martes 27/7/21

Jardines en la piel: Tatuajes de flores en el vergel del cuerpo femenino

El uso y significado del tatuaje se remonta a la antigüedad de nuestro tiempo. Los diseños y motivos han cambiado, pero su uso cada vez más aceptado admite muchos cuerpos y muchas flores. Del palo afilado y el circo, a la pistola de tinta y la higiene; un repaso por las flores tatuadas en la mujer
Imagen (11)

Un ritual de reafirmación de la identidad

 

Los tatuajes parecen algo relativamente reciente, una práctica para trasladar en un dibujo y de forma muy hermosa las vivencias personales o los gustos de una persona. Una manera de a veces enfrentarse a los propios miedos gravándolos en la piel, pero también de solemnizar el imaginario y la personalidad de quien lo porta. No obstante, el primer tatuaje en la piel humana descubierto se remonta, al menos que se sepa, hasta el 2000 a.C. A raíz del hallazgo de una momia chilena con el tatuaje de un bigote sobre el labio superior. Y es que el uso del tatuaje a lo largo de la historia ha tenido muchas utilidades.

En su origen los tatuajes han servido al ser humano como un arte simbólico para expresar el culto al ritual sagrado, para señalizar la diferenciación entre tribus o como marca de identificación de criminales. Incluso hay pruebas de su aplicación como método terapéutico, por su relación con la acupuntura y la ubicación corporal de los tatuajes. A pesar de su larga historia, el tatuaje se ve estigmatizado por ciertas sociedades o culturas. Siendo motivo a veces de exclusión social o laboral, como ocurre en Japón por su asociación a la Yakuza, la mafia nipona.

Dado que su rechazo nace especialmente de una brecha generacional o cultural, hoy en día, y cada vez más, los tatuajes cuentan con una mayor aceptación. Es posible incluso encontrar a miembros de la política tatuados. Como ocurre con el que fue candidato a la presidencia de la República Checa en 2013, Vladimir Franz, cuyos tatuajes ocupan un 90% de su cuerpo. Y es que los tatuajes no deben suponer impedimento alguno para nada. Y sus motivos van muchísimo más allá de la mera provocación o vanidad. Guardan en sí un significado mucho más profundo.  

La mujer y el tatuaje

 

Aunque de forma sexista y errónea la aplicación del tatuaje se vea más vetada en el cuerpo femenino, las evidencias históricas vinculan el tatuaje en mujeres hasta su remota antigüedad. Y no sólo en algunas representaciones, como con en la escultura de la Venus de Nubia del 4000 a.C. Se tiene constancia de que una de las primeras mujeres tatuadas, o al menos por lo que refiere a su conocimiento público registrado y fuera del más tolerante universo tribal, fue Olive Oatman en 1858. Con un tatuaje tradicional de una tribu nativo americana en la barbilla.

La moral de las sucesivas épocas desde entonces, unida a la fuerte restricción sobre muchos aspectos como el tatuaje, confinó a las mujeres tatuadas al mundo circense. Concretamente, en populares espectáculos de monstruos y curiosidades, expuestas junto a personas con malformaciones y otros aspectos insólitos. Pero que al mismo tiempo empoderaron económica y autónomamente a muchas mujeres. Pudiendo tener libre albedrío para tatuar su cuerpo y un ingreso fácil con tan sólo mostrar ese recopilatorio de arte labrado en carne.

A partir de los sesenta, con la explosión de la psicodelia y el nacimiento hippie, y hasta ahora, el tatuaje asociado a la mujer no es más que otra extensión elegible de su identidad. Igual que ocurre con el tatuaje en el cuerpo masculino, para suerte y beneficio de la tolerancia y la igualdad. Y como ocurre con toda práctica, los tatuajes de mujeres tienen también un símbolo muy popularizado.  Quizás a causa de su adaptabilidad a cualquier parte del cuerpo. O simplemente porque su hermosura es siempre, aunque común, sumamente sorprendente.

Crecen flores en la piel

 

Las flores son uno de los diseños más escogidos por las mujeres en el momento de tatuar su piel. Este tipo de tatuajes con motivos florales, como puede observarse en tatuajesparamujeres.top, acostumbra a contar con unas preciosas y delicadas líneas que se enredan y entrelazan en increíbles florituras. Su tipología es muy variada como variados son los géneros florales. Las más destacables y dibujadas son los tatuajes de rosas, flores de loto, girasoles, flores de cereza o margaritas. Cada una con su propio significado y el asignado por cada persona tatuada.

Y es que la elección de una flor, la encarnación de la belleza en la naturaleza y en el simbolismo de la poética, es muy acertada. Hay, por ejemplo, casos de personas que tatúan las cicatrices de una operación o los estragos de la autolesión mediante flores. Para darse a entender que lo feo puede cubrirse con algo bonito, o que la felicidad puede aflorar del dolor y la tristeza con la debida superación personal. De ahí el perfecto simbolismo de la flor como principio de crecimiento, como concepto de supervivencia y persistencia tan inherente a la fortísima raíz de la mujer.

A menudo muchos tatuajes sufren de un poco de barroquismo. Son complicados dibujos recargados con mucha información por descifrar. He de ahí la existencia del diseño de tatuajes de flores minimalistas, que ocupen poco espacio pero signifiquen mucho, como los recopilados en noticiastu.com. Porque hay quien prefiere dejar más a la imaginación o dotar de un poco de sencillo y sutil misterio a la historia que escribe y cuenta un tatuaje. Aunque la flor escogida sea de las más complejas en cuanto a detalle se refiere.

Procedimiento del tatuaje rudimentario y moderno

 

En su ambiente primitivo, los tatuajes se realizaban mediante una aguja o palo de extremo afilado, untada en tinta o una substancia similar, y un taco de madera. El proceso consistía en golpear el palo impregnado en tinta con el taco trazando el diseño sobre la piel. Este proceso todavía sigue en activo, y no sólo para el uso de las tribus o culturas que tan sólo conciben este método tradicional de tatuaje. Son muchas las personas que deciden hacerse un tatuaje a la manera convencional, quizás para probar su valentía o simplemente por respeto al método ancestral.

El proceso actual de tatuaje es mucho más sofisticado y, por tanto, preciso. Hoy en día tatuarse una flor requiere, en primer lugar, de conocimientos básicos de higiene y sanidad; y en segundo lugar, de las herramientas de un tatuador experimentado. Tras esterilizar y limpiar debidamente la zona que será tatuada, el tatuador hace uso de una especie de pistola de aguja con cargas de tinta, cuyas perforaciones suceden a una velocidad de entre 50 y 100 por segundo.

Cada diseño o parte del mismo requerirá de un tipo de técnica de dibujo con una medida distinta de aguja. Y el proceso, dependiendo del grado de complejidad del tatuaje, puede durar horas o alargarse en distintas sesiones. Asimismo, es tarea de la persona tatuada curar las heridas del tatuaje durante algún tiempo. Cuidándose de aplicar el gel que recomiende el tatuador y vendar la zona del cuerpo tatuada. Porque la integridad de las flores tatuadas, como de las naturales, también requiere de esfuerzo y cariño.

Comentarios