lunes 29/11/21

Niños soldados: víctimas y verdugos

Entre 250.000 y 300.000 menores combaten actualmente en conflictos armados. Se recurre a ellos porque son "baratos, se les lava fácilmente el cerebro" y ofrecen una obediencia incondicional

Niños soldados: víctimas y verdugos

La guerra les ha robado una infancia donde los juguetes y los libros de escuela se han sustituido por machetes y kalashnikovs. Víctimas y verdugos de la barbarie, miles de niños se han visto obligados a convertirse en máquinas de matar para luchar en países sumidos en conflictos armados. Muchos no sobreviven y los que lo hacen, arrastran durante el resto de su vida graves secuelas físicas y psíquicas como consecuencia de las atrocidades cometidas y los malos tratos, torturas y abusos sexuales a los que fueron sometidos. Con las manos manchadas de sangre y los rostros de sus víctimas grabados en su mente, una de las mayores dificultades con la que se encuentran los exniños soldados es volver a integrarse en la sociedad y recuperar las riendas de una vida que les fue arrebatada cruelmente.

Este martes se conmemora el Día Internacional Contra la Participación de Menores Soldados en Conflictos Armados, una fecha en la que las ONG que integran la Coalición Española contra la Utilización de Niños y Niñas Soldados vuelven a alzar la voz para denunciar que "donde existe un conflicto armado es casi segura la participación de menores".

Las cifras son alarmantes. El Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF) calcula que actualmente hay entre 250.000 y 300.000 menores que participan en conflictos armados y se estima que actualmente al menos 17 países -República Democrática del Congo, República Centroafricana, Afganistán, Libia, Myanmar o Colombia, entre otros- continúan reclutando niños para convertirlos en militares. El estallido de los conflictos en Siria o Mali ha favorecido el incremento del número de menores soldados en el mundo. UNICEF y la ONG Human Rights Watch llevan meses denunciando que los grupos armados que operan en el norte de Mali y las fuerzas rebeldes sirias están reclutando a cientos de niños con fines militares.

Chema Caballero lleva más de 20 años rehabilitando niños soldados. Dirigió el programa de rehabilitación de niños y niñas soldados de los Misioneros Javerianos en Sierra Leona, uno de los escasos programas que ha tenido éxito en la recuperación de estos menores, hasta el punto de que en la actualidad su método ha sido reproducido y aplicado en diversas partes del mundo. Este experto advierte a ESTRELLA DIGITAL de que es imposible saber con certeza cuántos menores participan en la actualidad en conflictos bélicos, ya que miles de ellos mueren en el campo de combate y otros como los esclavos sexuales o los que se encargan de cocinar y otras tareas ni siquiera son contabilizados.

Los soldados más obedientes

Los niños son baratos, prescindibles y se les lava fácilmente el cerebro

¿Por qué se recurre a niños para combatir? La respuesta es tan sencilla como estremecedora. Según Amnistía Internacional, se utiliza a niños en los conflictos armados porque son "baratos, prescindibles y se les lava fácilmente el cerebro", además de ofrecer lealtad y una obediencia incondicional. Es preocupante la impunidad casi total con las que se cometen graves delitos contra estos niños y niñas, una impunidad que sigue imperando a pesar de los compromisos e iniciativas asumidos por algunos Estados tras su adhesión al Protocolo Facultativo de la Convención de los Derechos del Niño sobre la participación de menores en conflictos armados, que ya ha sido ratificado por más de 130 países.

Las prácticas más empleadas por los grupos insurgentes y los señores de la guerra para reclutar menores son los secuestros y los métodos de persuasión como el engaño o el miedo a la venganza. Las patrullas de reclutamiento tienen como objetivo los niños más vulnerables, entre ellos los huérfanos y los desarraigados. En otras ocasiones, los menores se alistan 'voluntariamente' porque no tienen otra opción en un contexto social y económico marcado por la guerra, la pobreza y el hambre. "Alistarse a un grupo guerrillero es una forma de supervivencia, es lo mejor que te puede pasar", señala Caballero. Otras veces, estos mismos grupos obligan a las familias a darles un hijo para "hacerse respetar y asegurarse que no van a ser atacadas por la guerrilla".

