jueves 25/2/21

La solución para los divorcios con hijos menores puede estar en la mediación familiar

El año 2020 ha sido un punto de inflexión. Un antes y un después en la vida de muchas personas. Todos recordarán dónde pasaron los meses de marzo, abril y mayo. De quién se rodearon y quién les hizo su estancia en casa más amena. Otros, en cambio, encontraron en este momento el tiempo necesario para reflexionar, abrir los ojos y tomar una decisión definitiva sobre su futuro sentimental separándose de la persona con quien años o meses atrás emprendieron un plan de vida compartido

divorcio

Decía Maquiavelo que las decisiones que son firmes son ajenas al poder de la fortuna. No hay nada más potente que la seguridad de una idea clara. Sin embargo, el decidir no está reñido con el ser empático. Ponerse en la piel de la otra persona en ocasiones puede resultar clave para ser conscientes de la repercusión de la decisión que se ha tomado.

Y ya no sólo se trata de ser empático con la ex pareja, que también, sino con los hijos o hijas en común de la pareja si los hubiera. ¿Cuánto puede influir en un niño un divorcio o separación? Al final se está cambiando un contexto por completo: ya no te puede llevar al “cole” la persona que lo hacía habitualmente, la felicidad de los domingos en familia se ha sustituido por discusiones y estrés por ver quién impone su punto de vista… Tú lo notas y esto te empieza a afectar en clase y en tus actividades extraescolares. Algo ha cambiado.

La mediación familiar

Desatado el conflicto, llega el momento de buscar una solución para amarrar todos los cabos que se han desatado. Generalmente los padres, a punto de ser ex cónyuges, buscan asesoría legal en un abogado de familia. El despacho Casasempere Abogados con oficina en Alicante es especialista en este tipo de asuntos y coloca a la mediación familiar como la herramienta más recomendable para estas casuísticas.

Para aquellos que la desconocen, la mediación familiar permite resolver los conflictos relacionados con el Derecho de Familia fuera de los tribunales, de una forma cercana, amistosa y conciliadora. Así lo explica el letrado José Miguel Casasempere Valls, que apostilla que “los procesos judiciales son fríos” y “generan mucho más distanciamiento entre los puntos de vista de los padres tras el divorcio”.

Esto es así porque “la abogacía tradicional se basa en querer tener la razón y ganar por encima de todo”. Algo que “alimenta el dolor que genera la ruptura y provoca que tras un proceso judicial exista aún mucha más tensión”.

Por ello este letrado alicantino reconoce que “el principal beneficio de la mediación familiar es que es una herramienta más cálida y humana, porque permite que ambos padres expresen sus puntos de vista”. Y no sólo eso, también posibilita que “traten de centrar las posturas en lo realmente importante, el beneficio de los hijos en común”.

El juzgado es un parche temporal

Al zanjar su explicación, el propio Casasempere Valls aclara que “aquello que se pacta de común acuerdo siempre es cumplido de forma más favorable”. De hecho, la mediación se lleva utilizando muchos años antes de que surgiera como tal esta figura. Por último afirma que “siempre es más aconsejable acudir a mediación, ya que el juzgado es un parche temporal que no permite poner punto y final al conflicto”.

En esta misma línea versa el discurso de la letrada Elena Crespo que refuerza esta opinión y dice que “las soluciones alcanzadas a través de la mediación pueden ser potencialmente más duraderas, ya que son fruto del compromiso de las partes implicadas y no de la decisión de un juez”.

Es más, ella suele plantear a todas las personas envueltas en esta situación una misma pregunta: “¿Quién prefieres que decida sobre tu futuro?”, de tal manera que cuando les dibuja esta disyuntiva y tienen que elegir entre ellos mismos, a pesar de sus diferencias, o una tercera persona que es ajena a su vida y que va a decidir cómo tienen que organizarse, tienden a comprender que esta alternativa, la de la mediación familiar, es la mejor. 

A lo que añade que “cuando la solución final queda en manos del juez, las partes implicadas pierden el control sobre la solución y es posible, incluso probable, que no queden contentas y vuelvan a acudir a la justicia”. Algo que demoraría aún más la solución real y repercutiría negativamente en los hijos menores.

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