jueves 18.07.2019

La agricultura ecológica podría y debería alimentar a toda la Humanidad

Una de las excusas que siempre se han puesto por parte de los Gobiernos para no apoyar más la expansión de la agricultura ecológica es decir que esta es menos productiva que la agricultura convencional. Que con pesticidas y fertilizantes artificiales son imprescindibles para tener un suficiente nivel de producción. Sin embargo, esto podría no ser más que un mito.

Agricultura ecológica. | GTRES
Agricultura ecológica. | GTRES

Una amplia investigación de la Universidad de Berkeley en los Estados Unidos y que ha sido recientemente publicada, echa por tierra esos argumentos. Sus autores manifiestan que solo con tomar una serie de medidas muy simples, que los gobiernos deberían acometer, la agricultura ecológica podría convertirse en una competitiva alternativa para la producción de alimentos frente a la agricultura industrial. Más aún, la agricultura ecológica no es solo una "opción", sino que su potenciación es una imperiosa necesidad.

"La agricultura ejerce hoy una gran presión sobre la biodiversidad, los suelos, las aguas y la atmósfera y esa presión se exacerbará si continúan las actuales tendencias de crecimiento de la población, consumo de carne y energía y consumo de alimentos. De modo que es una necesidad crítica disponer de sistemas agrícolas que sean a la vez altamente productivos y que minimicen los daños ambientales", dice el estudio.

El estudio es el más amplio y completo que se ha hecho hasta ahora sobre la cuestión. Compara 115 investigaciones científicas realizadas en todo el mundo. Tres veces más que las revisiones de estudios realizadas hasta ahora. Y sus conclusiones son claras: no existe tanta diferencia en la productividad entre la agricultura ecológica y la convencional. La agricultura sin pesticidas y fertilizantes artificiales, y sin transgénicos entre otras cosas, es mucho más productiva de lo que se pensaba. Si toda la agricultura del planeta fuese ecológica podría alimentar sobradamente a la creciente población mundial.

Como dice Claire Kremen, una de las responsables del estudio "con las crecientes necesidades alimentarias mundiales previstas para los próximos 50 años, es fundamental prestar más atención a la agricultura ecológica ya que, aparte del impacto que sobre el medio ambiente causa la agricultura industrial, es un hecho que la capacidad de los fertilizantes sintéticos para aumentar los rendimientos de los cultivos ha decrecido". No solo eso, sino que estos fertilizantes sintéticos, como también pasa con los pesticidas, han envenenado muchas masas de agua subterránea a lo largo y ancho del mundo.

La investigación de Berkeley, basada en esa gran cantidad de estudios que comparaban la productividad de la agricultura ecológica con la de la convencional  establece que no hay casi diferencia alguna en el caso de algunos cultivos como frijoles, guisantes o lentejas. Para el conjunto de los cultivos, de media, la diferencia de productividad que se aprecia en la gran cantidad de estudios consultados, es de solo un 19% de menor productividad en la agricultura ecológica. Mucho menos que en las estimaciones anteriores, basadas en menos estudios. Pero es que, además, en realidad, la diferencia de productividad entre lo ecológico y lo convencional puede reducirse más, según los científicos de Berkeley, con la introducción de una serie de técnicas sencillas que, además, tendrían otros beneficios, aparte de incrementar la productividad. Son técnicas contrastadas sobradamente como la mera introducción de cultivos múltiples y la rotación de cultivos. Los cultivos múltiples podrían reducir esa diferencia un 9% nada menos y la rotación de cultivos un 8% al aplicarse en cultivos ecológicos. Así que la diferencia quedaría ya solo en cerca de un 10% o menos.

Los cultivos múltiples, además de incrementar la productividad, y enriquecer la tierra con nutrientes, servirían para reducir el riesgo de problemas que se ceban especialmente en los monocultivos, como sucede con las plagas, sin necesidad de echar mano de pesticidas. Lo mismo pasa con la rotación de cultivos que, al alternar sobre una misma superficie cultivos con diferentes necesidades evitan el agotamiento de los suelos y hace que las posibles plagas tengan más difícil establecerse.

Kremel comenta que "con un mínimo de apoyo a la investigación en agroecología los sistemas de manejo de la agricultura ecológica podrían mejorar enormemente los rendimientos" reduciendo cualquier posible diferencia de productividad con la convencional a cero en diferentes tipos de cultivo.

En fin, que a la larga, y teniendo en cuenta hechos como que los sistemas convencionales están perdiendo eficacia y empobreciendo los suelos, y por ello los rendimientos en muchas zonas, es evidente que en términos de productividad no hay tanta.

