sábado 12/6/21

Historias de mi vida liberal. Desarrollo político en la oposición. De 1959 a 1976 1ª parte

La oposición al franquismo en la que me encontraba, por haberme Salvador de Madariaga en 1968, nombrado representante de la Internacional Liberal en España y haber creado el club 1980 en 1970, se caracterizaba por su fragmentación en múltiples grupos, y su excesivo personalismo. Existía la oposición interior y la del exilio, la pacífica y la violenta, la social y la política, la tolerada y la perseguida, la de izquierdas y la conservadora, la reformista y la rupturista.

La oposición que más preocupaba al régimen, sin ser la más representativa, era la de las bandas armadas. Las acciones de ETA, FRAP y Grapo minaron uno de los pilares más sólidos del régimen: la supuesta paz social y el orden público, a pesar de que carecían de base social y la inmensa mayoría de los ciudadanos repudiaban tanto sus medios como sus fines. Sin embargo, el régimen se sentía obligado a dar respuesta desatando la espiral acción‑reacción. ETA nació en 1959, iniciando sus actividades delictivas a mediados de los sesenta. El primer asesinato data de 1968. Lo que, al principio, fue un grupo nacionalista radical con influencias socializantes y católicas, con el tiempo acabó autoproclamándose como un movimiento de liberación nacional de base marxista‑leninista. A diferencia de otros grupos terroristas, gozaba de un considerable respaldo social, que le permitió superar los sucesivos golpes atestados por la policía y sus propias divisiones internas. Para muchos vascos, ETA era un grupo de jóvenes idealistas que utilizaban las armas, para responder al ataque contra las señas de identidad de Euskadi. En ese sentido, los militantes nacionalistas radicales procedían tanto de familias con lejanas raíces vascas, como por inmigrantes recién llegados, ávidos de una rápida integración en su nuevo entorno.

El compromiso del clero vasco con la causa nacionalista radical demostró el grado de connivencia de la sociedad vasca con ETA. La imagen de unos jóvenes idealistas frente a la maquinaria represiva del estado, representada por los consejos de guerra y tribunales militares, suscitaba la simpatía de una comunidad que sufría una indiscriminada persecución durante los sucesivos estados de excepción. El apoyo social a ETA se manifestó especialmente en la campaña nacional e internacional en favor de los nueve condenados a muerte en los juicios de Burgos de diciembre de 1970. Franco entonces decidió conmutarlas por condenas a cadena perpetua. El asesinato de Carrero Blanco en 1973 cambió la imagen de ETA, ya convertida en una peligrosa organización terrorista que podía acceder a cualquier objetivo que se propusiese. Sólo en el último año de vida de Franco, ETA llegó a asesinar a 36 personas. Mucho más numerosa era la oposición social nacida con aprobación de la Ley de Convenios Colectivos (1958) que permitía la participación de los trabajadores en la negociación de las condiciones laborales.

El sindicato ilegal Comisiones Obreras logró infiltrarse en la organización oficial, obteniendo grandes éxitos en las elecciones sindicales desde 1967. Esta organización, a pesar de estar vinculada al PCE, supo atraerse con su mentalidad abierta y pragmática a muchos trabajadores que no participaban del ideario comunista. La conflictividad laboral aumentó extraordinariamente, especialmente en Asturias, Madrid, País Vasco y Cataluña. Se pasó de un millón y medio de jornadas perdidas por huelgas (1966) a catorce millones en 1974. Aunque sus fines fueran teóricamente laborales, el gran número de huelgas por solidaridad indican que se trataban de protestas al régimen. Marcelino Camacho Abad, a quien conocí en la platajunta (Osma-La Rasa, Soria, 21 de enero de 1918 - Madrid, 29 de octubre de 2010)1​ fue un destacado sindicalista y político español. Fue fundador y primer secretario general de Comisiones Obreras (CCOO) entre 1976 y 1987(antes había estado en la cárcel desde 1967, pasando nueve años en Carabanchel. A la salida de la prisión, el líder soriano, casi como una premonición, anunciaría: «ni nos domaron, ni nos doblegaron, ni nos van a domesticar». Salió indultado tras el famoso Proceso 1001, en el que la dictadura juzgó a los principales dirigentes de CCOO a finales de 1973, y diputado comunista por Madrid entre 1977 y 1981. Sali varias veces en los periódicos, en una foto con él en el despacho de Tierno Galván en diciembre de 1976.

De la oposición moderada, formaba parte nuestro Club 1980, con otras organizaciones presentes en la Platajunta, y también burócratas y tecnócratas jóvenes del régimen partidarios de una evolución hacia la democracia. Parte de esta oposición, se organizó en torno al Grupo Tácito, al que también pertenecían personajes claramente identificados con el antifranquismo. Tácito, que publicaba un artículo semanal en el diario Ya, estaba formado mayoritariamente por democristianos, que después engrosarían las filas del PSOE, nacionalismo catalán y vasco, el Partido Popular y la Democracia Cristiana. Dentro de la oposición moderada estaban también los monárquicos, cuyas actividades, meramente testimoniales, se circunscribían a la reivindicación de la figura de don Juan, como lo hacía Joaquín Satrustegui con su Unión Liberal, continuamente difamado por la prensa más reaccionaria. Joaquín luego gran amigo mío se empeñó en meterme en su partido, llevándome a Estoril a ver a D. Juan, no me convenció y seguí con Larroque, por cierto, muerto recientemente. He ido a su funeral (nov 2017) y   no vi a ningún viejo compañero de partido ni de nuestra historia liberal. Finalmente, los carlistas eran pocos y mal avenidos. Los seguidores de Carlos Hugo se apuntaron al socialismo autogestionario y los de Sixto al tradicionalismo más puro.

