sábado 12/6/21

Historias de mi vida liberal

El lanzamiento de una empresa, para alguien, que no tenía ninguna experiencia debía de haberme parecido, un arco de iglesia, pero la verdad es que no tuve la más mínima duda, buscar un local, que encontré en el barrio de Salamanca en la calle conde de Aranda 5, que hubo que acondicionar con obras, y ponerme a vender servicios similares a los que había vendido en ECO.

En realidad, vendía dos empresas: Bernard Krief consultants for Europe dedicada al marketing en general, y Bernard Krief Motiv solo a Estudios motivacionales con el psiquiatra  Ramon del Portillo. Naturalmente me dediqué más a la primera, donde yo era socio al 25% que la segunda donde solo cobraba comisión. Lo que hizo, que al cabo de un año Ramon cansado de pagar secretaria y gastos comunes, pero sin un solo cliente, decidiera cerrar su empresa.

El problema estaba en la experiencia, que yo debía absorber, de la matriz de Bernard Krief en Paris, para lo que fui invitado a empezar a correr mundo, participando en un seminario en el lago de Genval, cerca de Bruselas y visitando las oficinas a la sazón en Paris, Era sorprendente ver la intensa actividad, desarrollada en Recursos humanos, dedicada a la selección y formación de personal de empresas, que establecí como prioridad para Madrid. Y de hecho mi primer cliente fue una imprenta de artes gráficas, de la calle Tutor. Si esto hubiera continuado así, habría tenido que cerrar, pero inmediatamente, se me encargaron estudios de grandes compañías como Westinghouse y Standard Eléctrica, consiguiendo una facturación, que me permitió coger mis primeros empleados y mantener rápidamente un nivel suficiente para nombrar responsables para los departamentos de Recursos humanos, Promoción de ventas, Marketing y Estudios de Mercado.

Los responsables, los saqué de mis conocidos en los primeros pasos que empezaba a dar en las asociaciones de profesionales. De hecho, un compañero de milicias, Cesar Vacchiano, en quien me apoye, para encargarle el departamento de Estudios de mercado. Una metida de pata suya en un Estudio para la Feeds Grain Council, costó mucho dinero a mi empresa y Bernard Krief quiso echarlo, le destine a dirigir el departamento de Promoción de ventas, pero acabó marchándose y nuestra amistad dejó para él, de tener mucha importancia. Como además soy un terrible ingenuo, todavía lo recuerdo con pena, aunque no hemos dejado de saludarnos, pero esa ya es otra historia. La de los amigos que luego, te la juegan. Me ha ocurrido varias veces.

Hay que decir que tenía ocupados los veranos por las prácticas de alférez en el ejercito que se desarrollaron en la Escuela del Alto Mando del Ejército acompañado por Cesar, primero en Hoyo de Manzanares, después en Campamento, supongo que por influencia de un tío abuelo materno, que era teniente General retirado, aun cuando él nunca me lo dijo, tío Policarpo González Brinquis. Efectivamente, de los hermanos de mi abuelo materno había familia en Madrid, a quienes había visitado de mi llegada, y de quienes había recibido algunas invitaciones a comer, pero ningún apoyo laboral. Uno de los hermanos de mi abuelo Manuel Asenjo, había residido siempre en Madrid, llegando de mensajero a director General de Papelera Española, lo que, si fue, un impulso a mi ambición. Otro tío José, amigo de Franco Tte. coronel de la Legión fusilado por los republicanos, tenía hijos, fueron la familia, a quienes invitar, a los bautizos de mis hijos que fueron llegando seguidamente.

Mi paso por el ejército, fue de lo menos obligado, pues en ninguno de los dos sitios, conseguí dar una sola orden, el primero porque, acaban de cerrar el campamento, pero nos obligaban a subir a Hoyo de Manzanares, todas las mañanas, a recibir unas teóricas clases en el bar donde en realidad se jugaba al mus, y luego a la piscina y el segundo a un destacamento de carros de combate en Campamento, donde el capitán, nos prohibió tocar los carros, me pregunto si sabía algo de arte, y me encargo de buscar unos cuadros, para la decoración del bar.

