martes 14.07.2020
TODOS SUS SECRETOS

Los grandes misterios de las posesiones de ‘Águila Roja’

Desde la escuela "cerrada" a caballos "invisibles", áticos bunkers y trajes de super héroe de mercadillo

'Águila' y Satur, con los dos caballos "invisibles".
'Águila' y Satur, con los dos caballos "invisibles".

Por mucho que, a diferencia de otras series, en el plató de 3.000 metros cuadrados en el que se rueda todo parezca real (los materiales son reales y está construido en 360 grados, lo que significa que cuando pasan de una habitación a otra lo hacen de verdad), en ‘Águila Roja’ es muy difícil creer que todo lo que ocurre en la serie es normal y hasta que uno se encuentra en el siglo XVII (de ahí para atrás cualquier siglo hubiera sido igual de creíble).

Ninjas, gladiadores y santos griales al margen, el propio submundo del protagonista reúne tal cantidad de misterios que el mismísimo Iker Jiménez podría llenar una temporada completa intentando desvelarlos. Aquí vamos a intentar tan sólo mencionarlos, y a buen seguro que coincidiremos en la mayoría de los casos con las inquietudes de muchos telespectadores cuando ven esta ficción, palabra que sin duda no hay nunca que olvidar para ser magnánimos con la producción.

La escuela

¿Cuándo van al colegio los niños de esa villa? Parece que nunca. Antes, en anteriores temporadas, en cada capítulo, o al menos en uno de cada dos, se solía colar una escena en la escuela, con Gonzalo intentando dar clase y con Satur entrando en la sala con la misma facilidad con la que entra sin llamar todo bicho viviente en las estancias personales de la marquesa.

¿Qué hacen Alonso, Murillo y demás críos del lugar durante todo el día? Pues el primero debe estar pensando qué tontería dice para enervar a su padre y soliviantar al telespectador contra él por su manía de complicarlo siempre todo,  y el segundo debe estar haciendo bocetos de los lienzos que se le presupone haría en una edad más tardía,  mientras el resto de vástagos zascandilea por los bosques a los que, según se constata en la serie, es muy fácil acceder.

El maestro, es decir, ‘Águila Roja’, bastante tiene con estar también por los citados bosques, cual Robin en busca de normandos a los que desplumar, o intentando salvar a cualquier alma en peligro, por muy agnóstico que sea.

Los trajes

De acuerdo que en aquella época no existían los medios que ahora tiene Marvel para recrear las indumentarias de sus superhéroes, pero sin duda que lo de los trajes del héroe y su acompañante se los podrían haber currado un poco más.

Sobre todo el de Satur. ¿Alguien puede entender por qué se pone esa ridícula capucha para pasar desapercibido? ¿Nadie de la producción se ha dado cuenta que con esa capucha se le ve el rostro con la misma nitidez que si no la llevara puesta?

Claro que si ese es un misterio, qué decir de ese zurrón de pastor que le cuelga hasta el suelo y del que, a diferencia del baúl de Mari Poppins, nunca sale nada. El traje no tiene sin duda desperdicio y sólo se entiende si lo que se pretendía era fomentar una sonrisa en el telespectador.

El del ‘Águila’ está más currado, por mucho que todavía no haya nadie que pueda creer que no hay una persona que le haya visto en acción que no haya reconocido esos ojos y esa voz que, a diferencia de Darth Vader, no varía un tono de la de Gonzalo.

Los caballos

No deja de ser también curioso que en una casa en la que siempre están “llorando” por la falta de dinero o comida, como en la mayoría de los hogares de esa calle en la que transcurre casi toda la acción, haya dos caballos que, como si de la película del hombre invisible se tratara, desaparecen o aparecen vaya usted a saber cómo.

Supuestamente tendrían que estar donde, de vez en cuando, algún alma caritativa los cepilla y da de comer, pero ahí lo mismo están los animales que la bañera para que alguien se asee, o Margarita colgando la ropa. ¿Dónde pasan el resto del tiempo los equinos? Sí, pudiera ser que trotando libremente por el famoso bosque.

Por qué puerta salen cada vez que se van de aventuras, ya sean nocturnas o diurnas, el ‘Águila’ y su escudero, es otro fenómeno paranormal. O lo hacen volando, lo cual sería algo que pasaría desapercibido visto lo visto, o los caballos, como se ha dicho, se vuelven invisibles y hacen invisibles a sus jinetes. Sólo así se entendería que nadie hubiera visto nunca a los dos “héroes” salir de la casa del maestro.

El ático del ‘Águila’

Si Batman tenía su “bat cueva”, el protagonista de la ficción de La 1 tiene su ático particular. Antes parecía que contaba con una trampilla que daba al piso de abajo, y últimamente parece que da directamente a la azotea, donde a lo mejor están los caballos esperándoles.

¿Cuántas plantas tiene la residencia del hombre que ha acabado con el antiquísimo dicho de “pasas más hambre que un maestro escuela”? Yo creo que ni su propietario lo sabe, porque es de suponer que entre la zona donde come la familia y la habitación escondida donde el ‘Águila’ y Satur maquinan sus aventuras y guardan sus ropas (¿estarán en ese baúl los caballos?) debe de haber otra planta como mínimo, para que nadie de los de abajo oiga jamás a los de arriba.

