miércoles 22/9/21

El 11M. El rey emérito. El ateneo en 2005. La izquierda liberal. Liberales de la transición

El sufrimiento, «pathos», no es epidérmico, y al son de las campanas, el 11M de 2005, se han retorcido nuestras entrañas con las imágenes una y mil veces repetidas de la sangre y la carne desgarradas, el dolor de los «otros», en la rabia inmensa de más de dos millones de madrileños avanzando bajo la lluvia, por la Castellana, con los ojos encendidos de corajuda indignación. Sobre ellos, proyectaron sus sentimientos apasionados el resto de los españoles, que poco más tarde, votaban el cambio drástico de opinión y de posiciones, que dieron el poder al PSOE y a Rodríguez Zapatero la presidencia de un gobierno de esperanza en la Paz. No habíamos, los madrileños, tenido tanta rabia, desde el asesinato de Miguel Ángel Blanco, en el que las manos teñidas de blanco clamaban al cielo. No imaginábamos que luego fuera tan memo.     

       Pero ha ocurrido algo más en 2004, ese ágil año que ya ha pasado, de lo que pocos son conscientes y que, en mi opinión, es el 26 advenimiento de la Transición, comenzando en 1978, con la promulgación de la Constitución, y la 30, del Pacto Preconstituyente. De los síntomas en este momento, si me atreviese, hablaría en metáfora de la Regencia de D. Juan Carlos I, y del futuro Reinado del Príncipe Felipe, que se caracteriza en este momento, por el protagonismo progresivo de este último que, salvo los actos formales propios del Rey, está representando a la Monarquía en el contacto diario con la calle, tanto a nivel nacional como intemacional. Un somero repaso a las hemerotecas nos dará razón, y no se trata ya de un mero aprendizaje, sino del desernpeño de un papel proactivo y ejerciente. Todos sabíamos, de tapadillo que el Rey se llevaba una comisión del petróleo de los emiratos, pero no lo había visto por escrito, ni me podía creer que alguien escribiera sobre ello, hasta que leí el artículo de Juan Carlos Bermejo en Voz Populi el 26 abril de 2017 titulado:

      “Una historia “real” de corrupción” en el que se dice taxativamente, a un alto cargo que había intentado hacerse, con una partida de petróleo más barato de los emiratos: -No sabes la que has montado. Ha estado aquí el hombre del rey, “el manco”. Me ha puesto a caer de un burro. Que cómo se nos ocurre ir a Oriente Medio, si ese es terreno vedado. ¡Mira Francisco, no sé quién demonios es “el manco” !, pero si a mí, ministro de Hacienda, viene un tío a echarme la bronca por ir a buscar crudo a Oriente Medio con la crisis de suministros que tenemos, lo tiro por la ventana. ¿Cómo que no sabes quién es “el manco”? Te lo juro por mis muertos. No lo sé.  ¿Ves? Eres un pardillo. Eres el único tío del país que no sabe quién es “el manco”. Mira Roberto. Sal de aquí y ni se te ocurra volver a Oriente Medio a por petróleo. Roberto, que no salía de su asombro, se fue a ver al vicepresidente.  Fernando, Francisco se ha vuelto loco. He conseguido un cargamento directamente de la KPC, mientras que los que vienen de los emiratos siempre nos cuestan un montón entre comisiones e intermediarios. Y va Francisco, y me dice, que no vuelva por allí porque ha venido “el manco”, que no sé quién narices es, a echarle la bronca. Fernando no podía aguantar la risa, ante la cara incrédula de Roberto. La verdad, Roberto, es que eres un pardillo. Todos los suministros, con comisiones impresionantes, las hace “el manco” en nombre del rey. ¿Sabes quién se lleva las comisiones? No me fastidies, Fernando. No me lo puedo creer. Pero ¿tú sabes lo que supone? Si el barril está a 35 dólares y la comisión es de unos 4 dólares por barril. Fernando, ¿Tú sabes cuantos barriles caben en un cargamento? ¡Madre mía! Es terrible, cuando la corrupción viene de arriba del todo.

