martes 13/4/21

Estrella Digital

Mi vocación marinera. La vuelta al mundo del primer velero español en el siglo XX, el licor 43. Mi barco el Libertad

El mar es la libertad, sin límites, solo el horizonte infinito.

      De vocación, como isleño y liberal, he sido siempre un gran aficionado al mar tanto es así como ya en 1970 disponíamos de un ático en palma de Mallorca, que nos cedió mi suegro y de una barca que tenía en Santa Ponça( cala en la que se situaba el campamento del Frente de Juventudes, unas tiendas bajo los pinos en las dunas, de una cala sin ni un solo chalet, con una antigua casa de campo, a la que nos acercábamos a robarle frutas) en un pequeñ0 caló, a su entrada, al lado de la Cruz, que recordaba el desembarco de Jaime I en 1232, que luego se transformó en Club Náutico.

    Entonces dejaba la barca encima las rocas. cogía los toletes y los remos, y hasta el año que viene. Eso si el viajar a Mallorca en dos coches y con cuatro hijos y el servicio era una autentica peregrinación. Los coches se subían al barco con bolsas y no te los entregaban hasta el día siguiente, en el muelle de Porto-Pi con un calor terrible. Mi mujer con los niños se iba al ático que le había dejado su padre en la C/Jesús (carretera del cementerio).! Florentino, comprueba las maletas y revisa que funcione el agua, ¡la luz y las descargas de los wáteres! La casa tenía una hermosa terraza, pero al no poder ir más que una vez al año, la humedad de Mallorca deterioraba todas las persianas, pintura etc., y me obligaba a ir en pos de fontaneros, electricistas, etc. Por si fuera poco, había que visitar a la familia, mis padres, tíos y demás, y al regresar vuelta a empezar a despedirse. No eran propiamente vacaciones, demasiadas obligaciones, por eso cuando pude, vendimos la casa y compramos la casa en Jávea, que descubrimos tenía un paisaje similar a Mallorca e Ibiza (emersiones de la Penibética), adonde podíamos llegar en coche, aunque entonces no había autopista, sino hasta Gandía, El tramo de carretera nacional que pasaba por Oliva, a veces nos llevaba un par de horas para menos de 30 km. Tuve que llevar al ministro de Fomento mi amigo Joaquín Garrigues Walker al atasco de Oliva, para que impulsara terminar la autopista desde Gandía a Alicante. Una vez deshecho el tapón, solo nos quedó el tramo desde Honrubia a Madrid, al desviar la autopista a Albacete por la autopista de Valencia, sigue siendo hoy el principal problema, ya que la autopista a Albacete, por la carretera paralela a la de Andalucía es de peaje, y son cerca de cincuenta km más.

       Antes en 1966, habíamos veraneado ya, en una casa de campo de mi familia en Felanitx y después, en un hotel en Camp de Mar, ya con la barca en 1972, con la que pesqué una lubina de buen tamaño. Ese mismo año y a mi amigo italiano Mario Mutti le había hecho una campaña de promoción, de unas barcas que fabricaba en Oliva (Silentcraft), la promoción la hice en Madrid en el Molino de la Hoz en un pequeño lago del rio Guadarrama, en la carretera del Escorial, con un folleto en el que incluí una foto de mi hija Alicia con la lubina de marras. Le compre una motora y un barco de vela de seis metros y medio, que compartí con un amigo Javier Salas, con el que luego veranee en Camp de Mar, el siguiente año en Cala San Vicente a la que lleve el barco y el siguiente en la Ria de Arosa en la Puebla del Caramiñal.

      Como fueron jornadas muy azarosas, decidí venderle mi parte a Javier y en 1975 compré un nuevo barco de vela, un Nantuckett Clipper, de 32 pies y dos palos (mayor y mesana), a la vez que me compraba una casa en Jávea (Alicante), al que puse por nombre “Libertad” que luego, años después, apareció en una canción de José Luis Perales. Habida cuenta que nuestro emblema, en el Partido Liberal en 1976 fue una Gaviota, que después de muchas vueltas, ha acabado en el PP, la canción describe mi deseo de libertad en el mar. Este barco con el que llegue a ir a Ibiza con amigos y fue mi mayor disfrute de los veranos, tanto veleando como pescando, hasta que ya un poco mayor para la vela compre un “Llaud” de 43 pies y dos motores al que denomine REL (raíz en mallorquín), en 2002, que ha sido también objeto de goce y sobre todo de pesca al curricán, hasta que se prohibió la pesca del atún pequeño. El REL fue mi barco en los Mariners de Rotary, en todos los viajes que hicimos sobre todo a Ibiza y a Tabarca. Lo revendí en 2017, entre otras cosas por los impuestos, y el alto coste del Club Náutico de Jávea y que no te dejaban pescar atunes, expuesto a multas por la Guardia civil.

