domingo 11/4/21

Sociedad

Contra el cambio climático: aspectos y expectativas sobre la movilidad urbana

Del mismo modo que el ser humano ha contribuido a dañar la salud del medioambiente, es también nuestro deber salvaguardarla. Uno de los modos más sencillos y poderosos de hacerlo es cambiar nuestro estilo de vida, especialmente nuestros medios de transporte. Porque, a menudo, basta con un pequeño gesto para cambiar el mundo

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Cada grano de arena cuenta

Como bien sucede en casi todos los aspectos de la evolución humana, toda luz sufre de una sombra capaz de diezmar cuanto pudo iluminar el primer ingenio. Uno de los más claros ejemplos de esta dicotomía es la relación del ser humano con la naturaleza que lo envuelve y nutre. A pesar de las maravillas que nos ofrece casi incondicionalmente el planeta que habitamos, nuestro estilo de vida ha calado negativamente hondo en su salud haciendo peligrar su preservación. Y una de las más terribles pruebas de nuestro impacto en el medioambiente son los medios de transporte, contribuyendo en hasta un 13% a la contaminación del planeta.

A pesar de que el ser humano tienda a enaltecerse, malogrado por su complejo de invencibilidad, la contaminación ya es responsable de al menos 10.000 muertes anuales en España según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Un motivo más, y entre muchos otros, suficientemente relevante como para empezar a adaptar las ciudades a la sostenibilidad. Tanto sea limitando el acceso de vehículos particulares como fomentando el transporte público. Y, cuanto al granito de arena personal, consultando portales como Sobre Ruedas, donde encontrar una gran variedad de vehículos de movilidad personal para empezar a desplazarnos de forma más sostenible por la ciudad.

Más ciudades sostenibles

La existencia de una masificación de vehículos en prácticamente cualquier ciudad del mundo es un hecho. Los motivos por los que adquirir un coche pueden ser muy diversos y de ningún modo cabe acotar la libertad individual de querer disfrutar de uno. Sin embargo, las ciudades, a causa de su número de habitantes y su esencia comercial o industrial, ya disponen de suficientes medios de transporte público como para, simplemente, aunar en uno de ellos todos los conductores particulares que, de otra forma, estarían contaminando el aire con sus coches particulares. Factor que, además, facilitaría nuestra llegada al lugar de destino sin tener que buscar aparcamiento.

De hecho, y como podemos leer en este artículo, Barcelona ha propuesto reducir el uso del coche particular para fomentar el transporte público y el uso de vehículos no contaminantes. Aunque los recursos pasen también por sancionar los coches que más contaminen, se trata de una ofensiva justa y en proporcionalidad con el daño que causa su uso. Del mismo modo, existen zonas viales restringidas a los vehículos los fines de semana. Lo que no tan sólo reduce significativamente el impacto de la contaminación en el aire, sino que estimula las familias a salir a la calle en bicicleta y disfrutar de las calles como hacíamos antaño.

La realidad es que la tendencia de las ciudades a interconectar concienzudamente vías y caminos para los automóviles ha destruido también el paisaje urbano. Dejándonos estampas grises, causantes también de cierto cariz de ansiedad y depresión que coexiste tanto en jóvenes y adultos. En su lado opuesto, la creación de más carriles para vehículos de movilidad personal, desde bicicletas plegables hasta patinetes eléctricos, barniza de frescura el agrisado entorno urbano y, más allá de ello, aboga por una vida menos sedentaria y en constante movimiento. Algo de lo que también precisa urgentemente nuestra salud contemporánea.

La fuerza del impulso colectivo

El “problema” de la sostenibilidad y nuestra apreciación de su filosofía no radica en la poca voluntad, sino en la creencia de que, como actores individuales, poco tenemos que aportar a su causa. Sin embargo, es el movimiento colectivo, el gesto compartido entre miles, millones de ser humanos, lo que verdaderamente puede marcar la diferencia. No debemos jamás desestimar el uso del transporte público por encima de nuestro vehículo creyendo que otro ya lo hará en nuestro lugar. El mundo necesita que nuestras acciones se hermanen en una sola sinfonía de respeto hacia su naturaleza. O, de lo contrario y progresivamente, nuestros hijos y sus hijos heredarán el esqueleto de lo que antaño fue un insondable paraíso.

Además, y cuanto a los medios de transporte, los vehículos sostenibles nos aportan múltiples ventajas que carece de sentido desechar. Por una parte, podemos ahorrar una gran cantidad de dinero en gasolina y en impuestos, así como nos permiten tener distintas opciones disponibles según nuestra necesidad. ¿Quién no ha disfrutado alguna vez de la fresca brisa estival recorriendo las calles en una bicicleta o del fogoso calor del autobús en pleno invierno? Por parte de las administraciones públicas, y retomando nuevamente el ejemplo de Barcelona, la otra aportación a la balanza es sólo redirigir recursos a estimular a la ciudadanía para que use el transporte público.

La luz contra la sombra

Ciudades como Barcelona se han caracterizado los últimos tiempos por sumarse a las ciudades más sostenibles de la Unión Europea. Aunque todavía quede un largo trecho por recorrer, y no exento de críticas de los más apegados a su vehículo particular, los hechos están ahí como refuerzo. Ya sólo gracias al confinamiento que, por desgracia, propició la pandemia del Covid-19, Barcelona redujo en un 59% su emisión de CO2. Y, como sucedió en otras ciudades del mundo y para nuestro jolgorio, ello dio de resultado cielos y atmósferas más limpias, ráfagas de fotografías en las redes de una nitidez nunca vista y una sentencia: sobran vehículos.

Quizás la pandemia no fue el mejor pretexto para constatar cuán importante es la reducción de los vehículos privados, pero sin duda contribuyó sobremanera a entender el impacto sobre el medioambiente de unos pocos meses de tregua con el planeta. Como se ha comentado, la luz de la innovación humana conlleva unas sombras que, especialmente, atentan contra nuestro mundo. Sin embargo, la constante cíclica de dicho claroscuro nos permite también entender cuál es la luz contra la sombra. Y el transporte público, o los vehículos de movilidad personal sostenible como los de Sobre Ruedas, son nuestro acceso a un planeta más blindado y, por ello, más hermoso.

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