    .    Uno de sus antepasados, aunque ya lejano, Fernando el Católico, en quien se inspiró Maquiavelo para su obra «El Príncipe», anduvo, a la muerte de Isabel la Católica, de Gobernador de Castilla, y por tanto del Imperio, ante la incapacidad de la auténtica reina, su hija Juana «La Loca» y de su marido, Felipe «El Hermoso», rey nominal, con quien tuvo que pactar, en tanto que se casaba con Germana de Foix, y se aliaba con el Rey Luis XII de Francia.

    Los dimes y diretes, las alianzas de la Iglesia, de los Burgos y ciudades contra la Nobleza levantisca, hicieron de Fernando un maestro de la esgrima política, para el recuerdo imperecedero de la historia. El traslado a estos días, de esas situaciones nos informa, de cómo en una monarquía, la Sucesión, las bodas y los hijos suponen un derrotero cuyos rumbos hay que medir y pesar con cuidado, pues influyen en la «real politik», y no es un eufemismo. Regencia, pues, sería el primer síntoma, que sólo los historiadores de fines del Siglo XXI podrán calibrar como real, pues estando como estamos, inmersos en lo cotidiano, nos falta perspectiva para valorar el fondo de lo que cotidianamente está sucediendo. De hecho, hasta se le acuso a Fernando de haber envenenado a su yerno Felipe, a quien dio un vaso de agua, después de un juego de pelota, un criado aragonés.

       La Sociedad, ya no es la misma. El «TRAUMA» del 11 M, salvando las distancias, tiene efectos, como los tuvo la «Guerra Civil» para el franquismo, o la «rota» de Annual para el exilio de la Monarquía y la llegada de la República. Algo se estaba «fraguando» que tenía que ver con la Ley de Partidos Políticos y sus oscuros sistemas de financiación. Al PSOE se le pide, no ya que sea el partido gobernante, sino que sea «regeneracionista» ante la corrupción ajena, el 3% catalán, pero también propia, hoy ya demostrado en el caso “Palau”, y si el presidente del Gobierno no se pone a la cabeza de la manifestación, otros le arrebatarán la bandera. Y es preferible una «ruptura pactada», como hicimos los creadores del Centro Democrático en 1976, a la revolución que dejaría nuestras tierras sembradas de «cadáveres políticos». Por mucho menos cambió el Régimen en Francia, o en Italia, aun cuando todavía está por demostrar que fue para «mejor». La Sociedad civil está indignada, por lo menos en los cenáculos de Madrid, con el doble lenguaje de los partidos, y más concretamente con el lenguaje de lo «políticamente correcto», pues es, como se llama hoy a la «Gran Mentira», como nos ilustra García Trevijano en su libro.

         Es curioso, pero hace pocos años me cito en su casa chalet de Somosaguas, quería ver de formar un grupo político nuevo, le dije que me parecía bien, y ya no he vuelto a saber de él nunca más. Hasta que supe de su fallecimiento.

      Estamos enredados y enredando en temas que ni nos van ni nos vienen, pues lo importante es el desarrollo económico y cultural, y no los nacionalismos que nos separan, o las viejas disputas cantonales.

        La Inmigración. Se reconozca o no, en España  en 2017 vivian ya con nosotros otros cinco millones de nuevos españoles, que han afianzado nuestra natalidad en declive, soportando con su colaboración la crisis de la Seguridad Social, y hecho pasible con su trabajo el crecimiento de nuestras estructuras productivas. ¿Quién atiende a los turistas en Baleares?

     Volviendo al tema en 2005. Nos apoyábamos, sobre todo en el Ateneo, en el que diserté,  sobre perspectiva liberal del republicanismo, ya que en ese momento, el liberalismo no puede defender para el futuro, una vez que desapareciera Juan Carlos I,  sino una III República Constitucional, igual a la que en ese momento regían en los países más avanzados del mundo: USA, Alemania, Francia, Italia, pues nuestra historia liberal, que se ancla en el S. XVII con los Ilustrados Jovellanos, Aranda, etc., cristalizó en la Constitución de 1812,

