jueves 27/1/22

Pequeños gestos que marcan la diferencia: desde donar pelo a sillas de ruedas

Donar el pelo, comprar juguetes para niños, dejar parte de una herencia o montar una red para hacer llegar ropa, comida y dinero a los más necesitados son los "pequeños gestos" solidarios que Begoña, Cassandra y Arturo cuentan a Efe en el Día Internacional de la Solidaridad

pelo

El 31 de agosto, como cada año, se conmemora este día en honor al movimiento social polaco de un gremio sindicalista llamado Solidaridad que, junto con otros muchos, fue responsable de la caída del muro de Berlín y cuyo dirigente, Lech Walesa, fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1983.

PELUCAS CON MUCHA VIDA

La historia solidaria de Begoña Duque, una joven sevillana de 25 años, comienza con una comunión y una peluca. Desde hace varios años Begoña colabora en una asociación dedicada a acompañar a niños hospitalizados (Andex). Allí conoció a Paula, una pequeña de 8 años que padece cáncer.

Paula debería haber celebrado su primera comunión, pero al estar ingresada no pudo. Aún así recibió regalos, entre ellos una peluca. Desde que Begoña presenció la ilusión con la que la niña recibía la peluca, decidió que tenía que ayudar de alguna manera a incrementar esa felicidad.

En 2015, en una de sus visitas a su peluquería "de confianza", cuando se cortó el pelo lo metió en una bolsa, la bolsa en un sobre y el sobre en un buzón de Correos que llegó hasta Málaga, a la asociación Mechones Solidarios.

"Mando mi pelo como si fuese una carta", bromea Begoña, a la vez que asegura que se ha creado "una red muy grande" de solidarios que donan su pelo a los pacientes de cáncer que lo necesitan. "Como no me cuesta nada, no creo que haga algo extraordinario", concluye la joven, que dentro de poco volverá a pasar su pelo por las tijeras.

ACCIONES SOLIDARIAS EN FAMILIA

Arturo y sus dos hijos, de 12 y 10 años, emprendieron juntos, hace ya casi siete, la tradición de llevar cada 6 de enero juguetes a los niños del Centro de Atención a Personas con Discapacidad Ángel de la Guarda de Soria.

Los hijos de Arturo ahorran durante todo el año una pequeña cantidad de dinero con la que compran pequeños detalles para estos niños. "La misión", como le llaman ambos, se ha convertido en un ritual y, según cuenta el padre orgulloso, ellos ya prefieren ir primero a "dejar los regalos de los críos" y luego abrir los suyos el día de Reyes.

"Es importante que desde pequeños vean que hay que ser solidarios; este es el punto de partida", asegura Arturo que añade que gracias a este sus hijos comprenden el valor de la solidaridad y, sobre todo, la difícil situación de muchos de los niños del centro.

Reparten entre 70 y 80 regalos entre los niños y desde hace dos años también obsequian a los trabajadores sociales.

"AUNQUE DES UN EURO, SIRVE"

Gracias a una agencia de viajes sevillana, en Jordania una familia sin recursos ha conseguido tener wifi para que los niños estudiaran durante la pandemia o una niña parapléjica, también sin recursos, se ha hecho con una silla de ruedas para poder moverse con menos dificultad.

La dueña de esta agencia "solidaria" es Cassandra. Comenzó hace unos diez años viajando por trabajo, viendo desde fuera -como empresaria y turista- las necesidades que tenían los vecinos de los pueblos que visitaban. Acabó creando una "red" entre guías, turistas y nativos en la que el "boca a boca" les ha ayudado a identificar qué necesitaban.

"Esto es una cadena que alguien empieza, pero sin los eslabones no funciona", señala la mujer para defender que, aunque idea y proyecto sean suyos, sin la ayuda de todas las personas que colaboran para recolectar y enviar lo que necesitan a Jordania y Marruecos, los dos países a los que más material y dinero envía, la asociación no funcionaría.

El trabajo que realiza esta sevillana llegó hasta oídos de la aerolínea jordana con la que suelen hacer los viajes. Gracias a la comunicación entre ambos, ahora la mujer explica que les dejan embarcar sin coste algún material, como sillas de ruedas.

LA ÚLTIMA VOLUNTAD DE PIEDAD

Piedad Aguilar, vecina del pueblo andaluz de Cúllar Vega (Granada), es un ejemplo de cómo incluso después de la muerte se puede ser solidario.

Durante muchos años había colaborado y participado activamente en diversas actividades municipales. Este año, Piedad falleció por coronavirus a los 78 años pero dejó escrita su última voluntad: dejar 30.000 euros de su patrimonio al pueblo donde había vivido siempre.

Como informó recientemente el ayuntamiento, Piedad detalló en su testamento que esta cuantía debía destinarse a financiar diversos proyectos sociales y culturales de Cúllar Vega. Un "pequeño gesto" solidario que marca la diferencia.

Y la marcan también innumerables acciones más de personas anónimas, como la de ese hombre mayor que dos veces al año compra con su dinero sacos de dormir, calcetines y otras prendas de abrigo en una conocida tienda de deportes para donarlo a los indigentes de su ciudad. EFE

 

 

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