Pero es que, además, las posibles diferencias de productividad pueden ser mucho menores, ya que, como apuntan los investigadores de Berkeley, una buena parte de los estudios comparativos que se han venido realizando (y que ellos, pese a todo, han incluido en su revisión) pecan de un descarado sesgo a favor de la agricultura convencional.

Por último, y aún en el caso de que la productividad fuese algo mayor en la agricultura convencional, el estudio de Berkeley plantea algunos datos que podrían llevar a cuestionarse: ¿es que acaso es racional tal culto a la productividad? Porque es un hecho que en el mundo se producen más alimentos de los que podrían alimentar a la Humanidad.

Si pensamos en Europa, por ejemplo, lo que hay hoy en día, y desde hace mucho tiempo, es un problema de excedentes. Es decir, que hay demasiada producción. Y si pensamos incluso en los países en vías de desarrollo en donde pueden darse situaciones de hambrunas, la FAO dice que en muchas zonas del mundo "se producen suficientes alimentos para satisfacer las necesidades de todos sus habitantes. El problema central del hambre no es la falta de alimentos, sino las dificultades que los más pobres enfrentan para poder acceder a ellos". Algo que muchos expertos asocian en parte al esquema agro-industrial convencional que se ha impuesto y que debería ser sustituido por un sistema agroalimentario diferente, más justo, más cercano a las personas y basado en la agro-ecología, tal y como, en consonancia con los autores del estudio de Berkeley, llevan mucho tiempo defendiendo expertos como Olivier De Schutter Relator Especial de las Naciones Unidas sobre el Derecho a la Alimentación.

En el mismo sentido van informes como el de la Evaluación Internacional de la Ciencia y la Tecnologia Agrícola para el Desarrollo (IAASTD)  que se publicó en 2008 con apoyo de entidades como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la Organización Mundial de la Salud, el Banco Mundial y otras entidades. Informe que defendía que se potenciase la agricultura ecológica.

Además, a hechos como los antes citados acerca de la productividad de los cultivos ecológicos (y el hecho de que además no empobrezcan los suelos) podrían sumarse acaso otros aspectos, como el hecho de que los productos ecológicos puedan ser más nutritivos que los convencionales, tal y como muestran muchos estudios, por lo que eso también compensaría otro porcentaje de cualquier posible diferencia de productividad con los convencionales. La Humanidad estaría mejor nutrida, según estos datos, con alimentos que contendrían más sustancias beneficiosas y menos sustancias perjudiciales, como los residuos de pesticidas.

Otros datos publicados llevan a cuestionarse hasta qué punto ciertas formas de "productividad" son realmente rentables. Son datos que hablan del elevado coste que para el agricultor representan los fertilizantes y pesticidas o que se cuestionan la rentabilidad de primar la cantidad sobre la calidad, empobrecer los suelos, contaminar las aguas, colaborar con la pérdida de diversidad biológica,... y otros aspectos. Por ejemplo, los datos que asocian el uso de ciertos pesticidas con la reducción de las poblaciones de insectos polinizadores, han llevado a estimaciones de pérdidas económicas astronómicas para la agricultura, ya que esos insectos son claves para la productividad de buena parte de los cultivos más rentables. Del mismo modo, algunos expertos piden que se computen costes ocultos de la agricultura convencional como el que tendría, por ejemplo, si es que fuese posible, limpiar los acuíferos contaminados o el coste de las enfermedades y problemas sanitarios que causan los pesticidas. estos expertos creen que si se incluyesen esos y otros costes, la competitividad de la agricultura ecológica comparada con la convencional quedaría mucho más de manifiesto.

Las encuestas realizadas, como ha sucedido con el Eurobarómetro de la UE, muestran que la gente, si pudiera, preferiría comer productos ecológicos y sin residuos de pesticidas. El principal obstáculo es frecuentemente el precio. Precio que, tal y como se comenta en los informes del sector, se abarataría si los gobiernos del mundo apoyasen la expansión de la agricultura ecológica resueltamente, con lo que, al crecer las economías de escala, los productos ecológicos costarían como los convencionales o menos.

 EL ESTUDIO ES:

Lauren C. Ponisio, Leithen K. M'Gonigle, Kevi C. Mace, Jenny Palomino, Perry de Valpine, Claire Kremen. Diversification practices reduce organic to conventional yield gap. Proceedings of the Royal Society B (2014). DOI: 10.1098/rspb.2014.1396.

La agricultura ecológica podría y debería alimentar a toda la Humanidad
Comentarios