martes 12.11.2019
EN CUATRO AñOS SE HAN DUPLICADO LAS DENUNCIAS

Padres maltratados por sus hijos, una realidad creciente

Cualquier pequeño detalle basta para desatar el infierno. No me has lavado la camisa, quiero esas zapatillas o llegar más tarde a casa. La violencia no es sino un medio para lograr aquello que creen que merecen. Hijos que agreden a sus padres, cada vez más jóvenes, cada vez antes

Sin distinción de clase social, ni sexo. Los datos hablan de 4.760 denuncias en 2013 según la Fiscalía General del Estado. "En cuatro años se ha duplicado el número de denuncias",  nos dice Javier Urra, psicólogo y ex defensor del Menor de la Comunidad de Madrid. "Pero, en realidad, hay muchos más casos. Hay que tener en cuenta que no se pueden denunciar a menores de 13 años, ni a mayores de 18. La edad de comienzo para exigir responsabilidad penal está situada en nuestro sistema de Justicia en los 14 años y se extiende hasta los 18. Además, la mayoría de la veces, la judicialización de este tipo de maltrato es poco habitual, porque los propios padres no quieren denunciar a sus hijos.", añade Urra también presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Violencia Filioparental (SEVIFIP).

Para comprender el problema hay que ponerse en la piel de los padres. "No es nada fácil denunciar a tu propio hijo. Las causas para no hacerlo, además, son muchas: vergüenza, miedo a otra nueva agresión, frustración y sentimiento de fracaso como educador, como padres...", asegura Nahikari Sánchez Herrero, investigadora y profesora de criminología. "En cualquier caso, siempre es muy duro reconocer que tienes un hijo que te golpea, te ridiculiza, te llama puta", afirma Urra.

"Las cifras aumentan todos los años y todos los años disminuye la edad de los agresores y crece el número de chicas", matiza Urra.  "La visión que se tiene de que estás experiencia solo ocurren en familias desestructuradas, en el umbral de la pobreza o en riesgo de exclusión social, tampoco es real. Esto sucede en las mejores familias, en hogares donde o bien el padre, la madre o ambos, tienen una licenciatura universitaria y buenos puestos de trabajo. Se trata de una patología social que cada vez va a más y por eso debemos concienciar a la ciudadanía y a las administraciones para reducirla", asegura Javier.

La edad media en la que comienzan los conflictos suele ser de 16 años, y en muchos de los casos la agresividad de los hijos hacia sus padres se traduce en violencia física. "Empiezan a agredir con las palabras, luego emocionalmente, psicológicamente, rotura de mobiliario después aparece el robo y, por último, los golpes. Este suele ser el proceso", afirma Urra. Aunque los expertos coinciden en señalar que no hay un perfil único de adolescente que agrede a sus padres. "En los últimos años, los menores que agreden a sus padres no tienen por qué ser de familias o medios desestructurados, pueden ser incluso buenos estudiantes y estar perfectamente integrados en el contexto escolar, pero en casa comportarse como unos tiranos, intentando tener el poder y el control absoluto sobre sus padres. Y es cierto que hay un porcentaje elevado de chicas agresoras. Con todo, si tenemos que comentar unas características determinadas del perfil, podemos decir que es varón, que comienza a agredir verbalmente y a chantajear a sus progenitores sobre los 10 años, y a pegarles a los 16. Normalmente, además, la víctima es la madre", puntualiza Sánchez Herrero.

Las causas de la violencia de los adolescentes hacia sus padres viene determinada por la propia sociedad en la que nos encontramos, con la existencia de una gran permisividad hacia comportamientos inadecuados de los menores, y formas educativas en la que no se ponen límites y se deja hacer. "En la educación es importante el respeto, la constancia y la coherencia. Los menores deben saber cuáles son las normas, las reglas, qué tienen que hacer y qué no pueden llevar a cabo.", asegura Sánchez Herrero.

"Se trata por tanto, de una violencia cada vez más frecuente, en la que no es necesario ningún tipo de motivo para que se pueda desencadenar. En muchas ocasiones, una simple discusión de carácter trivial, como cuando al hijo se le lleva la contraria en algún deseo o no se le concede aquello que solicita, puede generar incidentes muy desagradables que hacen insoportable la convivencia familiar", coinciden los expertos.

Lo fundamental, lo más importante y lo que hay que intentar conseguir es que las familias pidan ayudan, que se asesoren y que acudan a los profesionales. "Que den un paso adelante y no permitan que está situación se alargue en el tiempo", dice Sánchez Herrero. La prevención y recuperación es posible y, hoy en día, existen programas terapéuticos y de intervención criminológica muy eficaces para poder minimizar la violencia en el contexto familiar.  

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