sábado 12/6/21

Historias de mi vida liberal. Xuetas y catalanes (Dos formas de vidas diversas)

En un capítulo anterior hablé de Xuetes, referido al apellido Fuster de dos hermanos que dirigían la empresa Eco, en la que trabajé a mi llegada a Madrid, pero también de catalanes, dado mi paso por Barcelona en su Universidad Central, de la que me marché escopeteado en 1962, en busca de un Madrid liberal, que desconocía por completo, pues jamás la había visitado. Creo que vale la pena, dedicarles un capítulo a ambos temas, pues he convivido con Xuetes y catalanes. De hecho, escribí un artículo en la Ultima Hora de Palma de Mallorca diciendo “Todos somos Xuetes” aunque mi familia, cuya genealogía tengo hasta 1450, no lo fuera. Barcelona, fue sede filial de mi empresa Consultores para Europa Bernard Krief, la visitaba todas las semanas con el puente aéreo, y tenía magníficos clientes y amigos como Rafael Puig, mi delegado a quien aprecio, como buen amigo. Mi hermano Manuel vive allí con su familia ya numerosa. Tendría también, que escribir un artículo bajo el título “Todos somos catalanes”.

Los “Xuetes” teóricamente judíos conversos, por lo que han sufrido de persecución y escarnio, de los otros mallorquines cristianos viejos, eran y son, un modelo y una historia que imitar, por el contrario. Hasta finales del siglo XIV la iglesia mallorquina destinó importantes esfuerzos a la conversión de los judíos, pero sus éxitos tuvieron un carácter anecdótico y sin consecuencias sobre la estructura social. Esta situación se vería trastocada a partir de 1391, con el asalto a las juderías, las predicaciones de San Vicente Ferrer en 1413, y la conversión de los restos de la comunidad judía de Mallorca, en 1435. Estos acontecimientos crearon situaciones de riesgo y peligro colectivo, por las cuales se produjeron las conversiones en masa que dieron lugar al fenómeno social de los conversos, pues habiendo sido objetos de varios pogromos en 1391 el virrey decretaría su expulsión de las islas, con lo que cuando se quiso echar con los Reyes Católicos a los judíos de España, en Mallorca se declaró que no existían judíos.

Más tarde, en el S.XVII y XVIII, la inquisición del convento de Sto. Domingo intervino en 1677, con cuatro años de retraso. La Suprema Inquisición, ordenó a la mallorquina actuar sobre el caso denominado; de la confesión de las criadas. En las mismas fechas los observantes, como se autodenominaban, en referencia a la observancia de la Ley de Moisés, se reunían en un huerto de la ciudad donde celebraban el Yom Kipur (día del perdón). Se procedió a la detención de uno de los líderes de la comunidad criptojudía de Mallorca, Pere Onofre Cortés, alias Moixina, amo de una de las criadas y propietario del huerto, junto con cinco personas más. A partir de aquí se procede a detener, en el lapso de un año, a 237 personas. Ayudados por funcionarios corruptos, los acusados pudieron acordar sus confesiones, dar una información limitada y sólo denunciar el mínimo de correligionarios posible. Todos los acusados solicitaron el retorno a la iglesia y, por lo tanto, fueron reconciliados. Una parte de la pena consistió en la confiscación de todos los bienes de los condenados, que fueron valorados en dos millones de libras mallorquinas las cuales, por las normas inquisitoriales, se debían ingresar en moneda circulante. Se trataba de una cantidad exorbitante (654 toneladas de plata) y, según una protesta del Gran i General Consell de Mallorca, no había tanto numerario en toda la isla. ​ Finalmente en la primavera de 1679 se celebraron cinco Autos de fe, el primero de los cuales fue precedido por la destrucción, y siembra de sal, del huerto donde se reunían los conversos.

En ellos se pronunció sentencia condenatoria contra 221 conversos, ante de una multitud expectante. Después, los que tenían condena de prisión, serían llevados a cumplir la pena, en las nuevas prisiones que había edificado la Inquisición con los bienes confiscados. ​ Los procesos se prolongaron durante tres años, con un estricto régimen de aislamiento que evitó cualquier componenda, cosa que, junto con una percepción de derrota religiosa por la imposibilidad de escapar, debilitó la cohesión del grupo. El año 1691 la Inquisición, en cuatro autos de fe, condenó a ochenta y ocho personas; de estas, 45 fueron relajadas: 5 quemadas en estatua, 3 sus huesos y 37 efectivamente asesinadas. De estas últimas, tres (Rafel Valls y los hermanos Rafel Benet y Caterina Tarongí) quemados vivos. Lo presenciaron treinta mil personas, y se expusieron en las paredes del convento los sambenitos que concernían a Los apellidos considerados chuetas: Aguiló, Bonnín, Cortés, Fuster, Martí, Miró, Picó, Pinya/Piña, Pomar, Segura, Tarongí, Valentí, Valleriola y Valls, que ya en el Siglo XIX y XX no pudieron quitarse de encima la persecución y los insultos del resto de los mallorquines. Las cremaciones tuvieron lugar en la plaza Gomila en El Terreno, donde estaba una famosa discoteca: Titos, Centro del turismo de Palma donde ya no se recuerda este hecho.