    Se desarrolló en el S. XIX, en avatares constantes, de lucha contra los “serviles” de Fernando VII, pronunciamientos y revoluciones, que D. Práxedes Mateo Sagasta estabiliza en la restauración, desde la I República a la II, ambas destruidas por sí mismas. Por los cantonalismos la primera, y por la división de las dos Españas, la II, y en las que los liberales, tuvieron un papel no sólo relevante sino protagonista, del que hoy pretende adueñarse la “izquierda” oficial del PSOE, que gobierna el país, y que, apalancada una vez más en la monarquía borbónica, limita la libertades individuales, que sólo podrían ser realizables en la III República Constitucional que propugnamos desde aquí y que, basándose en la Constitución de 1978, termine de una vez por todas con esta inacabable Transición, al país adulto que ya somos y que se merece, lógicamente, una nueva Constitución, cuando se plantee el problema de la sucesión.

      Hablando de liberalismo y PSOE, me referiré, pues, como ejemplo de apropiación, a un libro: La IZQUIERDA LIBERAL, de Javier Moreno Luzón. Un libro de biografías, de once biografías de los liberales, con los que entroncamos los liberales del presente, exiliados por la apropiación del concepto izquierda, por el PSOE en el poder, que muchas veces los hace suyos, olvidando que hay una pequeña pero inmensa diferencia, y es que no eran, ni somos marxistas. No se debe olvidar que el socialismo procede de una escisión de la Internacional Comunista y que la dialéctica marxista enfrenta al capitalismo contra el proletariado. Claro, que se les han caído los palos del sombrajo, dado que la riqueza de los países propiciados por los liberales les han dejado sin proletariado obrero al que redimir, y por lo tanto andan a la caza de ideas falsamente “progresistas” con las que ilustrar una ideología socialista que ya no tiene ningún sentido, salvo el totalitarismo de pensamiento único, de las clases medias enriquecidas, y que han transformado los países occidentales, en mesocracias que precisan de ideologías, como la liberal, que defiende las libertades ciudadanas, las de los individuos, dándoles nuevas ilusiones, al hacer del hombre individual e irrepetible, el centro antropológico del presente, del pasado y del futuro.

       Es solamente, sintiéndonos uno a uno trascendentes, como podemos soportar con paciencia o con alegría nuestro paso por este mundo, que de tan cruel como es a diario, sólo nos podría consolar, la fe en la vida después de la muerte. Aunque mucho me temo que el hombre posmoderno se ha dado ya cuenta que esta hipótesis tiene pocas posibilidades de realización. ¡Ojalá pudiera ser de otra manera! De modo que, si nos ponemos a vivir el día a día, y nos sentimos trascendentes por ser únicos y con ilusiones éticas y solidarias, o entraremos en la depresión, o en la dispersión artificial del hedonismo dominante.

     Once biografías: Canalejas, Melquíades Álvarez, Joaquín M.ª López, Santiago Alba, Sagasta, Negrín, Salmerón, Flórez Estrada, Manuel Azaña, Victoria Kent y Fernando de los Ríos. Cada personaje, es biografiado por un historiador distinto, pero todos ellos han sido seleccionados por ser progresistas, término polisémico del que hoy en día se abusa en forma masiva y monopolística, especialmente por los Socialistas, que intentan apropiarse de esas figuras como propias, cuando no son, sino intelectuales y políticos de origen burgués, catedráticos, médicos, ingenieros, que bebieron en las raíces liberales del Siglo XIX: los liberales de Cádiz y los que formaron el Partido Liberal, hasta la Dictadura de Primo de Rivera. No fueron revolucionarios, ni siquiera en la República, y en la Monarquía precedente, ni quisieron instalar una república marxista, como sí lo deseaban Largo Caballero y los comunistas, Carrillo, Pasionaria, etc. en contra del parecer del propio Stalin, sino única y exclusivamente, ilusionar a la España de aquél entonces, con el desarrollo de la ilustración, la educación y la riqueza.