Las funciones que realizan los niños soldados dentro de los grupos armados son muy variadas: desde el combate y el espionaje hasta las de porteadores o cocineros. Aptos para ejecutar todo lo que se les encomienda por su incapacidad de discernir el bien del mal, estos niños se convierten en grandes consumidores de drogas porque los mandos militares de los campos de entrenamiento les suministran estas sustancias para perder el miedo a combatir y así cometer grandes matanzas en nombre del grupo armado al que pertenecen. A pesar de que hay cierta división del trabajo entre niños y niñas soldados -ellas suelen realizar funciones logísticas y servicios de cocina-, muchas también luchan en el campo de batalla y llevan a cabo misiones suicidas, saquean y ayudan a reclutar y capturar a otros niños. Sin embargo, ellas son las que salen peor paradas porque también suelen ser objeto de la esclavitud sexual. Normalmente, son obligadas a mantener relaciones sexuales para 'divertir a los soldados' y en ocasiones forzadas a contraer matrimonio con algún combatiente.

Las secuelas de la violencia

La inmensa mayoría sufre pesadillas, tristeza, ansiedad y conductas de autodestrucción

Chema Caballero explica que entre las secuelas físicas que presentan los niños que han sobrevivido a su intervención en las hostilidades se encuentran lesiones, mutilaciones y malformaciones. En el plano emocional, la inmensa mayoría de los niños que ha participado en guerras y ha logrado escapar sufre pesadillas, sentimientos de culpabilidad, tristeza, ansiedad y conductas de autodestrucción. Asimismo, los abusos sexuales que han padecido les afectan para el resto de su vida. Como resultado de las agresiones sexuales muchos contraen enfermedades venéreas y otras de transmisión sexual como el contagio del VIH/SIDA. Las niñas son las víctimas más habituales, soportando, además, embarazos no deseados, abortos naturales e inducidos o fuertes hemorragias.

La complicada vuelta a la vida cotidiana

Uno de los mayores problemas con los que se encuentran los niños soldado una vez desmovilizados es su reinserción en la sociedad y el regreso a casa. Muchos países han adoptado programas para el Desarme, la Desmovilización y la Reintegración (DDR) de estos menores, con el fin de rehabilitarles, brindándoles una alternativa de vida y ayudándoles a reanudar su convivencia en la comunidad.

Chema Caballero fue director de un programa pionero de rehabilitación y reintegración de niños y niñas soldados en Sierra Leona, en el centro de St. Michael en Lakka, entre 1999 y 2002. "En una primera fase ayudábamos a estos niños a racionalizar y ser conscientes de lo que habían vivido, que se sintieran tranquilos y seguros y pudieran sacar afuera todo su sufrimiento. Luego les enseñábamos que la violencia no resuelve nada y les ofrecíamos una alternativa: una educación o aprender un oficio", señala.

Las cifras avalan el éxito de su programa, ya que más de 3.000 niños y niñas se reintegraron en la sociedad y están estudiando en la universidad o trabajando. Chema Caballero lamenta que algunos se quedaron en el camino porque no pudieron superar su adicción a las drogas o volvieron a unirse a otros grupos armados. En muchas ocasiones, el excombatiente no puede reinsertarse en la sociedad porque sufre el rechazo de su familia o su comunidad como forma de sanción por haber participado en matanzas, torturas y violaciones.

Otro de los problemas suele ser la falta de oportunidades laborales con las que se encuentran estos niños una vez reinsertados y la dificultad para ganarse la vida o encontrar unos estudios. "Hemos ayudado a muchos menores a tener un futuro, les hemos ayudado a comprar un taxi o montar una carpintería. ¿De qué sirve aprender a ser peluquero o carpintero si no puedes trabajar de ello? El secreto está en ofrecer una alternativa a la violencia", explica este exmisionero. Bajo esta premisa, en 2003 empezó un nuevo proyecto que engloba los campos de la educación, la agricultura, la sanidad y oportunidades socio-laborales para jóvenes en la selva del Tonko Limba, la zona más subdesarrollada de Sierra Leona.

Se necesita un mínimo de seis meses para que estos niños empiecen a ser conscientes de su situación

Caballero advierte de la relajación de la comunidad internacional ante esta lacra y de una crisis económica que está llevando a invertir menos fondos a estos programas y, en ocasiones, a reducir su duración. "Se están llevando a cabo programas de apenas seis semanas, cuando por nuestra experiencia se necesita un mínimo de seis meses para que estos niños empiecen a ser conscientes de su situación y poder comenzar a trabajar con ellos. Además es fundamental su supervisión una vez finalizado el programa para que no se desvíen de su camino", concluye.

Las lecciones aprendidas en el caso de Sierra Leona deben servir para que la comunidad internacional, gobiernos y ONG aúnen mucho más esfuerzo en la lucha contra el uso y la participación de menores en los conflictos armados. Estos niños no tienen el privilegio de alcanzar la esperanza de un futuro sin heridas si continúa sin ser efectivo el marco de protección que les ampara. Deben tener garantizado el derecho de cicatrizar una experiencia atroz que nunca debió suceder ni en la peor de sus pesadillas. El mundo está obligado a recuperar a estos niños.