Hay que decir que, ya en 1391, aterrados por el pogromo, los judíos acudieron a cientos, a bautizarse en la catedral, eran tantos, que utilizaron baldes con agua bendita, y fueron apadrinados por nobles mallorquines, que les cedieron sus apellidos, con lo que no solo eran descendientes de judíos, sino que tal vez ni siquiera lo fueran, lo que me hizo escribir años después un artículo en el periódico “Ultima Hora” de Palma de Mallorca, titulado, “Todos somos chuetas”. Esta resistencia al racismo, debo decir que forjó en gran parte mi carácter, incapaz de aceptar injusticias como la que había llevado a ese pueblo a los campos de exterminio nazi. No podía entender como no se rebelaban e iban como corderos al sacrificio, es más tuve ocasión de ver como a mis compañeros de colegio, Instituto y Magisterio se les hacia el “abuso” lo que hoy llamaríamos “bullying”. Años después visitando Israel, comprendí algo de su compleja personalidad, derivada de la continua persecución. Los judíos Sefardíes tiene nacionalidad española, son diferentes, pero son nuestros hermanos.

Respecto al hecho diferencial catalán ya hace ya  años, mientras meditaba sobre lo aprendido, en llegando a Madrid, procedente de la Universidad de Barcelona, ha ocurrido toda esa locura creciente, a la que nos han llevado los separatistas , hasta que en 2017  me dejaron tan perplejo, como la conducta del Presidente Puigdemont, en el colmo de la improvisación, jugando todo el tiempo de farol, aunque con capacidad de movilización de los soberanistas o independentistas, el pasado 1º de octubre 2017, hizo que votaran en un referéndum ilegal, pues la Constitución de 1978, hace que la territorialidad sea sujeto de una consulta previa a todos los españoles, y de una votación en el Parlamento nacional, ganada por mayoría de dos tercios.

Solo entonces, y con mayorías cualificadas de más del 65%, puede decidir el Parlamento catalán realizar un referéndum sobre el total de su electorado territorial de autonomía. Hacer el referéndum por las buenas, con la excusa de la democracia, permitiría a cualquier territorio o agrupación de ellos o a una ciudad o provincia independizarse, como ocurrió en la 1ª Republica. Lo convocó, a sabiendas que era ilegal, atrayendo a sus masas archiconvencidas(unos dos millones sobre cinco y medio que pueden votar), y encima se prevalió de tener policía autonómica, para obligar al Estado Español al intento, frustrado de recoger urnas y expulsar votantes, el uso medido de la fuerza que, se entendió como una agresión al pueblo catalán, cuando solo lo era  a una parte y limitada, que además desde hace años había obligado a los catalanes que se sentían españoles a esconderse, a no lucir la bandera para no ser tildados de fachas, a no rotular en castellano y a dar una enseñanza sectaria a las nuevas generaciones, falsificando la historia a través de un victimismo falso.

España nos roba es rotundamente falso. Cataluña siempre se benefició de su lobby en Madrid, para imponer aranceles que facilitaron la venta de sus productos en toda la península, desde el S.XIX hasta 1959, en que se produjo la liberalización, en tiempos de Franco, al que me gustaría referirme más adelante. Puigdemont y los suyos se las verán con la justicia por sedición y rebelión y esto puede durar años, pero de momento ha producido una reacción de símbolo contrario que ha llenado, calles y plazas de millones de banderas nacionales, que, por primera vez desde la muerte del dictador, se entendieron, que estaban por encima de él, y que han devenido el símbolo de la monarquía constitucional y que supusieron, más de un millón de votos para Ciudadanos en diciembre 2017.

Me es difícil entender el porqué de esa preocupación, pues no tengo intereses en Cataluña, y creo que ver hundirse una ilusión, por virtual que esta pudiera ser, y contemplar la decepción, de una parte, de los catalanes que habían creído firmemente que su separación de España seria, para bien. En la base de esta creencia esta la agresión, el deseo de matar psicológicamente, a quienes se cree culpables de la propia situación.        

Estábamos ante el desafío del referéndum ilegal del 1º Oct, y había que preguntarse ¿Por qué ese deseo de independencia, escraches y ataques al Estado, a la Guardia civil y a Madrid? Los catalanes independentistas odiaban a España desde siempre, lo que demuestra lo emocional y lo irracional de su actitud, específicamente del Gobierno Catalán, como en su día y en la Republica lo hicieran Izquierda Republicana con Luis Companys y los anarquistas, hoy asimilables a Junts per el Si y a la CUP, especialmente violentos, a pesar de que mantienen la tesis de que son manifestaciones pacíficas, especialmente en las Asociaciones ANC y Ómnium. ¡Y decían que se trataba de ejercer la democracia!