Al casarme, con mi primer sueldo, cogimos un pequeño apartamento, unos treinta metros cuadrados, en el ático de una casa en la calle Amado Nervo, mucho frio en invierno y calor en el verano, por dar a una gran terraza del edificio. Rápidamente mi mujer Rosario, estuvo embarazada, pero con problemas para retener, lo que fue luego una niña de tan solo seis meses y medio. No había entonces cuidados especiales para estos prematuros, no estaba todavía en la seguridad social y la lleve a una clínica privada; Covesa en la calle Velázquez a una incubadora, sobreviviendo tan solo veinticuatro horas, fue el momento muy duro, en el que recé sin consuelo alguno ni éxito, lo que acabó con mis creencias en un Dios que no te concedía la vida de tu hija, viendo allí su cuerpecillo inerte y diciéndome los enfermeros que ¿que hacíamos? ¡Que desesperación!

Notaba mi alma desgarrándose físicamente, mi mujer sola en la clínica el Parque, y yo enterrando, a mi hijita M.ª Gabriela, en una sepultura temporal de la Almudena, porque para evitar problemas administrativos, que no sabía cómo solucionar, la dimos como aborto, la sepultura se perdió, y no tuve donde ir nunca más. Después vinieron más hijos, Gabriel, Alicia, Margarita Dulce y Bernardo y por si no había sufrido suficiente, con solo cinco años y medio Gabriel murió de lo que parece que fue una meningitis, lo que nos hacía correr por cualquier constipado al hospital más cercano.

De hecho, Alicia, la tercera. con solo un año, fue recuperada in extremis en el Hospital La Paz, en urgencias y después de que nos dieran el peor pronóstico, para una niña que llegó cianótica. No murió por supuesto, pero pasamos las de Caín. Eran momentos de vida familiar tan absolutamente dramáticos, que tenían que forjar un carácter, para el que no me consideraba preparado. La vida es una tragedia, cuando se mezcla con la muerte de tus hijos, por inesperada y por injusta, y de hecho podía haber acabado con mi vida familiar como casi ocurrió, pero eso fue después, y no fue muy ejemplar, y ahora hace tanto tiempo, que me parece irreal, pero cierto como la vida misma. Arrepentirse y seguir haciéndolo todos los días, cuando veo a mi esposa delicada por una cardiopatía isquémica, será algo que solo mi desaparición de este mundo logrará sepultar. Lo que ocurrió en 2018.

Ciertamente, en medio de estas penurias, cualquiera hubiera renunciado a liarse más, pero estas extrañas fuerzas que te impulsan, me llevaron a intentar subir en la carrera, dentro de mis estudios de Psicología, en el viejo caserón de la calle San Bernardo, en el que en la postguerra, se abre paso una psicología científica que es promocionada por un grupo de jóvenes, colaboradores del primer impulsor del Dr. Germain, formados fuera de España: los Doctores Mariano Yela, José Luis Pinillos, Manuel Úbeda, Miguel Siguán, Francisco Secadas, José Forteza, Alfonso Álvarez Villar, yo mismo  y otros.

En 1953 se crea la Escuela de Psicología y Psicotecnia, cuyo primer secretario es Mariano Yela, donde se cursan por primera vez estudios de Psicología con un título reconocido oficialmente. Es una escuela de postgrado con un plan de estudios de dos años, y con tres especialidades: Psicología Clínica, Psicología Industrial y Psicología Pedagógica. Yo elegí esta última, al tiempo que acudía a clases de doctorado, porque era el primer paso para la implantación de una licenciatura en Psicología, que comienza en 1968 como una especialidad de los estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid (hoy Complutense) en el edificio B de Filosofía y Letras. Allí apoyado por Alfonso Álvarez Villar, fui nombrado en primer lugar Profesor de Psicología del Arte, y más tarde de Psicología Social.

Lo que me trae a la memoria, el perfume de la olvidada por antigua, amistad con el dramaturgo Antonio Buero Vallejo y su esposa Victoria, dentro de un selecto grupo de intelectuales, que nos reuníamos en los años 65 a 70 en casa de Alfonso, en el edificio Torres Blancas, cuyas curvas paredes impedían adaptar muebles y cuadros, causando una peculiar sensación. Su pareja, entonces, de la que tenía un hijo, Mary, cuyo padrino era el sociólogo Luis González Seara Director del Instituto de la Opinión Pública, que años después sería Ministro de Educación y Ciencia, nos agasajaba a mí y a mi mujer Rosario y a los pediatras, los Garrido Lestache y allí desarrollábamos unas entretenidas tertulias, de cuyo éxito no era ajena la sabiduría de Buero Vallejo, siempre fumando su pipa, y el conocimiento de la Psicología humana, que empezábamos a desarrollar Alfonso y yo, como discípulo, en la Escuela Superior de Psicología de San Bernardo, que acabamos en Facultad(la caja de cerillas) en la que velé mis primeras armas como profesor.