          En 1982, inicie mi participación en regatas de altura, como armador con la construcción del velero Licor 43, que participó en la Withbread 82, con Joaquín Coello y Javier Vidal, lo construyo Bazán en Cartagena, y después de haber hecho pruebas con la maqueta en el canal de experiencias de Madrid, conseguí terminarlo a precio fijo y determinado. La idea es que debía ser muy plano por debajo, con una gran orza, pero desde el mismo día de la botadura, me subí y determiné que le iba a ser difícil arribar al viento. Era más, para vientos portantes, para los “Roaring forties” del Indico Sur. Llegó el penúltimo, pero fue soporte de una campaña de publicidad en televisión española “A toda vela con Licor 43”, con lo que su utilidad fue manifiesta, pues en el 82 se prohibieron las campañas de alcoholes de más de 41 grados, consiguiendo publicidad por unos años más. Hice un Libro Blanco sobre Náutica Deportiva y lo presentamos en todos los clubs náuticos de toda España.

   Sobre El LICOR 43 en la Withbread Round the World Race, se ha escrito recientemente el 03/09/2017 por thornadoweb 0 4117. El Licor 43 fue el penúltimo entre los 20 que regresaron a Portsmouth. Tardaron ocho días más que el ganador, el holandés Flyer. Pero todos estaban orgullosos de su histórica vuelta al mundo. En el “paleolítico” de la vela en España, 14 marineros se atrevieron en 1981 a lo que nadie había hecho: ser el primer barco español en dar la vuelta al mundo en la Withbread Round the World Race, hoy Volvo Ocean Race, en su tercera edición. No obstante, los ‘hispanos’ pioneros en la competición fueron Enrique Vidal Paz a bordo del B&B Italia, y Enrique Zulueta a bordo del Great Britain II en el año 1977, la segunda edición de la Withbread. Pero participar con un barco diseñado y construido en España y con una tripulación nacional fue el mérito de estos pioneros. Eran 10 hombres, entre los que cambiaba uno en cada etapa. Al patrón y alma del proyecto, Joaquín Coello, se unieron Jordi Brufau, Jacinto Criado, Francisco Fernández, Tomás Gallart, Santiago García-Gascón, Antonio Guiu, Sotero Gutiérrez, José Mora, Fernando Muñoz, Joaquín Quero, Juan Ramos, Rafael Tibau y Luis Vial y de Vial.

     Aquel Licor 43 fue uno de los primeros grandes patrocinios en el deporte español. Fue el ingeniero naval Joaquín Coello, quien a la postre sería co-diseñador con Javier Vidal y patrón de la embarcación, el que convenció a los directivos de la empresa cartagenera Diego Zamora y Emilio Restoy Zamora a través de Bernardo Rabassa para invertir en esta arriesgada aventura. “Fue un poco casual”, recuerda Joaquín Coello; “yo trabajaba en Empresa Nacional Bazán, con astillero en Cartagena, y Licor 43 tenía la sede allí. Yo diseñé el barco [de 43 pies, 13 metros] y se construyó en Cartagena con velas americanas y palo francés. La experiencia fue épica”.

     Ayudó, que Coello había sido nombrado Mejor Deportista Náutico en 1978 tras cubrir en solitario la travesía del Atlántico. A su estela se formó una tripulación procedente de toda España a través de unas pruebas de selección. Sobre todo, de Cataluña y Alicante, y también de Galicia, Santander… “Éramos amateurs. Uno era ingeniero, marino mercante, arquitecto, perito…”, cuenta Nando Muñoz, el médico, además de fotógrafo y escritor a bordo. Hubo incluso alguien que se mareó a bordo y se deshidrató. Portsmouth-Ciudad del Cabo-Auckland-Mar del Plata-Portsmouth. Cuatro etapas y 27.000 millas. 29 veleros tomaron la salida, nueve abandonaron. El mérito español fue no retirarse y luchar por alcanzar los puertos de salida mientras otros descansaban en los hoteles. “En la primera etapa ya sabíamos que no podíamos ganar”, cuenta Coello. “Probablemente hicimos un barco demasiado sólido y pesado”, cargado con un tanque para cocinar y beber y la comida para etapas de 45 días. De noche en el Índico, con vientos de 60 nudos, olas de 12 metros y temperaturas cerca de cero grados, sufrieron la primera rotura del palo. El barco tumbó a 150º y casi da la vuelta. La segunda, antes del Cabo de Hornos, fue porque lo habían cortado para meterlo en el avión y no soldó bien. Ya entonces navegaban sin nevera en el barco. Se estropeó y al llegar a Ciudad del Cabo —“todavía con apartheid”, recuerda Nando—, la tiraron porque consumía mucha energía. La avería del frigorífico les obligó a tomar comida enlatada y la carne fresca se estropeó. La utilizaron para pescar… un tiburón de metro y medio.

