lunes 16.12.2019

Continuidad y ruptura

Este era un partido anclado en un mal momento. Al espectador no le apetecía mirar otra vez, tan de cerca, al equipo de sus entretelas. A Cristiano le había denegado el permiso, un comité misterioso que se reúne los sábados a la hora del aperitivo; y lo mejor de la semana fue comprobar lo poco que le falta al Barça para que lo jueces certifiquen su disolución. Europa espera para medir la altura de este grupo, y otro partido a medio abrir a una hora sin mito, es una cadencia innecesaria. Contra el Elche. Historia pequeña de la liga. De niño odiábamos esa ciudad por su gentilicio enrevesado, ilicitano, que ha acabado siendo una descripción ideal de la forma de proceder en el Mediterráneo.

Sergio Ramos se proyectaba hacia las estrellas, en un clásico de los minutos de silencio, y dio comienzo la función. Saltan animosos los chavales, con una alineación en la que faltan Modric y Marcelo, así que el espectador se prepara para un partido estructural; ley, orden y un puñado de detalles. Así se imaginó el partido, y así fue realmente, por lo menos hasta el minuto 70, el del avistamiento, que cambió el rumbo del juego y lo hizo entrar en una pendiente llena de pequeñas insurrecciones.

Xabi quería gastar la energía justa, e hizo de padre de familia. Un poco escondido, le dejó el mando a Illarra, que tiene un desfase de un segundo con lo que pasa sobre el campo. Ordena y no la pierde, pero a ese pase vertical, tan subrayado, que intenta dar mientras se escora hacia la derecha, le sobra el tiempo justo que hace que los contrarios encimen al receptor. Lo que en Xabi o Modric es ver la ventaja de forma instantánea, dar el pase y provocar el desajuste en la defensa rival por el que empieza a manar la jugada; en Illarra es un vaivén funcionarial. Pero trabaja, está, tiene quite y sentido común. Ahora mismo, es el jugador que hemos visto contra el Elche. No fue una mala actuación: él es así. Un poco falto. Trabajen los estímulos con el pediatra. El talento, en el Madrid, debe estar escrito ya desde el primer pase.

Bale tuvo una carrera muy franca, contra un sólo defensa, pero se la quitan con demasiada facilidad. Se queda extrañado. Con esa rectitud, se topará siempre con el muro. El público lo evaluó muy de cerca desde ese primer desengaño. Al otro lado, Benzemá y Di María le dan vuelo al juego del Madrid. Karim se ha quitado el peso de los hombros. Muchos de sus disparos siguen siendo de mentiras, pero rondó el gol con cada pelota que tuvo en la media punta. Sus movimientos, lógicos para su equipo, e inexplicables para el rival, fueron el juego del Real durante toda la primera parte. Él y Ángel Di María. El argentino que no podía parar de correr, hasta que paró, hasta que llegó al final de la raya y volvió hacia atrás, hasta que se hartó de desbordar y poner centros por si Cristiano saltaba la barrera y se aprestaba a rematar. Pero no, estaba Bale, sin la ligereza prevista porque se le oye pensar desde la grada, y estaba Jesé, hoy otra vez chico joven e irregular al que no todos los días le funciona el sonajero.

Karim se asomaba por todas partes y dejó un taconazo bárbaro al galés, al que le quedaba una diagonal limpia hasta el portero. Corrió Bale -sólo faltaba- y se dejó arrebatar el balón en el último suspiro. Una jugada idéntica la tuvo contra el Getafe. Mal augurio y run-rún del Bernabéu. El córner lo lanza Di María y el balón se cierra hasta dar con el travesaño. Un balón que se cierra es una de las curiosidades del fútbol, como un penalty al palo corto o una patada a destiempo (¿hay un tiempo para las patadas?). Llegaron 10 minutos de juego torcido, en los que el Elche le fue comiendo la playa al Madrid. Bale no se resigna a su banda y se pasa al centro, donde estorba y se lo hacen saber. Bale se atraganta en su banda. Bale empieza una carrera y se la vuelven a quitar, casi con recochineo, como si su partido fuera otro, más simple, como para torpes, todavía en el nivel cero de las perversiones futboleras. Hay poca gente en las combinaciones y ni Jesé ni Gareth se dan por enterados, el uno enamorado de su velocidad y dispuesto a encandilar al estadio, y el otro, dándose coces y sabiéndose pueril. Karim no puede parir la jugada y desmarcarse a la vez, así que los intentos mueren dos planos antes del tiro a portería.