        Defendían el progreso, ante la miseria moral del Frente Popular, algunos de ellos, los que tuvieron que convivir, o enfrentarse con quienes querían implantar el sistema soviético, en la piel de toro. Se menciona su “krausismo” originario, pero se olvida que, de ese casi desconocido filósofo en Alemania, que fue inspirador de la Institución Libre de Enseñanza,  nacieron también, algunos otros intelectuales, que han sido injustamente olvidados en el libro antes mencionado: Ortega y Gasset, Salvador de Madariaga, Justino de Azcárate, Pérez de Ayala, Gregorio Marañón, el Doctor Teófilo Hernando, que por modestia no aceptó la presidencia de la República, pero sí Don Niceto Alcalá Zamora, y, por qué no, Julián Marías. A tres de estos últimos, me cabe el enorme orgullo de haberlos conocido personalmente, y de poder decir, que aportaron el hilo conductor que, salvando la dictadura, nos llevó a 1978, a los que habría que añadir a dos catalanes, Tarradellas y Ramón Trías Fargas, y en Europa, a von Misses, Popper y Hayek.

        Hablare solo de Justino de Azcárate y Flórez (Madrid, 1903 - Caracas, 17 de mayo de 1989) abogado y político español de ideología liberal, de quien fui muy amigo primero en la “Pepa” y luego en el Partido Reformista. A quien tenía que encargar en 1984, con Joaquín Satrustegui, de los actos que me abandonaba Miguel Roca, para irse en campaña a Barcelona. Al igual que su hermano Pablo de Azcárate, estudió en la Institución Libre de Enseñanza, de acuerdo con la tradición liberal y republicana de su familia. Profesor de Derecho Político, en los años veinte ingresó en el Partido Reformista de Melquíades Álvarez, desde cuyas filas asiste a la proclamación de la Segunda República en 1931.

      Formó parte, junto a intelectuales como José Ortega y Gasset o Gregorio Marañón, de la Agrupación al Servicio de la República, plataforma cuyo objetivo principal era la implantación de la República en España. En 1931, el grupo obtuvo 16 diputados, siendo Justino de Azcárate elegido diputado por León, y convirtiéndose en el secretario del grupo. ​ Fue Subsecretario de Justicia en el gobierno de Manuel Azaña en 1931. Tras la disolución del grupo en 1932, por divergencias sobre la trayectoria del gobierno izquierdista del primer bienio republicano, participó en un nuevo proyecto político, la formación del Partido Nacional Republicano, ​ impulsado por Felipe Sánchez Román, organización que de cara a las elecciones de 1936 rechazó integrarse en el Frente Popular, por la participación en éste del Partido Comunista de España.

     Al estallar la Guerra Civil, el 18 de julio, Azcárate fue nombrado ministro de Estado (Exteriores) en el gobierno de Diego Martínez Barrio, pero no llegó a tomar posesión del cargo, ya que se encontraba en León, que quedó inmediatamente en manos de los sublevados. Pocos días después fue detenido por un grupo de falangistas en Burgos y trasladado a Valladolid, donde permaneció encarcelado casi año y medio, hasta que fue canjeado por el falangista Raimundo Fernández-Cuesta.​ Un primo suyo, Gumersindo de Azcárate, no tuvo tanta suerte y fue fusilado después de haber sido hecho prisionero tras la conquista de Bilbao.​Una vez que fue liberado, en lugar de trasladarse a la zona republicana, permaneció en Francia y desde allí trató de «trabajar en todo lo que sirviera de acercamiento entre ambos bandos», a través del movimiento Paz Civil en España.

    Tras el fin de la guerra, se exilió definitivamente en Venezuela, de donde no volvería hasta la muerte de Franco. ​ En 1977 regresó a España y fue designado senador por designación real en las primeras Cortes que se eligieron durante la Transición, ​ integrándose en el grupo parlamentario Agrupación Independiente, compuesto exclusivamente por senadores de designación real y del que fue portavoz. En 1979 fue reelegido senador, en las listas de la Unión de Centro Democrático, por la circunscripción de León. ​ Posteriormente militó en el Partido Reformista Democrático, de cuya Comisión Ejecutiva, fue miembro conmigo. De 1980 a 1987 fue el presidente de la asociación por la conservación del Patrimonio Histórico español Hispania Nostra y en 1982 fue nombrado presidente del Patronato del Museo del Prado.

