lunes 27/9/21
FUNDéU BBVA

Y la palabra del año es…

"Escrache", "expapa" o "wasapear" están entre las candidatas a ser la ganadora de tan singular nombramiento. Por primera vez en sus ocho años de vida, Fundéu BBVA se ha propuesto encontrar la palabra de 2013

En busca de la palabra del año. | GTRES
En busca de la palabra del año. | GTRES

La vencedora saldrá el próximo 30 de diciembre entre la docena de términos preseleccionados por la Fundéu de acuerdo a criterios lingüísticos y periodísticos. “Buscamos un término que sea representativo del 2013 desde el punto de vista de la actualidad, de aquello de lo que se ha hablado en los medios, y que al mismo tiempo tenga un cierto interés lingüístico por su formación, por su origen, por su uso. Por ahora hemos hecho una preselección de doce palabras de diversos ámbitos que nos han parecido interesantes desde esos dos puntos de vista. Son austericidio, quita, escrache, expapa, cholismo, meme, bosón, copago, wasapear, emprender, ere y autofoto. Todas ellas han sido objeto de alguna de nuestras recomendaciones este año”, explica Javier Lascurain, periodista y subdirector de la Fundéu BBVA.

Fundéu BBVA ofrecer un criterio, un consejo, allí donde la norma aún no ha llegado

En la lista preliminar figuran, por ejemplo, escrache, un término del español de Argentina y Uruguay que irrumpió con mucha fuerza en la actualidad política y social española en los primeros meses del 2013 y cuyo uso fue objeto de polémica. También como finalistas están la forma expapa, una expresión que en más de dos mil años de historia de la Iglesia no había habido apenas ocasión de emplear y que saltó a las páginas de los medios con ocasión de la renuncia de Benedicto XVI, y wasapear, la adaptación propuesta por la Fundéu BBVA para el verbo que ha surgido como consecuencia del uso masivo de la aplicación WhatsApp.

Nacida en el año 2005, esta institución sin ánimo de lucro, fruto de un acuerdo entre la Agencia Efe y el banco BBVA, tiene como principal objetivo impulsar el buen uso del español en los medios de comunicación y trabaja asesorada por la Real Academia Española. Su equipo está formado por periodistas, lingüistas, lexicógrafos, ortotipógrafos, correctores y traductores. Mediante recomendaciones diarias y respuestas a las consultan que reciben, pretenden ser una herramienta que ayude a todos aquellos que utilizan el idioma en su trabajo diario.

A diferencia de la RAE, la labor de Fundéu no es normativa, pero su método de trabajo le confiere autoridad para recomendar el buen uso con una mayor agilidad que la académica. “La parte más interesante de nuestro trabajo es precisamente ofrecer un criterio, un consejo, allí donde la norma aún no ha llegado. La Academia, por la propia naturaleza de su trabajo, se mueve en otro margen de tiempo, tiene que esperar a ver qué pasa con las palabras y expresiones y aguardar paciente a que una voz se asiente en el uso, pero mientras tanto los hablantes, y muy especialmente los periodistas, tienen que dar cuenta de lo que pasa, ahí es donde entra en juego la Fundéu. Nadie puede asegurar hoy si dron, los aviones no tripulados de los que tanto se habla últimamente, será palabra recogida en la próxima edición del diccionario; pero si mientras tanto hay que informar sobre ellos y se duda, se puede acudir a la Fundéu en busca de una orientación, de una recomendación”, afirma Judith González Ferrán, filóloga y lingüista y coordinadora de contenidos y de estrategia y definición web en Fundéu BBVA.

“El error de hoy puede ser la norma de mañana”

Y en ese entre tanto del idioma, ¿es verdadero lo que se usa?, ¿constituye un error creer que porque una palabra no está en el diccionario no existe? “La vida de cada palabra es una historia fascinante, en ocasiones también muy misteriosa. Pero la inclusión de un término en el diccionario o la ampliación del significado de una voz ya existente es solo una de esas fases en la vida de las palabras. La lengua está en los hablantes y no solo en las fichas académicas. Antes de llegar al diccionario, las palabras se recogen en los corpus que, a su vez, se nutren de los libros y los periódicos. Y los libros y los periódicos son reflejo de la vida… El diccionario, sobre todo el académico, registra lo que considera norma culta asentada, que desde luego hay que conocer, pero que es solo una parte de nuestro rico patrimonio lingüístico”, asegura Judith.

Ya hay quien afirma que el error de hoy puede ser la norma de mañana. Por eso, con esto del lenguaje conviene ser flexibles, “los propios académicos dicen que el único dueño del idioma son sus hablantes y son ellos los que al final deciden qué es útil y que no, qué queda como uso aceptado y qué no. Es curioso releer ahora los magníficos “dardos en la palabra” de don Fernando Lázaro Carreter. Algunos de los usos lingüísticos contra los que él advertía, seguramente con mucha razón, ya se aceptan como válidos, incluso por la RAE”, concluye Javier Lascurain.

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