Es el regreso a la España cantonal, a los Reinos de Taifas, en definitiva, al desmembramiento de nuestro Estado Moderno, con más cuarenta años sin guerras, naturalmente, en buena parte, culpa del propio Estado que no ha vigilado que la educación, la Comunicación y la información y la prevalencia de una lengua sobre la otra formaran parte de un destino común, con sus peculiaridades, pero sin rupturas, ni violencias.

Lo emocional de lo catalán, estriba en que los independentistas se sienten superiores no solo a los españoles, sino incluso a sus hermanos, el Reino de Valencia y las Islas Baleares, todos ellos herederos de una lengua común, la lengua de OC proveniente del retorromano, que se extendía desde Génova hasta la Marca Hispánica en época Carolingia, y que aunada en el Reino de Aragón por Jaime I el Conquistador, dio vida al Reino de Valencia, al Reino de Mallorca y dentro de la corona de Aragón, al Condado de Barcelona.

Esta lengua nos hace diferentes al resto de los españoles, pues soy mallorquín de origen desde 1232, pero no mejores. Por el contrario, el imperio español, especialmente la conquista de América se debió, sobre todo a Castilla, mientras los catalano-aragoneses se dedicaban más al Mediterráneo. Además, el catalán no es único, existe el valenciano y el mallorquín (Diccionario de Costa y Llobera, Moll y Sanchis Guarner) en el que trabajé haciendo fichas. Soy Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona, pero en cuanto acabé la carrera, como he dicho antes, salí de allí escopeteado hacia el Madrid que no conocía, pues Barcelona, a la que he visitado una vez a la semana durante 40 años, no era un buen sitio para vivir, para un charnego de las Islas (su colonia en el Mediterráneo, para los independentistas)

El profesor José María Gay de Liébana, recientemente ha analizado en 'Herrera en COPE’ las claves económicas al día de hoy, que desmienten las ventajas de Madrid sobre Cataluña. Black Friday, campana de salida para semanas consumistas en versión online y menos furor… Empero, el tema, Don Carlos, es, resumiendo, si Madrid está emparentada con Islas Caimán, al haberla tildado de paraíso fiscal. El reverso: si Cataluña es un infierno fiscal. El debate es si en Madrid se pagan poco impuestos. Primer apunte referente al PIB: en 2019, en Madrid sumó 239.878 millones de euros y en Cataluña 236.739 millones, con un PIB per cápita de 35.876€ en Madrid y de 31.110€ en Cataluña. La deuda total de Madrid es de 33.469 millones (14% s/PIB) y la de Cataluña 79.054 millones (33,4% s/PIB). La deuda per cápita de un madrileño es de 5.006€; la de un catalán de 10.389€. En 2019, la Comunidad de Madrid ingresó por impuestos sobre la renta, el patrimonio y el capital 12.077 millones de euros; Cataluña, 11.752 millones. Ergo, lo de paraíso fiscal no cuadra.

Segundo punto: dumping fiscal. Cada autonomía tiene licencia en los tributos cedidos para modular sus cuotas. Unas se ajustan a mínimos, otras fuerzan máximos; pero, siempre, según el ordenamiento vigente y la financiación de las Comunidades Autónomas. Los ingresos de Madrid en 2019 ascendieron a 27.050 millones de euros y su gasto público a 27.685 millones, incluyendo remuneraciones salariales por 9.232 millones. Cataluña ingresó 32.782 millones y gastó 34.111 millones, con costes salariales por 12.935 millones. Cataluña es la comunidad que más tributos propios tiene: 18, mientras Madrid solo tiene tres. El impulso económico de una región cristaliza en mejor recaudación tributaria y en confortabilidad para hacer negocios y trabajar. Crear y subir impuestos en plena pandemia, con el morbo de Sucesiones cuando más personas fallecen, y flagelar a empresas y ciudadanos con agobiante presión fiscal, provoca una legítima emigración tributaria.

Lo peor, es que le salió competencia de Madrid, que creció desde el fin de la Guerra civil, hasta sobrepasar en PIB a Cataluña. La economía de Madrid creció un 56% más que la de Cataluña desde 1980. El PIB real de Madrid había pasado de 73.112 a 269.000 millones en 2008, convirtiendo a la región en la locomotora de la economía española. Véase el IFEMA frente a la Fira, por ejemplo

Es decir, Cataluña ha vivido cada vez más de la deuda, ¿no sé cómo se las iban a arreglar?, independientes y república, eso sí, todavía odiarían más al Estado Español, pero a este le tendría sin cuidado, Desgraciadamente, no se les puede permitir, pues a pesar de estar enloquecidos, los independentistas que no pasan de los dos millones, Cataluña forma parte de España y no les podemos dejar suicidarse, como lo han estado haciendo al marcharse más de tres mil empresas, las mayores, ante la inseguridad jurídica que planteaba la posible independencia. Ahora, no acabo de descansar de mis preocupaciones, pues no lo han conseguido, gracias al imperio de la Ley establecida por el Estado constitucional de 1978. España sin Cataluña no es España, aunque el gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez, les de alas, sobre todo a ERC.

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