jueves 27/1/22

El pasado sábado tenía lugar en San Sebastián, sin ningún tipo de recato ni respeto alguno hacia las víctimas del terrorismo de la banda criminal ETA, la marcha en defensa y a favor del acercamiento de los presos etarras a las cáceles vascas.

La convocatoria, hecha por la red  de apoyo a los presos de ETA (Sare) –una de las plataformas de reivindicativas y  más activas de la banda de asesinos-, contó con el apoyo, no ya de los sindicatos y formaciones abertzales habituales, sino con la presencia de representantes del PNV, Podemos, UGT y, llegados desde Cataluña como paladines de la defensa de la libertad de expresión frente al estado español, de destacados dirigentes de ERC y PxCat. Oriol Junqueras, Josep Rull o Raúl Romeva destacaron especialmente en la teatralización de lo que representan los apoyos que el gobierno de Pedro Sánchez recibe  para, sin escrúpulos ni prejuicios, apoltronarse en la Moncloa y sacar adelante todas sus iniciativas de gobierno. Ahora tocan los Presupuestos Generales del Estado, mañana Dios dirá.

De lo acontecido por la avenida de la Concha y el boulevard de Donosti,  quedan instantáneas que deberán estar presentes por siempre en la memoria colectiva de todos los españoles. Los allí convocados y partícipes representan lo más execrable y deleznable del arco parlamentario nacional y regional vasco y catalán. Todos estos partidos comparten un mismo objetivo, la aniquilación del estado español y con él, el de la monarquía en España. Lo peor de todo, si es que puede haber algo peor, es que se reclamaba el acercamiento de los asesinos condenados por crímenes de sangre y extorsión al pueblo vasco.

No era una reunión en defensa de la independencia del país Vasco, ni tan siquiera para reclamar el derecho a su propia soberanía, algo asumible y aceptable desde la perspectiva del Estado Social, Democrático y de Derecho en el que vivimos, es que se hizo una vergonzosa y repugnante apología del terrorismo perpetrado durante décadas. Es decir, una incitación al odio, a la violencia y a la xenofobia por cuestión ideológica. La memoria, la dignidad y la justicia para las víctimas se convertían en papel mojado y en una burla al imperio de la ley, legítima y constitucionalmente establecido en nuestra Carta Magna y en el código penal.

La burla y la altanería demostrada, la chulería y el desafío soberbio exhibido, la arrogancia y la prepotencia mostrada, es un insulto para los que murieron víctimas del odio, para las miles de familias cuyas vidas fueron arruinadas, para los centenares de heridos de vidas mutiladas, para los cientos de miles de españoles extorsionados por los secuaces del símbolo del hacha y la serpiente, para tantísimos españoles que tuvieron que marcharse de la tierra que les vio nacer y, por supuesto, para tantísimos compatriotas que han visto y siguen viendo vista comprometida su existencia en aquella tierra española, tan española como cualquier otra región de nuestra Patria.

No estoy dispuesto, al menos a nivel personal, a callar, guardar silencio y dejar de expresar mi más enérgica condena y repulsa hacia el gobierno del todavía Reino de España. Es una ignominia,  una profanación  de la verdad, una infamia y un oprobio hacia los perseguidos, asesinados y condenados a una vida de dolor y sombra, por parte de los que empuñaron la pistola y jalean y homenajean a estos criminales juzgados y condenados.

Pero de igual modo, convertidos en sus cómplices, por atender a sus imperativos e intolerantes exigencias, a todos aquellos que les permiten su descaro e insulto, con sus negociaciones y claudicaciones,  ante su permanente afrenta.

Yo acuso al gobierno de Pedro Sánchez de ser un gobierno felón, acuso a la formación Podemos, que también participa del ejecutivo de Moncloa, al Partido Nacionalista Vasco por su “generosa comprensión” hacia los asesinos de manos tintadas en sangre, a la UGT del País Vasco y a cuantas organizaciones participaron en la “marcha del odio”, de enaltecimiento del terrorismo, de deshonrar a las víctimas, de difamar a las asociaciones de víctimas del terrorismo y de calumniar a los que frente a ellos estamos.

Es verdaderamente lacerante y sangrante el daño causado durante esta convocatoria en nombre del rencor, la saña y el encono hacia los inocentes. Es inadmisible y de todo punto intolerable.

 “Paso a paso en el camino a casa” –rezaba en eusquera el lema de la convocatoria-. Y es que, queridos lectores, el guión y la narración de lo ocurrido, está ocurriendo y ocurrirá en el futuro está siendo escrito por esta gentuza. Desde el 1 de octubre, la gestión de las cárceles vascas está en manos del gobierno antiespañol de Ajuria-Enea, o lo que es lo mismo, en manos de los nazionalistas que el sábado jalearon consignas a favor de los presos vascos, Esto nos llevará a asistir a escenas todavía más hirientes, más contundentes, como son la excarcelación de los asesinos, la concesión de permisos y todo tipo de ventajas carcelarias a estos falos gudaris.

Por su parte, el acercamiento masivo de los reos criminales al País Vasco está siendo un elogio a la locura y al narcisismo presidencial. Más de doscientos genocidas han sido beneficiados de la rendición y la compra de apoyos por parte de nuestro “ilustre” presidente  ante las impenitentes e impúdicas reclamaciones de los biduetarras y sus primos catalanes.

Toda una farsa que merece mi condena, rechazo, denuncia y que espero, Dios mediante, pase factura al bello Don Pedro. Ojalá las urnas le den un escarmiento como merece, quiera Dios, pero sobre todo los españoles, que los votos le manden a casa con el recado de que en España, la mofa y el pisotear a las víctimas del terror, tiene su escarmiento y su justa recompensa.

 Hoy, como ayer y como siempre, mi pulso no temblará, ni mi voz se quebrará, a la hora de defender la Memoria, la Dignidad y la Justicia de las víctimas.

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