sábado 27/11/21
ESTRENA TEMPORADA

'Águila Roja' y los patinazos históricos

La serie, a la que no abandona el éxito, discurre en el siglo XVII. Eso no es problema para que sus protagonistas  hablen de fregonas, inventadas en 1964, tres siglos después, o usen Katanas ninjas en la España de Felipe IV

Un ninja y una katana en la España del siglo XVII.
Un ninja y una katana en la España del siglo XVII.

Vampiros, gigantes que comían mujeres, ninjas, gladiadores… Cualquier tipo de espécimen tiene cabida en ‘Águila Roja’, la serie que vuelve este jueves a la pantalla de TVE. ¿Pero a alguien le importa eso cuando se trata de entretener? Basta con darse una vuelta por las redes sociales para darse cuenta de que sí, que hay muchos telespectadores que no entienden el por qué el hecho de ser ficción tiene que estar reñido con una mejor documentación histórica.

La verdad es que cuando Globomedia se planteó el proyecto si algo tenía claro es que además de entretener quería contar la historia de la corte de Felipe IV de la manera más fiel posible a la historia.

De lo primero se encargaría el héroe creado para tal efecto, una especie de salvador del pueblo al estilo Robin Hood pero con más fundamentos que el mismísimo ‘Batman’. De lo segundo una historiadora que tendría que documentar al equipo de guionistas cada vez que éstos la requirieran. De ahí salió el mismísimo Felipe IV, porque querían un siglo complicado, con tragedias de por medio y con epidemias, supersticiones, torturas y creencias de las que nutrirse, más que por el parecido con el actual monarca español, si se cambia el orden de los números romanos.

La mezcla propició credibilidad en algunos puntos, como el personaje del Comisario y sus técnicas de tortura, con instrumentos para la misma suficientemente documentados. Ahí no se maquillaba la realidad, pero no todo terminó siendo tan “creíble”.

“Fiascos” históricos

Y es que si lo del Comisario sí cuela, lo que no lo hace, por ejemplo es el protagonismo que tiene el Cardenal Mendoza, más que nada porque éste es un personaje del siglo XV que fue consejero del Rey Enrique IV (vamos, que sólo se ha acertado en lo del “IV”).

Sí coinciden ambas épocas con la corrupción en las altas instancias de la iglesia, algo que se ha dado a lo largo de los siglos, pero, es más, el auténtico Cardenal Mendoza, hijo del MARQUÉS DE SANTILLANA (a lo mejor de ahí salió el nombre de la condesa) legitimó a sus hijos, que heredaron todo su patrimonio, muy abundante porque fue un gran mecenas de las artes, pero en modo alguno tuvo aspiraciones a ser Papa, todo lo contrario que el cardenal de la ficción.

También se podría poner más que un reparo a lo de que Felipe IV era el que gobernaba, cuando esto en realidad sólo se produjo durante los últimos años de su vida, tras deshacerse del conde-duque de Olivares, que era el que en realidad llevaba el reino hasta su defunción.

Felipe IV no era tan mayor como sale en la serie e incluso habla de una ayuda que recibió del Vaticano en el tema portugués (se supone que se trataba de la revuelta portuguesa de 1640) no debía tener más de 40 años y en la ficción parece tener más de 60.

Fallos “curiosos”

Eso sí, no todo va a ser fijarse en la historia en sí del monarca para encontrar temas en los que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Tanto en los diálogos como en determinados utensilios se demuestra que no todo está debidamente documentado, pese a recordar que, con el paso de los capítulos, la productora decidió excusarse en el hecho de que se trataba de una ficción y que no había que ser tan meticuloso a la hora de ver un producto de este tipo.

Por eso tampoco hay que lapidar al que escribió en el texto de Satur la frase “si yo voy como un reloj”, cuando el primero de bolsillo lo creó Christian Huygens en 1665, el mismo año en el que, curiosamente, murió Felipe IV. A lo mejor el criado del Águila se refería a los de torre, de los que se tuvo conocimiento en España en 1378, cuando se recogen en un documento las condiciones establecidas entre el cabildo de la catedral de Valencia y Juan Alemany, maestro de relojes procedente de Alemania, para realizar un reloj de esfera grande para ubicarlo en el antiguo campanario.

También podríamos aceptar como animal de compañía a las katanas del protagonista, dado que las primeras que llegaron a España datan de 1614 (el ‘Águila’ se podría haber hecho con una), cuando una expedición japonesa arribó a la Península Ibérica e hizo entrega de dos de ellas al alcalde de Sevilla.  Lo de los ninjas ya es otra historia que no tiene mucha explicación.

Poco discutible es también el que una mujer leprosa le dijera al protagonista nombres parecidos a Laura, porque no se acordaba de uno y saliera el de Lourdes, cuando en realidad este nombre comenzó a ponerse en circulación a partir de 1858, tras aparecérsele a Bernadette Soubirous la virgen en la población francesa de Lourdes.

Puestos a seguir especulando, en la primera temporada el barbero hablaba de la “gilette” y la fregona. Las maquinillas las inventó el estadounidense King Camp Gillette a finales del siglo XIX, mientras que la segunda, entendida como tal, la creó el riojano Manuel Jalón Corominas en 1964, por lo que ni las primeras ni la segunda eran populares en aquel siglo XVII que nos ocupa.

En fin, muchas curiosidades que demuestran que ‘Àguila Roja’ no es tan certero en todo, y que a menudo ha pinchado en hueso, sobre todo si se pretende ser puntilloso con la serie y con aquella idea inicial de la productora de ser lo más fieles posibles a la Historia. No todas las series son en este sentido como “Cuéntame”.

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