En el 68, París el 22 de marzo fue el precursor de la revuelta estudiantil que dos meses después paralizó Francia y se exportó a todo el mundo. Desde mi oficina de la Rue Danton podía ver las barricadas de la rue Jacob y los sucesivos enfrentamientos de los CRS, mientras yo me apartaba cuidadosamente de ellos, aunque en su tiempo tuve una beca de la universidad de la Sorbona, pero no me sentía muy cercano a aquellos antisistema que luchaban contra De Gaulle.

Para la mayoría de los españoles, oposición era sinónimo de comunismo. El PCE era el partido clandestino más activo en los círculos universitarios, sindicales y culturales. Dentro del socialismo proliferaron los grupos que iban desde la autogestión al estilo yugoslava a la socialdemocracia. El PSOE continuaba ocupando una posición central, aunque debilitada por las luchas intestinas entre el exilio ‑unos mil seguidores del líder histórico Llopis, y el interior, unos 2.500 militantes mayoritariamente andaluces, vascos y madrileños.

En el Congreso de Suresnes (1974), la alianza entre Pablo Castellanos (Madrid), Enrique Múgica (País Vasco) y Alfonso Guerra (Andalucía) y la auto marginación del líder de la UGT Nicolás Redondo, permitieron la elección de Felipe González como secretario general. A partir de entonces comenzó la política de atracción de la militancia de otros grupos menores, como el antiguo FLP, USO y otras formaciones autodenomina‑ das socialistas. El mismo día que Franco abandonó la clínica convaleciente de la flebitis se presentó en París la Junta Democrática, apadrinada por socios tan distintos como el comunista Santiago Carrillo y el monárquico Calvo Serer, en la que estaban presentes los socialistas de Tierno Galván, los carlistas de Carlos Hugo, regionalistas e independientes. El objetivo de la Junta era constituir un gobierno provisional de transición a la democracia. La noticia pasó desapercibida en España gracias a la censura. En 1975, el PSOE renovado promovió la Plataforma de Convergencia Democrática, compuesta por los democristianos de Ruiz Giménez, los socialdemócratas y los grupos de extrema izquierda escindidos del PCE (ORT y MC).

Las dos grandes coaliciones de partidos de oposición estaban condenadas a entenderse, entre otras razones, porque no había unidad ideológica interna en ninguna de ellas. Ambas coincidían en descartar la reforma del régimen franquista, y en propugnar la ruptura democrática. Ya muerto Franco, ambos colectivos se unieron en la llamada Platajunta, que sirvió de interlocutor de la oposición con el gobierno Suárez. La Organización nos reunía en el Restaurante Jai Alai, adonde acudíamos numerosos partidos, la mayoría marxistas, en interminables sesiones nocturnas en 1975, en las que destacaba, por su vozarrón Ramón Tamames del Partido Comunista.

Partido con el que, la oposición moderada, a causa de la fuerza de CC.OO., hubo que tratar, pues lo demás eran minúsculos grupúsculos, sin fuerza real en la calle. De hecho, tuve una reunión en 1975, propiciada por Enrique Larroque con la cúpula del Partido Comunista en un piso, en los altos de la calle Serrano de Madrid, frente al hospital de San Rafael. La verdad es que llevaba algo de susto en el cuerpo, pues conocía cuánto había hecho el régimen por aplastarlo, sin conseguirlo.

Los Liberales, fueron liderados por Enrique Larroque con Bernardo Rabassa desde 1970, fecha de constitución del Club 1980. Había, también otros grupos liberales que se organizaron alrededor de Joaquín Garrigues Walker y de Ignacio Camuñas, mientras que los democristianos lo hacían con Joaquín Ruiz Giménez y Gil Robles, y todos bajo el liderazgo de Antonio García Trevijano, republicano convencido desde su juventud (su padre, registrador de la propiedad ya era republicano, del grupo de Fernando de los Ríos) y uno de los protagonistas más relevantes en la oposición a Francisco Franco.

En 1967 Antonio, fue el principal organizador de la reunión clandestina de Comisiones Obreras en la fábrica de Medias Vilma (en Plaza de Castilla), que preparó la huelga de octubre de 1967. Mas tarde fue acusado de hacer turbios negocios en Guinea y fue especialmente atacado en 1976 por Felipe González, que no le quería entre la multitud de partidos, que nacieron a la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975, una vez nombrado Rey Juan Carlos I y presidente del Gobierno Adolfo Suarez, que decidió, permitir la creación de partidos y convocar elecciones libres para junio de 1977.