     El otro liberal, para sustituciones, fue Joaquín Satrustegui, nacido en el seno de una familia monárquica, acomodada y con intereses navieros de San Sebastián. ​ Su padre fue Enrique Satrustegui Barrié, barón de Satrustegui. ​ Estudió Derecho en la Universidad Central de Madrid, obteniendo la licenciatura en 1932. Amplió sus estudios en Economía y Derecho Público en la Universidad de Georgetown (Estados Unidos). Durante el periodo republicano formó parte de Renovación Española. El 17 de julio de 1936, dentro de las operaciones del golpe de Estado que dio inicio a la Guerra Civil, formó parte, del grupo de jóvenes militantes del partido monárquico que, liderados por Carlos Miralles, y siguiendo órdenes del general Mola, ocuparon el puerto de Somosierra, ​ con el objetivo de facilitar el acceso a Madrid a las columnas que, desde el norte, debían tomar la capital. Durante la Guerra Civil, Satrustegui, que había realizado el servicio militar en las milicias universitarias y obtenido el grado de alférez, llegó a capitán de complemento dentro de las filas del ejército franquista.

     Deseando restaurar la monarquía en la persona de Juan de Borbón, desde 1940, una vez acabada la guerra se enfrentó a Franco, por lo que fue multado y detenido en varias ocasiones.

    En 1976 me llevo consigo a Estoril, al restaurante de la Praia de Guinxo “O Muchacho” donde conocí a Don Juan, que no me gusto un pelo, por las cosas que decía de sus amigos “que eren muy serviles a su causa” lo que me vacunó contra la monarquía, aunque visité a D. Juan Carlos en 1978 con Sebastián Enseñat en nombre del Hogar Balear. Satrustegui fue candidato a las elecciones municipales por Madrid del 21 de noviembre de 1954, ​ junto a Joaquín Calvo Sotelo, Juan Manuel Fanjul y Torcuato Luca de Tena, pero sus interventores fueron expulsados del colegio electoral ante el temor del régimen de una victoria de esta candidatura.

      Fundó la organización clandestina Unión Española (1957). Eran cuatro, Zulueta, Miralles y García de Vinuesa, movimiento liberal, que propugnaba la forma de Estado democrático para España y reconocía a Juan de Borbón, entonces en el destierro, como legítimo rey de España. Participó en el denominado Contubernio de Múnich, mayo de 1962, por lo que fue desterrado durante casi un año en Fuerteventura, junto a Jaime Miralles y Fernando Álvarez de Miranda, entre otros. 

     Con el paso del tiempo, se convirtió en un activo defensor de la integración de España en la Comunidad Económica Europea, integrado en las plataformas de oposición al franquismo y opuesto a la presencia de bases estadounidenses en España. En agosto de 1976, vinculó Unión Española a la Federación de Partidos Demócratas y Liberales de Joaquín Garrigues Walker y al Partido Liberal de Enrique Larroque y Rabassa, constituyendo la Alianza Liberal, de la cual fue elegido presidente. Había colaborado con la oposición en la Plataforma de Organismos Democráticos, con la que formó una plataforma, que se presentó a las elecciones de 1977 como Senador, ​ siendo elegido candidato más votado por la circunscripción de Madrid en la coalición electoral Senadores por la Democracia.

       El 18 de diciembre de 1977 ​Joaquín Satrustegui creó el Partido Liberal Progresista (PLP). Fueron elegidos para formar parte del comité ejecutivo del nuevo partido, además del senador por Madrid, señor Satrustegui, José María Abad Buil, José Luis Briones Ramos, Diego Carbonell, Augusto Gálvez, Jaime García de Vinuesa, Félix Monedero, Vicente de Pinies, Javier Ramos, Vicente Roa y Enrique Toscano. De ellos tres eran del Opus Dei y dos habían pertenecido al partido liberal (nos los habían colado). En el Senado, se integró en el Grupo Progresistas y Socialistas Independientes, junto a miembros del Partidos Socialista Popular e Izquierda Democrática, entre otros. ​ Tras la disolución de Alianza Liberal, en diciembre de 1977, fundó el Partido Liberal Progresista, del que fue nombrado presidente, ​ pero que también se disolvería más tarde.

