martes 12.11.2019
TESIS

Regeneración de la vida pública, salud emocional y salud cívica

Los resultados electorales que han dado lugar a los nuevos ayuntamientos el sábado y sobre los que se fraguan ejecutivos autonómicos renovados en trece comunidades son ejemplos de que la ciudadanía española es emocionalmente sana; afronta las dificultades y reacciona para superarlas

La ciudadanía española goza de una gran salud emocional.
La ciudadanía española goza de una gran salud emocional.

Además de ser una sociedad emocionalmente sana, la ciudadanía española también tiene salud cívica, pues quiere regenerar la vida pública y no se desentiende de los problemas sociales, sino que busca sus soluciones. Esta es la tesis de la investigadora Merche Ovejero y el periodista Carlos Matías, del Consejo Directivo del Instituto Europeo de Psicología Positiva, IEPP.

Uno de los principales impulsores de la Teoría de la Identidad Social, el psicólogo social británico Henri Tajfel (1919 – 1982), afirmó que “la Psicología Social puede y debe incluir entre sus preocupaciones teóricas, y en relación con la investigación, un interés directo por las relaciones entre el funcionamiento psicológico humano y los acontecimientos sociales a gran escala, que moldean este funcionamiento y son moldeados por él”. Según los profesores de Psicología Social Amalio Blanco (Universidad Autónoma de Madrid) y Darío Díaz (Universidad de Castilla – La Mancha), las personas psicológicamente sanas son las que cuentan con “una buena, cálida y cercana red de relaciones sociales”, que “puede adornar nuestra vida de optimismo y de confianza en el futuro y hacernos, de paso, socialmente más activos y solidarios”.

La salud emocional y el bienestar de los individuos van estrechamente ligados a “la acción social, la implicación solidaria y altruista en la solución de los asuntos que atañen a la sociedad o a la comunidad”. Por el contrario, una colectividad emocionalmente “enferma” cae en el fatalismo y el pesimismo: “cuando falta confianza en la sociedad (actualización), capacidad e interés por conocer la lógica de su desarrollo (coherencia) y confianza en los otros y en nosotros mismos (aceptación), acaba por abrirse un abismo debajo de nuestros pies que puede tener graves repercusiones sobre la salud”.

De la “actualización”, la “coherencia” y la “aceptación” mencionadas por Blanco y Díaz hablaremos al final de este artículo.

La salud emocional y el bienestar de los individuos van estrechamente ligados a “la acción social, la implicación solidaria y altruista en la solución de los asuntos que atañen a la sociedad o a la comunidad” 

“Cuando nos sentimos incapaces de encontrar sentido al mundo en el que vivimos –añaden Amalio Blanco y Darío Díaz–; cuando cunde la impresión de que las cosas ocurren sin seguir un plan establecido y no percibimos que la sociedad progrese y sea capaz de crear bienestar, puede parecer razonable un cierto pesimismo para afrontar los obstáculos y contingencias que se interponen en nuestra vida en general, y particularmente en la consecución de los objetivos que nos hemos marcado, de suerte que siempre hay que esperar que un azar incontrolado eche por tierra los planes que habíamos definido”.

El “fatalismo” y el “pesimismo” de una sociedad “enferma” se traducen en la no participación en la vida pública. En España, después de la Transición hemos vivido épocas de abstención creciente y las generaciones jóvenes han carecido líderes claros (escepticismo, fatalismo…).

Una colectividad emocionalmente “enferma” cae en el fatalismo y el pesimismo: la falta de confianza en la sociedad “puede tener graves repercusiones sobre la salud”

Con la crisis, han proliferado libros que rememoran personajes históricos como Alejandro Magno (“cuyo reinado abrió una época de extraordinario progreso e intercambio cultural”), o los monarcas del Antiguo Egipto Djeser Netherijet (quien supo “contar con buenos colaboradores”), Pepi II (que supo “retirarse del cargo para dejar paso a nuevas generaciones”), o Seti (precursor de “la creación de una imagen de marca”), libros que hacen añorar ejemplos de su misma talla, pero actuales. También han surgido libros que proponen nuevos modelos de liderazgo o que denuncian la manipulación en la comunicación y la política.

Estos últimos dan aún más argumentos a los partidarios de la abstención, un fenómeno que sigue siendo importante ante las urnas y que llegó a suponer más del 50% del electorado en las pasadas Elecciones Europeas; un 36,06% en las andaluzas (en 2012, el 39,22%) y un 35,09% en las autonómicas y municipales (en 2011, el 33,84%). Pero los españoles, lejos de sumirse en el desánimo, han mostrado síntomas de “salud cívica” (Putnam, 2000) al querer regenerar la vida pública.

Putnam, Keyes, Shapiro, Cabañero, Vygotski y otros autores consideran el bienestar social como “la valoración que hacemos de las circunstancias y el funcionamiento dentro de la sociedad” (Keyes, 1998). Ese bienestar se compone de “integración”, “aceptación”, “contribución”, “actualización” y “coherencia” sociales a los que nos hemos referido antes. Sentirse “parte de la sociedad” es “integración”; querer ser útiles y votar es “aceptación”; considerar que las instituciones “son entes dinámicos” que “se mueven en una determinada dirección a fin de conseguir metas y objetivos de los que podemos beneficiarnos”, teniendo “confianza en el progreso y en el cambio social” es “actualización”, y preocuparse “por enterarse de lo que ocurre en el mundo” y ser capaz “de entender lo que acontece a su alrededor” es “coherencia social”. Todos ellos, elementos presentes en personas con elevados niveles de bienestar social.¡

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