lunes 09.12.2019
COMER Y BEBER

No hay otoño, pero hay calabaza y castañas

Una cremita de otoño, con calabaza y castañas. Del campo y de la castañera, de su más tierna infancia, llega su abuela, aunque no llegue el otoño. Hasta la tontería “paleo” la tiene que aceptar

crema de calabaza y castaña
crema de calabaza y castaña

La castaña no es solo catalana y la calabaza no es de Estados Unidos. Conviene desintoxicarnos de los “fake” en la cocina, y nuestras vísceras con cremitas de otoño, saludables y con sabor.

La Castaña

Historiadores y antropólogos sugieren que la castaña es originaria de Anatolia, Balcanes y Cáucaso, y pertenecen a la historia de la civilización occidental hace más de 100 mil años, sabiéndose que constituye una importante fuente de calorías al hombre prehistórico.

O sea, que pueden tomarla si Ustedes practican la tontería de la “paleodieta” esa que se lleva ahora – y que solo perjudica su nutrición: no; el cazador y violento hombre del paleolítico, no se alimentaba bien-.

Griegos y romanos la incorporaron a su cocina, la conservaban en miel. En la edad media, era fuente de la necesaria harina en la Europa meridional.

Son objeto de la castañada catalana, levantina y aragonesa, naturalmente, pero también del mangosto extremeño y su cosecha se celebra desde Canarias al País Vasco.

La Calabaza

También tienen su origen en la Asia más antigua – denle a la cosa paleo, denle-, pero la que Ustedes están acostumbrados a ver y degustar tiene su origen en América latina.

Los griegos la llamaban pepon. Los franceses nasalizaron el término pepon y lo convirtieron en pompon. Los ingleses convirtieron a pompon en pumpion. Shakespeare hizo referencia al pumpion en su obra Las alegres comadres de Windsor.

Los colonos americanos, que se la llevaron de Irlanda, convirtieron a pumpion en pumpkin, y así estamos poniendo lucecitas a la calabaza, en el día de los difuntos en lugar de comer huesos de santo de los de toda la vida.

Ingredientes

Necesitamos 1 blanco de puerro picado y 1 cebolleta que también picaremos. Necesitamos el doble de calabaza que de castañas asadas: por ejemplo, trescientos gramos de la cucurbitácea y 150 de castañas. Para esa cantidad dos patatas medianas le irán bien. Caldo de ave o carne, generosos, en función de lo que deseen, nos vendrá bien un queso fresco y, también, algo de nuez moscada

La crema

Los principios, como su propio nombre indica, son para el comienzo. Y el principio es el sofrito. Así que en la olla, démosle marcha al puerro, la cebolleta y un poco de sal.

Una vez, el sofrito está razonable, es el momento de poner la calabaza, sofríanla un poco antes de ahogarla en su caldo. Antes de poner al fuego la castaña, pongan un poco de nuez moscada.

Ahora es el momento castaña. Usamos la castaña asada. Veamos el asunto. SI las asan, a unos doscientos grados en el horno, una media hora. SI deciden cocerla, tardarán unos cincuenta minutos, si lo hacen les quedaría bien ponerle un anís. Vale, pueden comprársela a una castañera y, también, las pueden comprar congeladas.

Añadan las patatas. Si Yo estuviera en su lugar le pondría un chorrito de vino blanco, pero si están Ustedes en plan “paleo” sepan que los del paleolítico no sabían hacer vino

Una vez resuelto el sofrito, es momento de poner el caldo. El caldo de ave le va bien (si; el pollo es ave) o de carne. Bien, si no hacen caldo, pueden comprar un brick. ¿Tampoco? Bien, una pastillita de caldo de las de su abuela. No tienen, vaya, pues agua.

Cuezan suavemente unos treinta o treinta y cinco minutos. Una vez cocido, trituramos en la batidora con ganas, incluyendo un par de cucharadas de queso fresco, pueden cambiar el queso fresco por un poquito de nata.

Tendremos que rectificar de sal o de textura. Si a Ustedes les gusta en pan sopa, le añadiremos a la batidora caldo de la cocción que, previsores, habremos reservado. Si les gusta puré, pues a disfrutar.

Un poco del queso que han usado puede utilizarse en el emplatado, por encima de la crema. 

Bienvenido, el otoño y la cremita.

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