jueves 09.07.2020

La historia de amor de los ánsares

Uno de los más hermosos espectáculos de la naturaleza

Paradójicamente, ahora que los fríos se han adueñado de los paisajes ibéricos, hierven muchos humedales españoles. "Hierven" de vida las lagunas y marismas.

Centenares de miles de aves acuáticas llenan estos días los pantanales españoles y, entre todas ellas, hay sin duda unas que destacan. Ahora, en el corazón del invierno, su ruidoso e inconfundible parloteo inunda -generando una mágica atmósfera- muchos aguazales.

Son los ánsares comunes. Unas aves que, adivinando instintivamente que la nieves y los hielos iban a hacerles imposible subsistir en el duro invierno de países como Suecia, Noruega y otros, emprendieron hace meses su otoñal viaje al sur. Acercándose a nosotros. Y es que, por fríos que nos parezcan los inviernos aquí, en la Península Ibérica, no son nada para lo que son en los países de los que proceden de estos gansos salvajes que ahora nos acompañan. Nada son nuestros fríos para los de aquellos ríos, lagos y marismas perdidos entre los bosques, taigas y tundras del gélido septentrión.

Así que los ánsares, tras volar de día y de noche, atravesando Europa, en una singladura de miles de kilómetros, fueron llegando a nuestro país en grandes bandadas para pasar aquí la estación fría.

Los censos oscilan entre unos años y otros, pero son decenas de miles (se han contado a veces bastante más de 100.000 aves). Entidades como SEO BirdLife se encargan de censarlos todos los años, como hacen con otras aves acuáticas que escogen España para la invernada. Laborioso trabajo que tiene la compensación de andar por los campos, mañanas y tardes, en la compañía de la Naturaleza.

Un porcentaje notable de los ánsares que vienen a España eligen para pasar el invierno, sobre todo, lugares como Doñana, en Andalucía, o como las lagunas de Villafáfila o La Nava , entre otras, en Castilla y León. Pero otros muchos se diseminan por infinidad de lugares propicios de diferentes puntos de la geografía ibérica, como algunos enclaves extremeños.

Buscan, para alimentarse, entre otras posibilidades, el rizoma de la castañuela, planta que crece en torno a las zonas encharcadizas. Para digerirla se ayudan de la ingestión de arena, en zonas como las dunas de Doñana, donde ornitólogos como los de SEO-BirdLife organizan actividades para presenciarlo cuando estas aves llegan al área.

Han de nutrirse bien estas aves grandes, como de 80 centímetros de longitud y unos 4 kilos de peso.

Pero no vienen aquí solo a comer y a protegerse de los temibles gigantes del hielo nórdico. No. También vienen a amar.

Sí, a amar. Y es que es aquí, en el más templado sur, donde estas aves desarrollan lo que los etólogos (los estudiosos del comportamiento animal) bautizaron como "la ceremonia del triunfo". Parte de un ceremonial de celo que viene a ser casi como el sellado de un vínculo matrimonial que, según comentaba en su día el doctor Félix Rodriguez de la Fuente -de cuya voz lo escuche por vez primera hace ya mucho (aún me parece oirla)- los unirá no solo de por vida sino, incluso, más allá de la muerte. Ya que se dice que estas aves, si muere uno de los dos miembros de la pareja, el superviviente no volverá a emparejarse jamás.

Y que muera uno de los dos miembros de la pareja no ha venido siendo cosa extraña en España donde se les ha cazado por miles , a veces muy bárbaramente, en lugares como las Marismas del Guadalquivir.

Aún siguen viniendo año tras año, pero para garantizar que siga haciéndolo y por responsabilidad para con los otros países donde estas aves nacieron y a donde volverán para criar cuando finalice el invierno, los españoles tenemos que esforzarnos en conservar estas aves y los ecosistemas de los que dependen, frente a amenazas como las desecaciones, la contaminación, la sobre-caza, etc.

Quiera Dios que esta hermosa historia de amor que los ánsares dibujan con sus alas entre el norte y el sur de Europa siga por siempre.

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