O eso o que, viendo que ni tan siquiera oyen los ruidos que hacen cuando de los “huéspedes de arriba” se enfadan y tiran algo al suelo, espadas incluidas, Margarita y Alonsito son sordos, y de ahí que el protagonista nunca quiera dar el paso de declararse a la chica y que el niño sea tan lerdo como aparenta en las más de las ocasiones.

La casa en sí

Claro que si el “ático” está en la zona más alta de la vivienda, como es de suponer, uno tampoco llega a entender por dónde accedía Alonsito al tejado cada vez que, sobre todo en capítulos ya antiguos, lo mismo se sentaba en las tejas a ver las estrellas que a hacer una llamada al ‘Águila’ para ver si le podía echar una mano en cualquier conflicto (sí, su hijo tampoco le ha reconocido nunca ni la mirada ni la voz).

La casa debe ser casi tan grande como la de la marquesa, viendo cómo cada vez que alguien tiene necesidad de refugio lo encuentra en la misma. Da igual que sea la hermana de Penélope Cruz que Cipriano o una ciega o la familia de los equinos del piso, que a buen seguro también pedirán asilo el día menos pensado.

Habitaciones con doseles demuestran el “poderío” económico del maestro que, como ha quedado dicho, ejerce de cualquier cosa menos de tal.

Las velas

Lo de las velas da sin duda para otro misterio por sí solo. Ni en una iglesia católica en plena Semana Santa o en las fiestas patronales de una localidad hay tantas velas como en el ático del ‘Águila’.

¿Quién las enciende? ¿Las apaga alguien cada vez que se van de excursión? ¿Por qué unas están mucho más gastadas que otras si siempre están todas encendidas?

Si antes hacía referencia a la presunta sordera de alguno de los habitantes de la casa, aquí habría que decir que tampoco deben tener el sentido del olfato muy desarrollado, ya que se antoja difícil que nadie oliese a ceramen con tanta candela encendida.

O hasta  que les falle el sentido de la vista, ya que con esas tablas que hacen de suelo en esa vivienda lo normal sería que más de un destello de luz pasara a través de ellas y les hiciera preguntarse de donde viene dicho haz.

Los libros

En ese “ático”, al margen de las velas, lo que no faltan nunca son libros en los que encontrar cualquier duda que tenga su dueño. Ni la Biblioteca de Alejandría pudo nunca presumir de tener una colección como la que tiene el ‘Águila’ en su nido.

Que Satur o su dueño tiene una pregunta por resolver, ahí está presto el segundo para ir a cualquier estantería de la sala y coger el libro con el que todo queda resuelto.

Es más, como si se los supiera de memoria, ni tan siquiera tiene que mirar el índice o empezar a leer desde el principio para encontrar las respuestas en apenas unos segundos (debe ser por aquello de que el tiempo en televisión es oro y no se puede malgastar, y mucho menos en libros). Lo abre por donde sea y, ¡oh, milagro!, ahí está la solución.

La puerta de entrada

Tampoco era cuestión de poner una puerta a la vivienda tan moderna como la de, por ejemplo, la casa futurista de Álvaro Cervantes en ‘Hermanos’, pero ¿no podían haber colocado una a ras de suelo para que accedieran a la vivienda Alonsito y compañía?

Pues no. Dado que, como ha quedado constatado, nadie sabe dónde está la puerta que da al habitáculo multiusos de caballos, bañeras y tendedero, para entrar en la casa los protagonistas tienen que subir unos escalones que dan a la calle, quizás conscientes de que ninguno de ellos envejecería tanto como para tener problemas de accesibilidad cuando fueran mayores.

Eso sí, cuando algún “huésped” entra en el “comedor” de repente (sobre todo guardias del Comisario) acceden directamente a él, dando a entender que el mismo no está precisamente a la altura de la calle.

La cutrez de la entrada contrasta con la amplitud luego de la vivienda, en la que nunca falta un fuego encendido en la cocina, sin verse nunca quién ha sido el responsable de haberlo preparado.

Margarita

Aunque, al menos de momento, Margarita no es ninguna “posesión” del ‘Águila’ (ya quisiera él), lo de la chica es un fenómeno de carne y hueso.  Hasta los profanos en la materia saben que cuando algún actor no aparece mucho, o nada, en un capítulo de una serie no es porque los guionistas se hayan enfadado con él y no le hayan tenido en cuenta sino porque sus otros trabajos profesionales le habrían impedido estar presente en su rodaje, pero aquí también algo chirría.

Y es que pese a que se entienda que Inma Cuesta es hoy en día una de las actrices españolas más solicitadas, lo que no se explica nunca es dónde anda la moza cuando en determinados episodios desaparece por completo y nadie pregunte por ella. ¿Tanto la odian en esa casa para no echarla de menos?

Claro que en esto de las “desapariciones” más de uno, como Alonso o Cipriano, tendrían que preguntarse también dónde está el resto de los habitantes de la casa, dónde pasa el tiempo un maestro y su criado, sino están en la escuela ni haciendo labores domésticas. Parece que estas dudas sólo las tienen los telespectadores.

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