miércoles 3/3/21

Anormalidad Democrática

Congreso_de_los_Diputados

          Mucho se viene hablando de la normalidad democrática en España durante las últimas semanas. A algunos de les llena el papo criticando los vicios, defectos e imperfecciones de nuestro actual modelo de Estado Social Democrático y de Derecho reconocido en nuestra Carta Magna. Ya sabemos que la perfección no existe, que siempre hay ovejas negras en el rebaño y manzanas podridas en el lagar. Afirmar lo contario es faltar a la verdad, ejercer la demagogia como arma política y tergiversar la autenticidad de los hechos probados. De acuerdo, es así y no tiene justificación ni excusa posible.

La corrupción, el tráfico de influencias, la desatención de servicios básicos, el despilfarro, la deuda contraída por la incapacidad y la irresponsabilidad de nuestros gobernantes, el déficit de nuestras arcas públicas, el paro descontrolado y galopante, y tantísimas cosas más son inmorales, inaceptables , vergonzosas, irritantes y merecedoras de duras sanciones, cárcel o cualquier otra pena establecida por nuestro ordenamiento jurídico.

          A partir de esta reflexión en la que todos estaremos más o menos conformes, me parece indigno, innoble, rastrero, vil, despreciable y abyecto criticar un sistema como el que disfrutamos y también padecemos, desde posiciones comunistas bolivarianas del más puro estilo castrista. Hay que tener la cara de cemento armado para presentar los paraísos chavistas o comunistas como el Edén de la felicidad y el desarrollo, como un modelo de referencia de justicia, libertad y desarrollo económico. Pablo Iglesias, con su tonito moralista tan prudente, elogia y exalta los logros de esas naciones que se encuentran sometidas a la miseria, el sufrimiento y el atraso más flagrante que se pueda encontrar en el mapa político mundial.

La bajeza moral incuestionable, su servilismo –bien gratificado y financiado- es una anormalidad democrática y una afrenta a todos los que le escuchamos sus bravatas y soflamas revolucionarias. Este adulador paniaguado por los regímenes totalitarios que alaba, enaltece y publicita, no vive como piensa, piensa como vive. Se ha convertido en el jefe de la nueva casta política, aquella que tanto despreciaba y aborrecía. De Vallecas a Galapagar, con coche oficial, sueldo capitalista, servicio doméstico pagado de aquella manera y protección. ¡¡Viva la revolución camaradas!! ¡¡Arriba parias de la Tierra!!

          Esta si es una anormalidad democrática, un comunista capitalista. Manda guevos que dijera Federico Trillo. Todo es teatrillo barato y cutre, sin gusto ni gracia. Con aspecto impropio para un ministro que representa a los intereses nacionales, se pasea con su coleta y pendientes por la escena política. Todo apariencia y palabrería de charlatán de feria, jaleando a tomar las calles, deshaciéndose en piropos a los enemigos de nuestra Patria –independentistas, republicanos recalcitrantes, nazionalistas radicales, anti sistema, anti fascistas y anti la madre que los parió-, deshonrando nuestra historia, dinamitando la convivencia social con sus discursos apocalípticos.

Eso sí, vestido a la última moda perro flauta, levanta el puño en cada ocasión que se tercia. Esto sí es una anormalidad democrática,  una irregularidad y un anomalía en el contexto de las naciones más avanzadas.

          Siempre he visto imágenes de balseros cubanos huyendo a los Estados Unidos, pero no he visto a norteamericanos queriendo entrar en Cuba; en las hemerotecas se guardan millones de fotografías de alemanes huyendo y saltando el muro de Berlín desde la parte oriental, pero no hay materiales gráficos de nadie que quisiera huir hacia la zona oriental; de su amada Venezuela , maltratada y deshecha  por el ínclito Nicolás Maduro, se ofrece información de miles de personas que intentan entrar en Colombia, buscando huir del Jardín de las Delicias en que se ha convertido el país, pero no hay colombianos que quieran disfrutar de los aromas del régimen putrefacto de Caracas; de Corea del Norte, nación caracterizada por sus libertades y respeto a los derechos humanos, intentan salir aquellos que no quieren seguir viviendo tanta riqueza y lujo, quieren saborear la austeridad de Corea del Sur, tan atrasada y desafortunada, pero no ocurre al contrario con los sureños, ellos prefieren su pobreza y miseria social; a España, tan poco atractiva y subdesarrollada –según el infame vicepresidente- llegan gentes procedentes de todos los continentes, por cualquier medio y a riesgo de perder la vida.

Supongo que será por que nuestra nación es un infierno en la Tierra. Podría seguir citando ejemplos, pero ya resulta aburrido. Defender aquellas tierras bienaventuradas, tocadas por los dioses, pero gobernadas por tiranos, como modelo de nirvana y Valhalla es ignominioso, malintencionado, engañoso y terriblemente perverso. Esta sí es una anomalía democrática.

          Somos referencia a escala planetaria, como dijera Leire Pajín en la época del sonriente insolente de José Luis Rodríguez Zapatero. Somos, por nuestro ejecutivo, un caso único en el seno de las democracias avanzadas. En ninguna de ellas hay comunistas de hoz y martillo, ni chavistas convencidos y declarados. Tan es así nuestra particular singularidad que nos han pedido la receta para aplicar nuestros métodos a sus actuaciones gubernativas,  brillantes, envidiables y codiciadas por su anacronismo, estilo obsoleto, extemporáneo y marcadamente reaccionario.

A hurtadillas, con admiración contenida, nos miran como ejemplo de camino a seguir para la conquista del futuro. Nada más alejado de la realidad, la tropa que dirige nuestros destinos genera recelo, desconfianza y descrédito ante nuestros socios comunitarios, que nada tienen que ver con comunistas, y es que la ceguera política, la escasa altura de miras y la falta de perspectiva nos lleva por el camino de la perdición, que en nuestro caso no es ninguna película. ¿Es esto normalidad democrática? A mi me parece lo contario, una perversión, una depravación y un desenfreno alocado de un obsceno frenesí de incompetentes, sin talante ni talento, y un despropósito de consecuencias bíblicas.

          ¿Qué les parecen las algaradas, las barricadas, los desordenes públicos, el saqueo de comercios, la destrucción de entidades bancarias, los destrozos del mobiliario urbano, los ataques cobardes y criminales a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado? ¿Esta es la normalidad ensalzada y bendecida por los podemitas y comunistas? ¿Es éste el sistema alternativo al pérfido y alienante sistema capitalista que proponen?

Pues qué quieren que les diga, que se vayan a platicar y practicar su tolerancia a los paraísos soñados del Caribe, pero que antes paguen las facturas de sus manifestaciones pacíficas en nombre de la tolerancia. Esa sí sería una buena respuesta auténticamente democrática. En tanto, seguiremos padeciendo a Pablo Iglesias y sus acólitos, a los palmeros de Moncloa y a los energúmenos, bárbaros y cavernícolas en nuestras calles y plazas, campando a sus anchas con la aquiescencia de la pareja, Pedro y Pablo, y toda su corte de tronchamulas y corifeos que dirigen nuestra tragedia democrática. Todo un ejemplo de anormalidad sin parangón.

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