lunes 14.10.2019
VIOLENCIA DE CONTROL

Amor vigilado

Casi el 95% de los jóvenes españoles consideran inaceptable la violencia física o verbal pero sólo un 67% rechaza el control o la manipulación por parte de su pareja. La preocupación por la “violencia de control” aumenta tras el informe presentado hace unas semanas por la Secretaría de Igualdad

El control entre las parejas cada vez aumenta más | Archivo
El control entre las parejas cada vez aumenta más | Archivo

Preocupante. Esta es la situación actual en España si nos referimos a las relaciones de pareja entre los jóvenes españoles y la alarmante “violencia de control”. Según un estudio de la Secretaría de Igualdad y Servicios Sociales, uno de cada tres jóvenes de entre 15 y 29 años considera “aceptable” este tipo de comportamientos. Saber a qué hora llegas, con quién vas o a dónde, son sólo algunas de las circunstancias permitidas por mujeres y hombres dentro de la pareja.

“Debemos estar especialmente preocupados por la percepción de los jóvenes sobre la violencia de género, que sean capaces de reconocer estas situaciones para ponerles freno y evitar el riesgo de convertirse en víctimas o en maltratadores en un futuro”, contaba Susana Camarero, secretaria de Estado de Igualdad. Los datos muestran que casi un 95% de hombres y mujeres consideran inaceptable la violencia física o verbal pero sólo un 67% rechaza el control o la manipulación por parte de su pareja.

La mayoría coincide en que estas actuaciones son propias de una persona “insegura, falta de confianza, tanto propia como en su pareja, y celos”. También reconocen “cambiar” su forma de ser o simplemente medir las cosas que hacen para no enfadar a su acompañante.

“Creo que son personas con falta de autoestima, estrictas y egoístas”, afirma Lara Varela, joven estudiante de Farmacia residente en Madrid. “He llegado a sentirme influida por una pareja que tuve. El problema es que creo que yo misma he permitido que me controlara. Con la edad y la experiencia aprendes a valorarte más y a no permitir este tipo de situaciones”.

“Si hablaba con alguien por teléfono siempre quería saber quién era. Tenía mi contraseña de redes sociales y mi correo electrónico. También me decía cosas a la hora de vestir”, confiesa Lara a EstrellaDigital.es, y añade que nunca ha cambiado su forma de ser pero “sí he medido a la hora de hacer algunas cosas para evitar una pelea”.

Las más afectadas en este tipo de relaciones suelen ser mujeres. Hasta un 34% del género femenino tiene constancia de violencia de género en su entorno más cercano, mientras que en los hombres la cifra baja hasta el 24%. De esta forma, no hablamos sólo de agresión física sino también psicológica y “violencia de control”, la más “permitida” dentro de las relaciones personales. 

Realizando un sondeo entre universitarios de entre 20 y 30 años descubrimos el elevado número de jóvenes que confiesan haber formado parte de una relación dañina. “Me considero una persona de mucho carácter. Intento moderarme pero porque sé que a mi pareja le hace daño que me enfade por tonterías. En el sentido de salir por ahí nunca nos hemos puesto trabas, hago lo que quiero cuando quiero y mi pareja también”, declara Inés Pérez, estudiante de Medicina.

Inés va acompañada por una amiga, también estudiante de medicina de 23 años, que asegura haber vivido una “relación tóxica”: “En este caso era él. Empezó a ser más controlador. Le gustaba saber dónde estaba, con quién, cómo iba vestida... Durante un tiempo continué la relación intentando hacer las cosas de forma en que él no se enfadara constantemente, pero cuando fui consciente de lo que estaba pasando lo dejé”, manifiesta.

La joven, que excusa a su expareja por “falta de madurez”, asegura que nunca actuó “de forma violenta” pero sí era muy inseguro: “Tenía miedo de perderme y no se daba cuenta de que su actitud fue el motivo por el que la relación se terminó”.

Las mujeres no son las únicas que se ven perjudicadas en este tipo de relaciones que en muchas ocasiones derivan en “violencia de género”. “En alguna ocasión me he sentido manipulado por mi expareja. A veces dejaba de salir con mis compañeros de la universidad para evitar que se enfadase, para que no pareciera que no la quería tanto como para estar con ella siempre o simplemente ser un inmaduro que de va de fiesta”, dice Iván Izquierdo, graduado en Comunicación Audiovisual. 

Según Miguel Silveira, psicólogo, las relaciones personales son en ocasiones “relaciones de poder donde alguien trata de imponerse a otra persona de diferentes formas, a cualquier edad y en cualquier tipo de relación”. “Las personas con tendencia a dominar descubren que sí tienen poder pueden 'someter' a la otra persona con la intención de lograr sus apetencias y sentirse más cómodos”, afirma.

Silveira cuenta a EstrellaDigital.es cómo la inseguridad se apodera de este tipo de personas: “A menudo me encuentro con hombres y mujeres que, en cuanto pueden, miran el móvil de su pareja porque desconfían de ella, con o sin motivo”. 

Laura Cerviño, psicóloga de Cruz Roja afirma que no es cuestión de edad sino de “patrones del comportamiento”, es decir, que la personalidad del individuo es la que marca la forma de actuar y, por lo tanto, debe ser detectada “para prevenir que estos comportamientos se mantengan con el tiempo”: “Este tipo de comportamientos resultan preocupantes cuando se convierte en algo habitual, e incluso yendo a más, influyendo en el resto de áreas de vida (abandono de amistades y de actividades de ocio, problemas con la familia...) provocando un aislamiento social”.

“Una vez que se empieza a ser consciente, es cuando se buscan justificaciones al comportamiento inadecuado del otro. Es habitual que personas del entorno intenten hacer ver a la persona controlada el daño que le están haciendo, y que ésta lo justifique” afirma Cerviño, añadiendo que “no es fácil abandonar una relación de este tipo, por el vínculo tan fuerte que se puede llegar a crear”.

Finalmente, defiende también que el síntoma principal de este tipo de personalidades es la inseguridad, como consecuencia de un déficit importante de autoestima: “El sentirse inseguro/a es lo que lleva a este tipo de personas a ejercer un control sobre su pareja, al igual que puede ocurrir en el resto de las facetas de su vida (ámbito laboral, familiar..). Este tipo de conducta puede funcionar como un mecanismo de defensa ante la multitud de miedos que tiene la persona”, concluye.

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