lunes 20/9/21

Vacunarse por poder

lacaci

En estos días pasados hemos asistido a una de las noticias que más sonrojo e indignación nos ha producido a muchos y eso que, de hechos indignantes, por desgracia, ya venimos muy bien servidos.

La noticia en cuestión es la que se refiere a que varios responsables políticos y otros cargos públicos se han pasado por el arco del triunfo la estrategia de vacunación contra la COVID-19, aprobada por Sanidad. Tal estrategia deja bien clara cómo se debe proceder para el suministro de la tan esperada y necesitada vacuna para intentar frenar a una de las pandemias más graves de la historia de la humanidad. Las fases y los criterios que se han establecido no dejan lugar a dudas: primero debe vacunarse a los grupos prioritarios, siendo estos los residentes y personal de centros de mayores, así como los grandes dependientes.

Pues bien, mientras que el suministro de dichas vacunas sigue llegando en España a cuentagotas y se intenta que esta primera fase se vaya completando a un mayor ritmo del que se está realizando, un puñado de sinvergüenzas, aprovechados y sin escrúpulos, se han creído con el poder para saltarse dicha fase, aunque ninguno de ellos puede vacunarse dentro de ella, puesto que no les corresponde al no estar dentro del grupo prioritario.

Llegados a este punto es cuando sale a la superficie otra de las miserias que todos estos míseros políticos y cargos públicos de medio pelo ocultan en el interior de su alma podrida, quienes son capaces de anteponer su interés por encima, incluso, de la salud de los demás, se trate de la salud de nonagenarios internos en residencias de ancianos, se trate de la salud de personal sanitario quienes se juegan día a día la suya propia para atender a aquellos, o se trate de la salud de cualquier persona con un grado de alta dependencia. En definitiva, los que abusan de su poder, frente a los colectivos más vulnerables.

Nuestra sociedad estaba ya bastante acostumbrada a las inmoralidades y acciones delictivas que realizan, de continuo, una parte de los responsables políticos. Me refiero a hechos de corrupción política, cohecho, prevaricación, tráfico de influencias, malversación de caudales públicos, etc. Por hechos como los anteriormente citados, la sociedad civil se viene apartando, cada vez con más rabia y determinación, de esos supuestos servidores públicos, simplemente, porque los ven (los vemos) como unos personajes siniestros e inmorales que se sirven del pueblo en beneficio propio.

Pero, siendo grave lo que antecede, el hecho de “vacunarse por poder” (vacunarse, por sus cojones o por sus ovarios, en definitiva), significa la mayor transgresión a la que hemos asistido por parte de estos sinvergüenzas, no sólo por transgredir las normas, la ley, sino por demostrar falta de ética y de moral.

Visualicemos, por un momento, la siguiente situación: una señora octogenaria sube al interior de un autobús de su ciudad. La señora, apenas puede mantenerse en pie. Junto a la señora sube también una persona mucho más joven que ella, quien viendo que hay un único asiento libre decide pasar por delante suyo y sentarse en dicho asiento. Pues, ahora, visualicen esa misma situación, pero cambiando el autobús por una residencia o un hospital, y el asiento vacío, por una dosis de vacuna contra un virus, en ocasiones mortal.

La señora (o el señor) mayor a quienes no se le administre la vacuna, podrá, en efecto, morir. El señor (o la señora) joven, quienes, por su poder, decidan que les suministren dicha vacuna, podrán sobrevivir, a costa de vidas mucho más vulnerables que las suyas. Lo anterior sólo puede tener un nombre: inmoralidad. Y, por supuesto, muchos apellidos: sinvergüenzas, mezquinos, insolidarios, corruptos, egoístas, irresponsables…

Sirva este escrito para mostrar mi total rechazo y desprecio, como denuncia pública, ante todos aquellos quienes no pudiéndose aún vacunar han decidido vacunarse por poder. Un poder que, por otro lado, nadie les ha otorgado. El único poder que otorgamos a estos sinvergüenzas es para servir a la sociedad con responsabilidad y lealtad, acciones que, una vez más, brillaron por su ausencia.

Perdonen que me haya expresado con tanta bilis (no acostumbro a ello), pero me ha removido demasiado por dentro.

 

Comentarios