viernes 22.11.2019

Cuerpos descuartizados en Lima: lo que se sabe del caso

De acuerdo con la salvaje modalidad del crimen, una de las primeras hipótesis apunta a un ajuste de cuentas relacionado con dinero procedente del tráfico de drogas
Cuerpos descuartizados en Lima: lo que se sabe del caso

Los restos cercenados de dos hombres, un peruano y un venezolano, fueron encontrados el pasado lunes en tres puntos de Lima, en San Martín de Porres y el Rímac.

Los descuartizamientos se habrían producido en la noche del domingo en una habitación del segundo piso del hostal Señor de Sipán, en San Martín de Porres.

Para la policía y psicóloga forense Gabriela Coros, del círculo de Estudios de criminalística y criminología de la Universidad de Lima, los autores habrían querido hacer visible el crimen, lo cual podría atribuirse a una guerra de mafias.

A la fecha ya se identificaron a las víctimas. Se trata de dos jóvenes: Jafet Caleb Torrico Jara de 24 años de edad, y Rubén Matamoros Delgado de 22 años.

Macabros hallazgos

El primer hallazgo ocurrió durante la madrugada en el local donde funcionaba la terminal terrestre de Fiori.

Indigentes que pernoctan allí aseguraron que dos hombres bajaron de un auto y arrastraron dos bolsas de plástico hasta el sótano y el primer nivel del local. Huyeron al notar que había personas en el lugar.

Minutos después, los mismos hombres regresaron con la intención de incinerar lo que habían llevado, pero esta vez los indigentes los echaron a pedradas.

Personal del serenazgo de San Martín de Porres y la policía constataron que las bolsas contenían dos torsos.

Por la mañana, en otro punto de San Martín de Porres, al lado de un colegio inicial, una mujer identificada como Marjori Jo se topó con una bolsa grande de rafia y otras seis de plástico. Dijo que al abrir la de rafia vio una pierna y gritó del susto.

Peritos de Criminalística confirmaron que, además de la pierna, los otros paquetes contenían dos brazos de dos personas distintas. También toallas ensangrentadas del hostal Señor de Sipán, prendas de vestir, preservativos, una botella de ron, una tijera, colillas de cigarros y una boleta electrónica correspondiente a compras hechas el 8 de septiembre en una botica.

Otras extremidades

Casi al mediodía, en la calle Fausto Castañeta, a un lado de la plaza de Acho, en Rímac, la estudiante Ana Inocente alertó a una patrulla sobre la presencia de una maleta negra. En su interior se podía ver una sábana con rastros de sangre.

Peritos que trabajaban en los hallazgos de San Martín de Porres corroboraron que en la maleta había tres piernas y dos brazos dentro de bolsas de plástico. Se trataba de las extremidades que faltaban a los dos cuerpos hallados antes. Al cierre de esta nota, la policía aún no ha encontrado las cabezas.

La maleta también contenía una franela negra, un pantalón jean, una sábana y una almohada ensangrentados, un pomo medicinal, un cuchillo de cocina, una boleta de venta, un tenedor y una pasta dental.

Víctimas

A través de las huellas se determinó que una de las extremidades encontradas al lado del colegio inicial correspondía a Jafet Caleb Torrico Jara (24). Nació en Ica y su domicilio está ubicado en el distrito de Santa Rosa. Habría trabajado en una empresa de transporte interprovincial.

Hasta el martes 10 de septiembre, el sistema biométrico no registraba las huellas de la otra extremidad (que tiene dos tatuajes).

El lunes 9 de septiembre, se identificó a la segunda víctima. Se trata de Rubén Matamoros Delgado, un joven venezolano de 22 años. De acuerdo con fuentes policiales, sus restos fueron reconocidos por sus familiares en la morgue de Lima por los tatuajes que tenía en los brazos.

El joven de 22 años había sido expulsado del Perú el pasado 10 de mayo por la Policía Nacional del Perú. Un video difundido por 90 Matinal muestra a Matamoros Delgado entre los 40 ciudadanos de nacionalidad venezolana que fueron deportados del país como parte de la segunda expulsión del Plan Migración Segura 2019.

Hipótesis

Las investigaciones de la Dirincri revelan que ambos habrían sido asesinados en el baño de la habitación 507 del hospedaje ubicado en SMP.

El administrador del local, Javier Navarro, indicó que los cuartos del quinto piso estaban ocupados por ciudadanos venezolanos desde hacía casi dos meses.

De acuerdo con la salvaje modalidad del crimen, una de las primeras hipótesis apunta a un ajuste de cuentas relacionado con dinero procedente del tráfico de drogas.

Varios intervenidos

Al menos seis personas, peruanas y venezolanas, han sido interrogadas en la sede de la Dirincri como parte de las investigaciones.

El taxista Raúl Bodero Serna, quien transportó en su vehículo los restos descuartizados de las dos personas, también fue interrogado y luego dejado en libertad. Asegura que fue contratado pero que desconocía qué había en las bolsas.

Además, agentes de División de Investigación de Homicidios han realizado inspecciones en el hostal Señor de Sipán.

Javier Navarro, administrador del establecimiento, aseguró que hace un tiempo se perdieron 10 juegos de sábanas de su hostal.

Las pruebas de luminol arrojaron positivo en la ducha, el lavadero y el pasillo de la habitación 507. De allí los peritos sacaron sábanas, toallas, almohadas y camisas manchadas de sangre.

Video registra salida de auto

​Las cámaras de seguridad de una de las calles del distrito de San Martín de Porres captaron el supuesto vehículo en donde habrían transportado los cadáveres cercenados que fueron hallados el lunes en diferentes puntos de Lima.

Como se muestra en las imágenes difundidas por América Noticias, al menos dos hombres sacan unos enormes sacos de un hotel y los colocan en la parte trasera de un taxi blanco. Estaban acompañados por una mujer que, al parecer, sería quien les dio las instrucciones.

Piden justicia

Hugo Viggio, de 80 años de edad, tío de Caleb Torrico, contó a El Comercio que su sobrino era una persona tranquila y miembro de una congregación religiosa.

Indicó que la víctima tenía cinco hermanos y que sus padres son personas de bajos recursos. Su padre es pastor de una iglesia.

“Por mi cuenta fui a conversar con la dueña del cuarto donde vivía Caleb, en Ventanilla, desde hace nueve meses. Me dijo que desde hacía un mes ya no vivía allí por falta de dinero. Tenía amistades de extranjeros que trabajan en una empresa de transportes como cobradores”, narró.

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