martes 27/7/21

El aprendizaje que nos dejan las personas complicadas

Estoy escribiendo este artículo sabiendo que puede llegar a sorprenderte lo que vas a empezar a leer. Incluso tal vez, al principio, por las experiencias que has vivido no lo entiendas del todo. Si me permites, voy a continuar. Estoy convencido, o eso espero, de que cuando llegues al final, si lo haces, tu percepción habrá cambiado bastante

Adolescentes
Adolescentes. Fuente: José Lorenzo Moreno López

Una pregunta: ¿Has tenido, o tienes que relacionarte en tu día a día, bien sea en el ámbito profesional o personal con personas de trato especialmente difícil o complicado para ti? Si la respuesta es que si, y recalco el matiz de “para ti”, te doy mi más sincera enhorabuena. ¿Te he sorprendido, ¿verdad? Ya te lo he dicho al principio.

Que las personas somos como somos es una obviedad de primer nivel, por eso, nuestras relaciones con aquellas que son especialmente difíciles para nosotros, deberían basarse fundamentalmente en olvidarnos de cómo se comportan ellas, y centrarse completamente a la forma en la que nosotros reaccionamos ante su forma de ser.

¿Qué suele ocurrir? Muy sencillo. Pues que en lugar de aceptarlas como son y gestionarlas de ese modo, nos vemos, o creemos estar, en la necesidad y obligación de intentar cambiarlas para que sean ellas las que se adapten a nosotros, y a la visión que tenemos de cómo hacer las cosas, a la vez que colmamos cada una de sus acciones de juicios de valor, olvidándonos inmediatamente de que, tal vez, esas personas tienen algún valor que aportar, y que permanece en el olvido porque no les damos el permiso de demostrarlo, ni dedicamos tiempo a intentar descubrirlo.

Si vamos más allá, y aunque pueda parecer una chaladura, asegurar que las personas difíciles o complicadas no existen, no lo es tanto. Lo que de verdad falta es la empatía necesaria para entender que cada persona es como es, y que somos nosotros quienes tenemos que tener la voluntad necesaria para ajustar nuestras reacciones a esa máxima. Si lo hiciésemos más a menudo, todas esas frustraciones que vivimos tan a menudo, y que vienen dadas por querer que todo el mundo sea igual, y se comporte como nosotros, quedarían absolutamente en el olvido.

Una vez entendemos que cada persona es única, y por tanto, también su comportamiento, estamos aprendiendo a gestionarlas, y descubriendo cosas sobre nosotros mismos, porque si hay algún aprendizaje realmente valioso es aquel que encontramos cuando tenemos que relacionarnos con ese tipo de personas difíciles para nosotros, ya que son ellas las que nos invitan de manera continua a mejorar todas nuestras habilidades en el ámbito de las relaciones, y también en el de las emociones, algo que va irremediablemente unido. Si lo vemos de manera positiva, lo que en un momento puede llegar a ser un obstáculo casi insalvable, se convierte en una experiencia totalmente aplicable en situaciones futuras.

Aunque el día a día va muy deprisa, si hacemos el ejercicio de no quedarnos con la primera impresión, ni con los elementos negativos que parece tener cada persona que se cruza en nuestro camino, o con ese aspecto más difícil que creemos encontrar cuando las cosas se tuercen, o no salen como nosotros esperamos, descubriremos que, más allá de una situación puntual, se esconde la mayor actitud que podemos adoptar, y es la de cómo reaccionamos ante ellas.

Todas las personas con las que nos cruzamos y relacionamos día a día, llevan dentro de ellas un maestro que nos invita con sus enseñanzas a ser nuestra mejor versión. Ese maestro, a veces, puede parecer muy áspero, rudo y exigente, aunque cuando descubrimos que sus enseñanzas están encaminadas a nuestro desarrollo y crecimiento, entendemos que sus lecciones son las más valiosas que podremos encontrar.

Después de esto, y como te he dicho al principio, estoy seguro de que tu percepción sobre las personas habrá cambiado bastante. Y si no lo ha hecho, es porque cada uno somos como somos. ¿Lo ves?

 

José Lorenzo Moreno López

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