus armas para evitar el régimen de terror que aspiran a instalar los “nuevos” talibanes. Poca cosa es, pero un halo de luz alumbra la desesperación de millones de compatriotas que, indefensos y aterrados, esperan una ayuda internacional que, hoy por hoy, no llegará.

El nuevo líder talibán y Jefe del Emirato Islámico de Afganistán, Haibatulá Ajundzada, pretende engañar a la opinión pública mundial con sus mensajes conciliadores, con su postureo mediático y su escondido propósito. Líder de los terroristas islámicos,  tras la muerte el 21 de mayo de 2016 de Akhtar Mohamad Mansur, es la versión corregida y “mejorada” del horror talibán.

Nada bueno cabe esperar y nada hay que hablar con estos genocidas y asesinos. No seamos cándidos ni gazmoños o mojigatos. Pese a su deseo de presentarse como un santurrón, detrás de esa imagen ¿amable?, hay un despiadado deseo de someter a su pueblo a la sanguinaria dictadura del terror de la Sharia islámica. Occidente no puede permanecer al margen de tamaño genocidio. No podemos ni debemos dar la espalda al pueblo afgano. Del futuro de Afganistán depende buena parte de la paz y la seguridad mundial, no les quepa la menor duda.

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