lunes 30/11/20

La armonía: Esa actitud ausente en el liderazgo actual

lorenzo
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El liderazgo lleva consigo el conocimiento y la demostración de muchas aptitudes, aunque sin duda alguna, por lo que más se reconocen y se admiran a las personas que ejercen un liderazgo de valor es por sus actitudes, sus valores, y su ejemplo. Una de esas actitudes es la armonía. ¿Sorprendente, verdad? Pues sí, la armonía es una actitud. Y para que a alguien se le considere líder, antes tiene que demostrarlo, porque mandar manda cualquiera, sin embargo, liderar, sólo quien antepone el beneficio común al suyo propio.

Si existe algún momento para devolver su valor a la palabra armonía, precisamente sería este, en el que el impacto sanitario de la pandemia y sus devastadoras consecuencias económicas se instalan de manera implacable en nuestra sociedad, por lo cual esto no va ni de partidos, ni de colores, ya que es algo que nos afecta e incumbe a todos.

Armonía, teniendo en cuenta su significado, sería el equilibrio, proporción y correspondencia adecuada ente las diferentes cosas de un conjunto, al igual que la relación de paz, concordia y entendimiento entre dos o más personas. Y aquí es donde quiero llegar, porque si lo leemos detenidamente, estamos en un momento en que esa armonía tan necesaria, está en absoluta decadencia, y no desde ahora, si no desde hace mucho tiempo atrás.

Tal vez antes no habíamos caído en la cuenta. De hecho, ¿a quién se le pasa de manera habitual la palabra armonía por la cabeza? Casi, casi, es un término vintage. Y la verdad es que es una lástima, ya que nunca aplicar su significado ha tenido más sentido que ahora, ni se había echado tanto de menos, precisamente porque cada uno de nosotros, de manera individual, o grupal, siempre hemos tenido objetivos diferentes por los que apostar, y que requerían de un cierto egoísmo que en un momento tan complicado como el actual no tiene justificación. Y no tiene justificación porque ahora el objetivo debería ser común a todos. Un momento como éste demanda a gritos armonía de manera continua y sin excusas ni justificaciones personales de ningún tipo.

No se trata de que todos estemos de acuerdo en todo con los demás, eso es algo imposible como personas únicas y originales que somos cada una de nosotras. Sin embargo, y lo que está al alcance de todos es el de dar una tregua a nuestra voluntad incansable de querer imponer nuestros criterios por encima de cualquier cosa, sin importarnos nada más que lo que suceda alrededor de nuestro propio ombligo, porque esto es algo que no tiene ningún tipo de armonía.

La armonía necesita que apliquemos unos valores mínimos y ejemplares, como son la educación, el respeto y la tolerancia, y que encontremos en nuestras lógicas diferencias un motivo común por el que luchar, un objetivo que alcanzar, y en este caso concreto, un enemigo al que batir. Aunque pueda parecer una quimera, sólo de ese modo, y con mucha armonía tendremos opciones de continuar adelante de la mejor manera posible, porque el desgaste que estamos sufriendo a todos los niveles no debemos ni olvidarlo ni ocultarlo, ya que ese sería el principal elemento motivador que deberíamos tener para impulsarnos. Los que no están aquí, y quienes bien a nivel sanitario, o económico, lo están padeciendo, no merecen otra cosa que no sea que todos los que seguimos aquí aparquemos por un momento el egoísmo, y hagamos un ejercicio de demostración real de liderazgo, con el entendimiento y armonía que eso conlleva.

Solamente entendiendo de manera sincera y no impostada, que hoy en día el objetivo es común a cada uno de nosotros, será cuando descubramos que la forma más efectiva de afrontar la situación, y conseguir superarla, será aplicando armonía en nuestra vida, sin que eso signifique que todos tengamos que pensar ni ser iguales, porque si de algo huye la armonía es de la imposición de un pensamiento común. Tal vez por eso el motivo de su decadencia actual.

La armonía se construye cuando decidimos colaborar aparcando nuestras diferencias, y dejamos a un lado la fácil tentación de engañar, amenazar, ignorar y ningunear a los demás. Quienes sólo se preocupan por su interés particular, no pueden aportar ningún tipo de armonía, ni hoy, ni nunca.

Por eso, desde aquí, a quien corresponda, quiera tomar nota, y demostrar liderazgo de manera real, le digo que por ceder alguna vez no pasa nada, no se es más débil, si no más inteligente. Contar con los demás no significa renunciar a unos principios, al contrario, se refuerzan aún más por el propio hecho de solicitar ayuda y colaboración.

Dejar por un momento de intentar tenerlo todo controlado, personas incluidas, es la mayor demostración de fortaleza, porque ese es el resultado de saber el significado de la palabra armonía, y de querer aplicarla de manera continua, porque para salir de esta situación, necesitamos trabajar juntos y unidos, ya que solamente de ese modo seremos capaces de afrontar este gigante y complicado desafío que tenemos por delante, y que por egoístas estrategias particulares no deberíamos hacer más grande.

 

José Lorenzo Moreno López

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