Pero llega el gol. Después de un córner, en un rebote que le queda a Illarra que la emboca tirando a bulto y sale el balón ligeramente torcido. La grada se encoge de hombros. Esto también vale, parecen decir. La jugada la habían repetido varias veces, por si acaso era penalty -Benzemá cayó aparatosamente- y se encontró una joyita inesperada: un fuera de juego de Karim. Los comentaristas ataron los cabos y empezaron a repetir de forma mecánica, que el gol venía de un fuera de juego previo, y que la polémica estaba servida. En el bar subió el ralentí antimadridista. Un héroe local se acordó del fuera de juego de Mijatovic en el gol de la séptima. Y así lo dijo: la séptima. Como si fuera una profecía. Todo debería quedar anulado desde entonces. Y esta liga, cuando la gane el Madrid, será la del fuera de juego de Karim. Está escrito.

La segunda parte es una repetición desabrida de la primera. No se ha cerrado el partido, se abre al puerta al peligro. Hay tensión. Pepe se pasa de frenada y le piden explicaciones. No es para tanto, les dice con enojo, cansado de su imagen en los cuentos de los niños. Bale sigue embarcando los balones con los que se tropieza. El tejido del partido es más esponjoso, menos compacto. Se corre lo justo. Alemania asoma. El Elche no se acaba de atrever. Jesé se va sin remedio y Botía lo derriba. Pudo se roja. Bale está inquieto y se saca un cabezazo extraño. Jesé anda mordiéndose los puños, nervioso. ¿Quién se acerca?. Algo va a pasar, pero no sabemos en qué portería. El sonido del bombo distrae al teatro, pero no rompe la electricidad. El partido no está agitado, sí las emociones y hay una discreta confusión en los rivales. El apuntador le lanza un balón a Bale para que largue su último discurso. Está en zona amarilla. Había plomo en el ambiente. Aún así fue demasiado rápido. Se acomoda la pelota sin gesto, la rompe muy dulce y sube ingrávida, trasladada por un hilo invisible. Todo esto se aprecia en la repetición. Al final del partido, la mayoría reconoció que estaban pendientes de otra cosa, o de un desmarque, o pensando alguna tontería inconfesable.

El balón da en la madera, y el golpe nos hace levantar las orejas. ¿Es gol, no?. Está dentro de la portería, nadie lo ha visto, pero suele haber una relación causa efecto en esto del fútbol, cuestión masculina y reacia a los espejos blandos. Es gol, es una obra de arte que remarca el travesaño y se canta con el desfase que hemos visto tantas veces en las tormentas eléctricas. 1,2,3 contemos los segundos desde la luz hasta el sonido y sabremos cuál es la distancia a la que estamos del milagro. El disparo tuvo un desarrollo tan perfecto, que pareció otro truco de Floren.

De la estela del gol, surgió un tiempo más desordenado con el que se alivió el espectador. Isco entró por Jesé y se hizo el dueño de la pelota. A Isco, la chica nunca le ha dicho que no. Y tiene una confianza absoluta en sus cualidades. Dadme la pelota y os haré felices, parece decir. Tiene un talento obcecado, que se muestra a cada segundo para que no quede duda alguna. Le tiran un balón desde otro continente y lo deja tan quieto que parece que ha habido una elipsis. Se escurre por la banda izquierda y lanza un balón para que alguien lo empuje. Comienza un contraataque, que continúan Di María y Benzemá, y entra en el área, como una princesa que quiere recuperar su trono. Un control postmoderno y una pausa de una décima. Se abre la herida bajo los palos y por ahí entra feliz el balón. Isco, Isco, gritó la grada, que llevaba un tiempo sin aclamar a un español. Surgió al final Morata, agitándose por todas partes e intentando cosas que quizás estén por encima de sus capacidades. No hubo sangre. Mientras los espectadores desalojan la sala, conviene que un arquetipo eche el cierre a la función.

Ficha técnica

REAL MADRID, 3; ELCHE, 0

Real Madrid: Diego López; Carvajal, Pepe, Varane, Arbeloa; Xabi Alonso (Casemiro, m.83), Illarramendi, Di María; Bale, Jesé (Isco, m.73) y Benzema (Morata, m.81).

Elche: Manu Herrera; Cisma, Lombán, Botía, Edu Albacar; Carles Gil (Cristian Herrera, m.79), Rubén Pérez, Rivera (Aarón, m.73), Manu del Moral (Fidel, m.73), Javi Márquez; y Coro.

Goles: 1-0, m.34: Illarramendi. 2-0, m.62: Bale. 3-0, m.80: Isco.

Árbitro: Prieto Iglesias (Colegio Navarro). Amonestó a Pepe (50) por el Real Madrid; y a Rivera (40), Botía (63) y Javi Márquez (70) por el Elche.

Continuidad y ruptura
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