Estos partidos, fueron los que acudieron a partir de 1976 a la arena política y entre los que desarrollé mi carrera política, en reuniones y más reuniones, una vez que las de la platajunta rarearon, durante todo el año 1976 hasta que en diciembre de 1976 conseguí cerrar mi proyecto de aunar a los partidos moderados en una reunión en el despacho de Enrique Tierno Galván. En una foto como he contado antes, aparezco al lado de Marcelino Camacho, el líder de CCOO, en la presentación por primera vez en estas reuniones de Platajunta, del Partido Popular de José M.ª de Areilza que fue abucheado, imponiendo su presencia Tierno y haciendo callar a los discrepantes. Fue en enero 1977, que, pivotando sobre este partido, conseguí crear el Centro democrático como coalición electoral que luego acudiría a las elecciones.

En marzo de 1968, Antonio García Trevijano fue organizador del debate en el Hotel Meliá, ante 2.000 personas, sobre el desafío americano de ServanSchreiber, convirtiéndolo en manifestación de la libertad y en conato de la rebelión de la juventud que dos meses después estallaría en París (“Mayo del 68”). Este mismo año ayudó a organizar y dirigir la independencia de Guinea Ecuatorial, para la que redactó una Constitución democrática, que no llegó a entrar en vigor porque el gobierno de Franco impuso la Constitución redactada por Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, con la que Francisco Macías Nguema se proclamó presidente vitalicio.

En 1974 organizó en París los encuentros de don Juan de Borbón con los grupos republicanos y Ruedo Ibérico, donde manifestó su rechazo al nombramiento de Juan Carlos como sucesor. Ese mismo año fue organizador y coordinador de la Junta Democrática de España, redactando todos sus manifiestos y fundando un centenar de juntas locales y sectoriales por toda España. Además, pronunció el discurso de presentación de la Junta al Parlamento Europeo en Estrasburgo.

En 1975 76 organizó la fusión de la Junta Democrática de España y la Plataforma de Convergencia, de la que también fue coordinador. Ese año también puso en marcha la primera convocatoria nacional bajo el lema “Amnistía Libertad”, presidiendo la histórica manifestación de Las Palmas.

La presentación pública de la JDE se realiza simultáneamente el 29 de julio de 1974 en París y Madrid, en un contexto de crisis del Régimen, marcado por la tromboflebitis de Franco, que se encuentra hospitalizado desde el día 9 de julio, y por la asunción de la jefatura del estado interina del príncipe de España.

En la presentación parisina aparecen Rafael Calvo Serer y Santiago Carrillo, de manera que se visualice la oposición interior y exterior. La integración del Partido Carlista se realiza en septiembre de 1974 y posteriormente lo hace el PCE, después de cambiar su nombre por el de PTE en febrero de 1975. El Partido Carlista, poco tiempo después, abandonó la Junta. Los doce puntos de su programa, redactados por Antonio García Trevijano, eran los

La Junta Democrática consiguió muy pronto un importante apoyo político y social de masas, como se puso de manifiesto a través de diversas movilizaciones que se llevaron a cabo en varios lugares del país, como las jornadas del 3, 4 y 5 de junio de 1975 en Madrid. La característica de la JD es su articulación organizativa en Juntas Democráticas locales y sectoriales, que proponía convertir a esta en un verdadero movimiento de masas, con acciones territoriales.

La actividad de la Junta Democrática se dirigía por una parte al pueblo y por otra a los poderes fácticos, con múltiples contactos con empresarios, militares o autoridades eclesiásticas. Tampoco se olvidaba la dimensión internacional, con relaciones con las autoridades de la Comunidad Económica Europea, con el embajador de Estados Unidos en Madrid o con los presidentes de Argelia, México, Rumania y Venezuela.

El 11 de junio de 1975 se creó la Plataforma de Convergencia Democrática, encabezada por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), a pesar de que tanto desde la Junta como desde el PCE se habían llevado a cabo conversaciones con el PSOE y con Izquierda Democrática, grupo democristiano liderado por Ruiz Giménez para lograr un organismo unitario de la oposición. En dicha Plataforma figuraban, junto al PSOE, la ya citada Izquierda Democrática, que formaba parte del Equipo Demócrata Cristiano del Estado Español, el Partido Liberal (el mío), el Movimiento Comunista, la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT) y la Unión Socialdemócrata Española. Poco después ingresó el Partido Carlista y se marchó la ORT.

Junta y Plataforma constituyeron en marzo de 1976 Coordinación Democrática (CD). El 23 de octubre se formó la Plataforma de Organizaciones Democráticas (POD). En la que estábamos todos, los democristianos Ruiz Giménez, los liberales, Garrigues, Camuñas, Larroque y Rabassa, Fernández Ordoñez socialdemócrata que incluía además a fuerzas nacionalistas como Convergencia Democrática de Catalunya y la Assemblea de Catalunya, la Assemblees Democràtiques de les Illes Balears, la Coordinadora de Fuerzas Democráticas de Canarias, la Táboa Democrática de Galicia y la Taula de Forces Politiques i Sindicals del País Valenciá.

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