        Finalmente, se integró en Unión de Centro Democrático (UCD), partido que abandonó tras el desastre electoral de octubre de 1982. Fue diputado de UCD por Madrid en la primera legislatura, en la que fue vocal en las comisiones de Asuntos Exteriores y Constitucional. Estaba casado y tuvo cuatro hijos, uno de ellos Miguel Satrustegui. Perteneció conmigo al comité directivo del Partido Reformista y sustituyo en numerosas ocasiones a Miguel Roca, que fallaba más en sus asistencias que una escopeta de repetición. Falleció en Madrid, el 11 de marzo de 1992, siendo sus cenizas enterradas en el donostiarra cementerio de Polloe. Había sufrido poliomielitis en su infancia y caminaba con suma dificultad, lo que no le impedía como buen liberal estar siempre disponible para cualquier actividad. Todavía le recuerdo tirando las flores al mar en la Caleta de Cádiz cuando fuimos a la “PEPA”, después de nuestra visita a Gibraltar ​

      El franquismo impidió a los no exiliados, cualquier desarrollo liberal, pues de inmediato éramos tachados, censurados, vituperados, impidiendo que nuestros escritos vieran la luz, hasta la muerte del dictador. No obstante, el contubernio de Múnich puso al descubierto a algunos de ellos, que por asistir al mismo se vieron desterrados. Los nombres de aquellos que bordearon la legalidad deben ser aquí citados: Joaquín Satrustegui, Juan Antonio de Zulueta, Joaquín Garrigues Walker, Enrique Larroque de la Cruz, Fernando Chueca Goitia, Antonio Fontán, Rafael Calvo Serer, Carlos Ollero, Bernardo Rabassa, Antonio García Trevijano, Luis González Seara, Jaime Miralles, Vicente Pinies, Joaquín Muñoz Peirats, y un largo etcétera, entre los que se cuenta como testigo y necesario cooperador el que esto suscribe que no pudo ir a Múnich pues estaba trabajando en Brasil, y que al rebuscar en la hemeroteca, firmamos entre 32, el 2 de julio de 1976, un manifiesto, reclamando referéndum, reforma constitucional, amnistía y libertades. Allí nos acompañaban socialistas como Felipe González, Paulino Garagorri y Enrique Tierno Galván, Democristianos como Oscar Alzaga y Ruiz Jiménez, Socialdemócratas como Paco Fernández Ordóñez, y Comunistas como Armando López Salinas y Ramón Tamames. El NEXO, pues, existió y ni la Dictadura, ni los nostálgicos del franquismo en 1976-77, ni el 23F, pudo con nosotros.

     Desde entonces ha llovido mucho, pero las distintas intentonas liberales: UCD primero, en solitario después en las elecciones generales de 1979, el Partido Liberal, en el que compartía cartel en Madrid con José Alcalá Zamora (catedrático de Historia) y Emiliano Aguirre (el antropólogo descubridor de Atapuerca), Mis grandes carteles difundieron mi imagen por todo Madrid, aunque con escaso resultado. La Federación de Clubs Liberales, con Antonio Garrigues; el CDS, con Suárez; y el Partido Reformista, con Miguel Roca, las Fundaciones Salvador de Madariaga, Foro Jovellanos (Eduardo Punset y más tarde el que suscribe) y Ortega y Gasset, defendiendo el legado del Colegio Estudio y la Institución Libre de Enseñanza),  jalonaron y jalonan  la imposibilidad del centro izquierda liberal, pues es el sistema  electoral, con la actual ley, el que prima las minorías localistas y que castiga a los partidos nacionales que no son hegemónicos.

      Como ya es sabido, con ochocientos mil votos, Izquierda Unida tiene 2 Diputados, y CIU, con idéntica cifra, tiene once. Hay que destacar, sin embargo, que existen en el PP algunos notorios liberales, de los que Esperanza Aguirre, Rodrigo Rato y Eduardo Zaplana eran figuras destacadas. Rodrigo y Eduardo, se encuentran hoy investigados por los tribunales por hechos de corrupción, la verdad es que nunca lo hubiera imaginado.

El 11M. El rey emérito. El ateneo en 2005. La izquierda liberal. Liberales de la...
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