     “Era aventura pura. Todo eso nos unió y acabamos muy amigos”, cuenta Coello. “Como hermanos”, apunta Tomás Gallart, “eso no pasa ahora. No cobrábamos. Al llegar a puerto teníamos una noche pagada en un hotel que aprovechábamos para estar en la bañera y comer bien. Había entre los barcos una camaradería. Sin radares, nos comunicábamos por radioaficionado para darnos la situación por cuestiones de seguridad”. “Teníamos mesa para comer y hasta camarote. En los barcos se leía y había vino en la mesa [y alguna botella de Licor 43, que exportaba a 40 países]. Había competición, pero ahora se corre mucho más”, rememora Muñoz. Como cámara utilizaba una Bolex a la que tenía que dar cuerda. Con el magnetoscopio para grabar con un cable de 20 metros acabó pronto una ola. Y como médico atendió lesiones en clavículas, antebrazos, muñecas… “Se cayó un tripulante al agua…”. “Yo”, apunta Gallart. “En el Pacífico Sur. Coello llevaba una guardia y yo la otra. Me fui a proa a atar un pequeño génova y una ola se me llevó como una hoja de papel. Quedé fuera pegando golpes en el casco. Salvé la vida porque iba atado”.

    Las anécdotas son incontables. Luis de Vial, el veterano con 64 años, era un hombre muy religioso que los domingos por la mañana escuchaba en un walkman la misa grabada en casetes. Tabacalera les mandaba cartones de cigarrillos a las escalas, sobre todo de Ducados, los más difíciles de conseguir fuera de España. Y la agencia Efe aprovechó el 28 de diciembre para difundir una inocente noticia que muchos medios se creyeron: la tripulación española había descubierto como polizón a una chica de 23 años que subió al barco en Auckland para llegar gratis a Mar del Plata y de ahí seguir a Río de Janeiro para ir al carnaval.

    Y de la broma a la historia de verdad. Era el 2 de abril de 1982 cuando el barco español salía de Mar del Plata… “y Argentina invadió las Malvinas”, comenta Nando Muñoz. “¡Cuando después cruzamos el Canal de la Mancha nos cruzamos con la armada inglesa que iba a reconquistar las Malvinas! Era impresionante. Cruceros, portaaviones. Iban con todo. Al llegar a Portsmouth solo había mujeres y niños”. Coello recuerda “un ambiente muy patriótico, muy nacionalista” en el puerto inglés -la regata era subvencionada por la cerveza Withbread, pero la organizaba la Royal Navy-. Así que el Licor 43 se trajo a España, “por si tenía problemas”, a un tripulante argentino que navegaba en un barco inglés. El Licor 43 fue el penúltimo entre los 20 que regresaron a Portsmouth. Tardaron ocho días más que el ganador, el holandés Flyer. Pero todos estaban orgullosos de su histórica vuelta al mundo.

     Maravillosos recuerdos a mi edad, hoy pues carezco por fin de barco, y de la posibilidad física de patronearlo, por eso lo recuerdo alzando mi copa de wiski Cardhu y bebo con delectación. Eso sí. los últimos 20 años he sido Comodoro de la flota de Madrid de la IYFR (International Yachting Fellowship of Rotarians), después dos años International Commodore of Iberia (España y Portugal), y actualmente soy el responsable de la Campaña Plastic  Free( PFW) y Member of Commitee of Grants del Área 1(Europa, Medio Oriente y África) Mucho navegar alrededor de las islas Baleares en 1995 alrededor de Mallorca desde Jávea,  y en numerosas ocasiones a Ibiza y a Tabarca, con nuestros compañeros Mariners, miembros de las flotas de Madrid y Alicante. Desde hace tres años soy académico de la Real Academia del Mar y miembro de la Real Liga Naval Española. Ahora con la pandemia del Covid 19, solo relaciones a través Internet, y de WhatsApp. Los marinos somos tozudos y solidarios.

 

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