Alfonso era un volcán de ideas y de lucidez, ayudado por Mary en la Escuela, luego Facultad. Buero, el espejo en que todos nos mirábamos. Alfonso murió en el Clínico, olvidado de todos en 1980, asistido por mi buen amigo Alfonso Ruiz Mateos, hermano del más famoso José M.ª.   Lo importante, empero, era lo que me transmitió Buero Vallejo, mucho mayor que yo, me doblaba en edad, 50 y varios, frente a mis 25. Yo, un niño, nacido con Franco en 1941 en una Mallorca conservadora. Buero con un largo historial, de oposición al Régimen.

Fijó su residencia en Carabanchel Bajo y se hizo socio del Ateneo; publicó dibujos en revistas, pero ya le atraía más la escritura narrativa y, finalmente, la dramática, en la que destacó admirablemente. En los 50, había estrenado fuera de España” La tejedora de sueños, La señal que se espera, Casi un cuento de hadas, Madrugada, Irene, o el tesoro”, “Hoy es fiesta” y su primer drama histórico, “Un soñador para un pueblo”. Empezaron a representarse sus obras en el extranjero, como “Historia de una escalera” de la que he sacado el título de esta autobiografía, en México (marzo de 1950) y “En la ardiente oscuridad” en Santa Bárbara, California (diciembre de 1952). En 1954 se prohibió el estreno de “Aventura en lo gris”. Al año siguiente apareció en el diario Informaciones «Don Homobono», irónico artículo contra la censura. También se prohibió la representación de El puente, de Carlos Gorostiza, cuya versión había realizado Buero. Escribió En el número 1 de la revista Primer Acto apareció el artículo «El teatro de Buero Vallejo visto por Buero Vallejo». Se publicó su ensayo sobre «La tragedia».

En los 60 consiguió estrenar parte de sus obras, a pesar de la censura: “El concierto de San Ovidio”, “Aventura en lo gris”, “El tragaluz” y sus versiones de Hamlet, príncipe de Dinamarca, de Shakespeare y “Madre Coraje y sus hijos”, de Bertolt Brecht. Dirigida por José Tamayo Rivas, estrenó “Las Meninas”, que fue su mayor éxito desde “Historia de una escalera. con su obra en cartel, fue una representación de gran éxito en los 65-70, que le abrió el camino a ser el dramaturgo más exitoso de la España de Franco. Todavía faltaban casi quince años para la muerte del dictador, que el llego a ver y a superar en veinticinco años, en el 2000.

De forma, que podemos decir que en esos casi cinco años de relativa convivencia, pude alternar, con su inteligencia sutil y aprender de su maravillosa concepción de la prosa y el verso todos los contenidos, que harían de mí ya no solo un psicólogo estudioso del Psicodrama con Jacobo Moreno, y con Anne Ancelin-Schützenberger, y por tanto experto en grupos de discusión, lo que pude aplicar, con notable éxito a publicidad y el marketing, dando a luz en 1967 a mi libro “Psicotecnología publicitaria” traducido al alemán y publicado por la Sauer Verlag, y más tarde a mis “Libros Blancos” de los que desarrollaría cinco o seis al año. Por tanto, de él, aprendí además del contenido, la técnica de ser capaz de reproducir en drama, el psicoanálisis que a mi vez practicaba, con Ramon del Portillo, mi otro maestro, además de Alfonso Álvarez Villar, en ese rebuscar en el fondo de la psique humana, y en su aplicación a materias, que me han permitido vivir con soltura hasta mi jubilación.

Ha sido necesario “recordar” a Buero, para poder hoy interpretar las razones que orientaron mi carrera profesional. Pero hubo algo más, me hizo ateneísta, republicano y liberal, antes de mi adscripción, a través de Salvador de Madariaga en 1968 a la Internacional Liberal. Yo no había sido represaliado, pero el valor y el mérito de su ejemplo, me llevaron a su lado.

