lunes 09.12.2019

Una educadora de guardería condenada por dos delitos contra la integridad moral

Sobre la mujer ha recaído una pena de dos años de prisión por pegar y vejar a los niños, con la agravante de abuso de superioridad

Una educadora de guardería es condenada por dos delitos contra la integridad moral.
Una educadora de guardería es condenada por dos delitos contra la integridad moral.

Además de dos años de pena de cárcel que no cumplirá por no tener antecedentes, la docente será inhabilitada para ejercer la profesión de educadora durante el tiempo de la condena, así como al abono a las madres de sus dos víctimas de la cantidad de 2.000 €, en concepto de daños morales.

En los hechos probados de la sentencia dictada por el Juzgado de lo Penal nº 2 de Castellón, el pasado día 30 de marzo de 2.016, se describen varias conductas llevadas a cabo por la educadora a lo largo del curso escolar 2010-2011, quien sin ningún tipo de paciencia ni consideración, trató en reiteradas ocasiones de forma inadecuada para su edad a algunos de sus alumnos de dos años, sometiendo a algunos menores a su cargo a acciones violentas injustificadas cono la utilización de frases y expresiones impropias. Llegó, incluso, a propinar tirones bruscos, bofetones o cachetes a los menores.

Así, consta acreditado que una mañana del mes de diciembre de 2010, la acusada cogió a uno de los niños que tenía a su cargo y que había ensuciado el pañal, y lo subió bruscamente al cambiador, donde le propinó dos cachetes en el trasero, bajándolo a continuación también de forma brusca al suelo.

En otra ocasión se dirigió a otro de los menores, que con la inocencia de un niño le llamó gorda, y acto seguido la acusada le contestó gritando: “¿Gorda como yo, como yo? ¡Como te de una hostia!".

Pero ahí no quedan las conductas de la acusada, pues el día 13 de mayo de 2011, sobre las 15:55 horas, salió a un patio para entregar una cartulina a una compañera y al regresar a su aula, comprobó que (por causa que no ha resultado acreditada) no podía abrir la puerta, lo que dejó a los niños a su cargo encerrados solos en la clase. En ese momento, comenzó a ponerse nerviosa, a gesticular de forma exagerada y tras avisar a otra de las cuidadoras (diciéndole "ha sigut María Virtudes , ha sigut María Virtudes ") ésta le abrió desde dentro consiguiendo entrar en la clase, dirigiéndose inmediatamente y muy enfadada hacia la niña, a la que propinó dos fuertes bofetones que le hicieron perder el equilibrio y caer al suelo, propinándole de nuevo otra bofetada.

Unos días después de este incidente uno de los niños que cuidaba la acusada se quedó distraído una vez había pasado tiempo del recreo y ella cerró la puerta del aula, lo que le dejó solo en el patio mientras le decía a través de los cristales: "Qué, te gusta, estás bien, ¿quieres entrar?”. A continuación abrió la puerta, lo agarró fuertemente del brazo para introducirlo en el aula mientras con la otra mano le daba una colleja.

E incluso uno de sus alumnos manifestó a su madre con su lenguaje infantil y mediante gestos, que la acusada les pegaba en la cara, en la boca, en las manos y en el trasero. Y solía repetir constantemente: " Carlos Francisco es malo, Carlos Francisco es tonto".

Estas conductas violentas y degradantes llevadas a cabo por la acusada, resultaron acreditadas en el acto del juicio oral  no sólo por la declaración de las madres de los menores, sino por las testificales del forense que examinó a las víctimas, del logopeda y del psicólogo que trabajaban en la propia guardería, así como por el visionado de una grabación realizada por la madre de uno de los niños que también acudía a esta guardería -que declaró como testigo en el acto del juicio oral- y que reside en un inmueble contiguo a la misma, grabación en la que se aprecia claramente cómo el pasado día 13 de mayo de 2.011 la cuidadora propina dos fuertes bofetones a una de sus alumnas, y por último, por las innumerables contradicciones en las que incurrió la propia acusada en su declaración en sede de instrucción y en su declaración en el acto del plenario.

Al respecto de la admisión como prueba de cargo de la grabación de la agresión a una de las víctimas, la juzgadora entendió que dicha grabación no vulneraba el derecho a la intimidad de la acusada, toda vez tal derecho no es absoluto, pudiendo ceder “ante intereses constitucionalmente relevantes, siempre que el recorte que aquél haya de experimentar se demuestre necesario para lograr el fin legítimo previsto, proporcionado para alcanzarlo y, en todo caso, sea respetuoso con el contenido esencial del derecho”. Así, la Juzgadora entiende que en este caso concreto no se produce ninguna extralimitación en la grabación de las imágenes, ya que se realizó con la única finalidad de probar la presunta comisión de hechos delictivos cometidos contra menores cuyo derecho a la integridad física y moral colisionaba supuestamente con el derecho a la intimidad de la acusada.

Por su parte, con respecto a las declaraciones de las madres de las víctimas, la juzgadora entiende que “es continuada, sin ambigüedades ni contradicciones relevantes, y resulta evidenciada si se comparan los hechos denunciados y el testimonio vertido en el acto del juicio”, entendiendo que evidencian que los menores desarrollaron una lógica sensación de temor y angustia cuando les llevaban a la guardería, provocándoles llantos por las mañanas y pesadillas nocturnas; no apreciando en ellas móvil espurio o de venganza en ninguno de ellos.

Por todo ello, la Juzgadora entiende que queda acreditado que los hechos son constitutivos de dos delitos contra la integridad moral del artículo 173.1 del Código Penal en las personas de dos menores de edad, y estimando la atenuante de dilaciones indebidas y la agravante de abuso de superioridad, condena a la cuidadora como se ha manifestado al comienzo del artículo a la pena de dos años de prisión, y a la inhabilitación para el ejercicio de su durante el tiempo de la condena, así como al abono a las madres de sus dos víctimas de la cantidad de 2.000 € a cada una de ellas, en concepto de daños morales.

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