martes 15.10.2019
MADRID LOS REGULARIZA

Los huertos urbanos, un respiro en la ciudad

Donde había un solar abandonado, surge un huerto. Lechugas, escarolas, acelgas, pimientos, tomates madrileños y de ciudad. El Ayuntamiento de la capital ya ha regularizado los 12 primeros. Más que una huerta, son espacios de convivencia ciudadana

Huerto urbano en Madrid.
Huerto urbano en Madrid.

Tras cuatro años de duro trabajo e intensas negociaciones, la comunidad de hortelanos de Madrid ha logrado que el Ayuntamiento de Madrid regularice 12 de los cerca de 40 huertos urbanos comunitarios que siembran la capital. En los próximos meses se legalizará la situación de otros 5. La Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM) y la Red de Huertos Urbanos van a proponer ampliar en once más la red en este 2015. Es así como están naciendo los primeros huertos urbanos legales en Madrid y, con ello, una experiencia pionera en España.

Decimos pionera porque es cierto que existen huertos de ocio en otras ciudades como Barcelona, Vitoria o Sevilla desde hace tiempo, pero no huertos comunitarios incrustados en pleno pulmón de las ciudades. "Desde mi punto de vista el auge de los huertos urbanos se debe a varios factores. De una parte, está la recuperación activa por parte de la ciudadanía de unos espacios que no se estaban utilizando y que, además, eran focos de basuras, alimañas e infecciones. Vecinos que reivindican espacios saludables y gratuitos, donde la gente pueda estar o trabajar sin necesidad de consumir. Por otro lado, la curiosidad de la gente joven y los nuevos padres sobre el origen de los alimentos y, finalmente, la necesidad de los más adultos e inmigrantes de recuperar entornos rurales y retomar costumbres adaptadas al entorno en el que ahora viven", dice Jorge Tabernero, educador ambiental y miembro de la Huerta de Tetuán y del Huerto Zuloaga.

Hace cuatro años, la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid instó al Ayuntamiento de Madrid a regularizar la situación de estos huertos a fin de garantizar la continuidad de unas iniciativas que en 2012 fueron elegidas como buena práctica por el Comité Hábitat de la ONU en las categoría de gestión ambiental, arquitectura y diseño urbano, y participación ciudadana y riqueza natura.
Y estas iniciativas constructivas van creciendo y se expanden por centros educativos, algunos vinculados a centros de Madrid Salud, parroquias o en campus universitarios como los huertos de "Sabia Bruta" en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de Somosaguas, "Cantarranas" en la Complutense, "Kybele" en los campos de prácticas de prácticas de Agrónomos de la Politécnica y la "Huerta de la Alegría" en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).

Desde la Red de Huertos de Madrid cuentan que hasta ahora existía por parte del Ayuntamiento un pacto tácito de no agresión a los huertos que estuvieran amparados por alguna de las asociaciones vecinales de la FRAVM, pero no es la primera vez que algunas Juntas de Distrito han ido por libre y han desmantelado huertos comunitarios. Por eso se reivindica, entre otras, cosas "una razonable regularización municipal que permita sacar a estos espacios de su actual condición de precariedad y semiclandestinidad. Ganar mayor legitimidad social y una legalidad suficiente que los haga aún más accesibles y populares".

Otro apoyo o ayuda que piden a las autoridades competentes es el agua. Antonio Gabriel y Pablo Llobera de la Red de Huertos de Madrid dicen que "las entidades concesionarias tienen que hacerse cargo del gasto de agua, algo injusto pues las empresas adjudicatarias de centros culturales o polideportivos no corren con ese gasto y estas tienen ánimo de lucro. Nosotros somos vecinos poniendo su tiempo para el bien del barrio, por eso peleamos con el Ayuntamiento para que este, o algún otro organismo público como el Canal de Isabel II, se haga cargo de ese gasto que, en total, puede llegar a ser de 800 euros por huerto al año". "Esta reivindicación la queremos en los mismos términos que el agua de los parques, que pagamos con nuestros impuestos. Es decir, no financiada o subvencionada por empresas ajenas al mundo social o que quieran sacar algún rédito", matiza Jorge Tabernero.

Se cultivan lechugas, escarolas, acelgas, pimientos, tomates, habas y, sobre todo, hortalizas aromáticas que requieren poca agua. Alimentos que van a parar a las ollas de los vecinos participantes, fiestas del barrio y bancos de alimentos.

Se cultivan lechugas, escarolas, acelgas, pimientos, tomates, habas y, sobre todo, hortalizas aromáticas que requieren poca agua

A pesar de las dificultades, dicen los implicados, que si se mira a Europa (París, Londres, Berlín, Atenas...) o Estados Unidos (Nueva York tiene regulados más de 700 huertos urbanos), el futuro es halagüeño. Con cada crisis económica severa hay un auge de los huertos. "Pero ahora en Madrid casi todo depende de la voluntad política de las autoridades. Reconocer nuestra labor, supone ceder poder y repartirlo entre colectivos y sociedad civil organizada, no siempre afines a los gobernantes y poderosos. No sabemos hasta qué punto se está dispuesto a ceder estos espacios y cuotas de poder a los movimientos sociales emergentes (ecologistas, estudiantes, 15 M, asociaciones vecinales). Es un conflicto entre las leyes que defienden los políticos de partidos convencionales y la ciudadanía que decide que quiere hacer con su ciudad", señalan desde la Red de Huertos de Madrid.

Como bien dicen estos nuevos labradores de la tierra, estos huertos son espacios políticos donde se muestra que es posible otro tipo de ciudad, más allá de los grandes planes urbanísticos o las ideas mercantilistas.

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