Aún hay algo más. “Historia de una escalera”, que obtuvo en 1948 el premio Lope de Vega, es posiblemente una de las obras más importantes del teatro de esta época, por su carácter trágico, y por la denuncia de las condiciones sociales de vida. La obra causó gran impacto por su realismo y contenido social. En ella plantea la imposibilidad de algunos individuos de mejorar materialmente debido a la situación social y a la falta de voluntad. Lo que es justo lo contrario, de la escalera de la vida en la que, si se había desarrollado, y llegado hasta casi el final.

A mí, consecuentemente, me produjo el despertar de mi ambición que desarrollo en estas líneas: La vida es una escalera, de la que se desconocen los tramos, Ni siquiera los pisos, que vamos a tener que subir y conocer. Es más, ni siquiera sabemos o recordamos como empezamos a subirla, pues los años borran el recuerdo. Algunas impresiones nos quedan, borrosas, difuminadas, probablemente falsas, pues nos hemos pasado la vida reconstruyéndola, para que nuestro yo, se sienta cómodo, satisfecho de sí mismo, con un extenso curriculum de los tramos recorridos, no olvidados en su esencia, pero si en la imagen que de ellos tenemos, siempre autojustificándonos, en evitación de la realidad, que es lo único cierto, aunque imposible de conocer, pues esta tiene tantas aristas como personajes, la contemplan.

Perdí, en los 70 mi habitual relación con Buero, pero algo de su personalidad y amistad, quedó entrañablemente en mi ser, ayudándome en mi carrera por la vida. Agradecerlo, pasado el tiempo es obligado. Desde el 2000. Descansa en paz amigo mío.

Mis relaciones con el mundo de la Psicología y de la Medicina, hicieron ampliar mis amistades, incluyendo el mundo de la empresa, comenzando a dar conferencias, a través de Alfredo Insua Negrao, en diversas asociaciones de directivos. Tenían la ventaja de ser pagadas, además de ayudarme a conocer España. Mi pertenencia a ESOMAR asociación europea de estudios de mercado y de opinión que celebraba sus congresos en el extranjero en el mes de septiembre, me permitió conocer además de Francia, Holanda, Alemania, Finlandia, Portugal(Alfredo Esteves Belo) y la antigua Yugoeslavia( Fedor Rocco y Julije Drasinover). Me asocie con estos últimos países, trabajando varios años en ellos, hasta 1984, conectando con múltiples personalidades, que serían también un de los caminos de mi vida, que me han llevado a dominar doce idiomas, además de suscitarme la vocación por la internacionalización, que más adelante me permitirá valorar una etapa influyente de mi vida, por su intensidad y productividad.

En esos años, ingresé como miembro, en el Instituto de la Opinión Publica que dirigía Luis González Seara (muerto a los 80 años en 2016 y con quien seguí manteniendo relaciones a lo largo de los años de la Transición) y en el Instituto de la Publicidad dirigido por Ignacio de la Mota. Luis también llegó a lo alto de la escalera, pues fue ministro de Educación y Ciencia con la UCD, después de entrar en el partido socialdemócrata de Paco Fernández Ordoñez, como lo hizo Luis Gamir, que me sustituyo en Alicante cuando no quise ser diputado de la UCD. Dejo a su primera esposa con la que le conocí en casa de Alfonso Álvarez Villar, y se casó con la musa de la UCD Carmela García Moreno. Un día vino a verme en mi despacho, no recuerdo para qué, pero si la anécdota de que yo llevaba un Rolex de oro, que no dejó de mirar, poniéndome nervioso. Participo también conmigo en el Seminario del Paular en el que distinguidos Sociólogos y economistas (Murillo, Jiménez Blanco, Velarde, Diez Nicolás. López Cepero, Jorge Miquel, Trinidad, Orizo o yo como Psicólogo Social, creamos las bases de la Sociología científica en España, convocados por el Instituto de la Opinión Publica y su director Alejandro Muñoz Alonso, que más tarde fue Senador del PP, durante quince años hasta su muerte a los 82 en 2016.

Todos habiendo llegado a lo más alto de la escalera y buenos amigos, en este particular sector de mis actividades.

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