sábado 22.02.2020
EL PALACIO DE LA MÚSICA

Asesinato en la Gran Vía

El Palacio de la Música, enclave emblemático que el arquitecto Secundino Zuazo proyectó en los años 20, próximo candidato a ser una tienda de ropa

Palacio de la Música de Madrid. | Imágenes cedidas por Madrid Ciudadanía y Patrimonio
Palacio de la Música de Madrid. | Imágenes cedidas por Madrid Ciudadanía y Patrimonio

“Algún día todos estos cines desaparecerán y serán centros comerciales”. Como si de un visionario se tratase y señalando con el dedo los cines de la Gran Vía, uno de los personajes de la película ‘Madrid’, de Basilio Martín Patino, predijo el futuro. De los trece cines que había en la gran arteria madrileña solo quedan tres: el Palacio de la Prensa, el Capitol y el cine Callao. Y mientas, el Palacio de la Música se encuentra en pleno debate sobre su futuro. “Todo apunta a que va a pasar lo mismo que con su hermano gemelo, el cine Avenida, que ya se ha transformado en una tienda de ropa. Ahora el Palacio de la Música parece que va a correr la misma suerte”, explica a ESTRELLA DIGITAL Carlos Osorio, portavoz de la asociación ‘Salvemos los cines’.

"Nació con esa idea y tiene un montón de técnicas aplicadas para que la música y el cine suene de manera especial"

El emblemático edificio vio la luz en los años 20, cuando la Gran Vía estaba a punto de convertirse en el lugar de referencia cultural de la capital. La Sociedad Anónima General de Espectáculos (SAGE) solicitó al arquitecto Secundino Zuazo -se ganó su reputación con obras como La Casa de las Flores o los Nuevos Ministerios- que terminara el proyecto en dos años. En 1928 logró levantar una edificación de estilo barroco y con aire moderno para albergar actuaciones musicales.

Suelos y zócalos de mármol, paredes blancas y relucientes con acabados en oro, un patio de butacas con asientos forrados en terciopelo rojo, e incluso unos tubos de órganos para los conciertos. Así se inauguró el Palacio de la Música que contaba con una azotea y una sala de baile subterránea donde también se podía tomar café. “El palacio de la música es difícil que sea otra cosa, por su propia estructura, ha nacido con esa idea y tiene un montón de técnicas aplicadas para que la música y el cine suene de manera especial. Nos dicen que mantenemos una idea romántica pero no es así, a mi me gusta tener un móvil, una ‘tablet’, y coger el ascensor, no se trata de eso, se trata de preservar y eso no es incompatible con el siglo XXI”, declara Alicia Torija, vicepresidenta de Madrid Ciudadanía y Patrimonio.

Sala de conciertos, proyecciones de cine, fiestas e incluso peleas de gallos clandestinas en los sótanos. Finalmente el Palacio de la Música se convirtió en un edifico multicultural que albergó todo tipo de actividades hasta que en 2008 echó el cierre. Fue entonces cuando la antigua Fundación Caja Madrid alcanzó un acuerdo con el Ayuntamiento de Madrid para comprarlo. La condición que impuso el entonces alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón, fue mantener su uso cultural y la entidad puso en marcha las obras para convertirlo en un auditorio. “Hubo un momento en el que vimos un rayo de esperanza porque lo compró Caja Madrid para hacer una sala de conciertos, pero llegó la crisis de Bankia y lo ha querido vender a quien lo compre y parece que estos días se está produciendo la venta al grupo de moda Mango”, asegura Osorio.

De edificio emblemático a tienda de ropa

Se pusieron en marcha las obras para acondicionar el espacio y transformarlo en un auditorio respetando los elementos originales del edificio, pero el desastre económico de la entidad paralizó el proyecto. Ahora todo apunta a que será la empresa catalana Mango la que va a adquirir el antiguo cine. Ochenta años de historia en una tienda de ropa.

“La reforma está bien hecha, los arquitectos que lo han visitado piensan que se ha puesto en valor todo su interior. Nos parece dramático que después de la inversión que se ha hecho, que de alguna manera hemos pagado entre todos, después de que existiese ese compromiso de mantener su uso cultural, al final se pierde por un valor terciario. No es que estemos en contra de las tiendas de ropa, pero seguro que hay otros lugares donde se pueden ponerlas”, comenta Alicia Torija, vicepresidenta de Madrid Ciudadanía y Patrimonio.

Cine, fiestas e incluso peleas de gallos clandestinas en los sótanos

La firma Mango se ha comprometido a mantener un espacio cultural dentro del comercio, sin embargo, esta opción no convence a las distintas asociaciones. “Como les da vergüenza, Mango ha llegado a decir que van a hacer programación cultural en la tienda y eso nos parece una tomadura de pelo. ¿Qué pretenden? ¿Poner una pantalla y que la gente mire mientras compra ropa? Es un insulto al cine, el cine es un arte y el arte necesita espacios adecuados para su exhibición de la misma manera que no se ponen cuadros de Velázquez en los pasillos de un supermercado. De los 500 cines que había en los años 70 en la Comunidad de Madrid, hemos pasado a 50 y precisamente es en el centro donde más se han perdido”, denuncia Osorio.

Coger el coche para ir al cine

La plataforma Salvemos los Cines teme que las salas terminen por desaparecer en el centro de Madrid a causa de la piratería incontrolada y la dejadez de las administraciones. “Hay gente que viene a pasear y que a lo mejor no se puede pagar un musical en la Gran Vía. Como los poderes públicos no están tomando nota, nos preocupamos nosotros de insistirles en que se debe hacer algo. Muchos espectadores empezamos a tener la sensación de que cuando quieres ir a ver una película tienes que coger el coche e irte lejos”.

Desde Madrid Ciudadanía y Patrimonio y Salvemos los Cines consideran que la intención de la alcaldesa Ana Botella es convertir la Gran Vía en un gran centro comercial. Piden que el edificio sea declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en categoría de monumento. “Parece que a nuestro Ayuntamiento lo que le gusta son las cáscaras. Basta con pasearse por el centro de Madrid para ver que lo que se pretende es fomentar un turismo de compras, no un turismo de histórico y de calidad. Parece que solamente el Museo del Prado  y el Museo Reina Sofía sean las dos cosas que mantienen el valor cultural y el consistorio tiene una línea estratégica de desprotección generalizada”.

La lista de edificios culturales que se encuentran en estado de abandono es larga. El Frontón del Beti Jai está en ruinas, el futuro del teatro Albéniz en la calle Paz pende un hilo a la espera de decisiones bancarias, el Conde Duque lleva años en obras para rehabilitar sus infraestructuras y el cine Bogart está vacío desde 2001, cines cerrados en la plaza del Carmen y en toda la calle Bravo Murillo. La riqueza cultural de Madrid se extingue y el turismo cae. La Comunidad de Madrid recibió un 5,3% de turistas menos en el 2013 respecto al año anterior.

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