sábado 24/10/20
Restaurante Carbón Negro en la calle Juan Bravo, 37 (Madrid)

EL VALOR DE LOS SENTIDOS…

Gonzalo Armas es un experimentado chef madrileño y gran experto en la cocina de brasas y en el tratamiento del producto de temporada nuevo colaborador de Estrella Digital con sus artículos despertara todos nuestros sentidos 
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1.0 EL RECUERDO .

Los recuerdos son el principal valor de los sentidos que, inconscientemente, nos ayudarán a seguir nuestro camino y tomar las decisiones acordes a nuestras emociones.

Es curioso comprobar cómo en la cocina, los recuerdos, nos acompañan desde muy pequeños. 

Decía Pio Baroja que:  “EN BUENA PARTE SOMOS LA PROLONGACIÓN DE NUESTRO PASADO, EL RESULTADO DE UN RECUERDO”

El olfato es el sentido con más memoria. ¿Quién no se acuerda de un plato, guiso, postre o sabor con alguien especial o en un momento concreto?

Personalmente asocio los recuerdos a emociones y a sentimientos que tengo guardados. 

Tuve la suerte de pasar gran parte de mi infancia con mis abuelas:

Mi abuela paterna, Soledad, era cordobesa y  madre de 10 hijos. Tenía una destreza increíble para comprar y guisar. 

Nunca olvidaré su gazpacho, salmorejo, ajo blanco y las natillas con merengue quemado.

Mi abuela materna, Luisa, era madrileña y preparaba unas croquetas increíbles de lacón y huevo, también arroces secos de cangrejos de rio, caldos de gallina perfumados con hierbas y anís, una tarta de cumpleaños de galletas con natillas y chocolate fundido y sus torrijas cuya receta me sigue acompañado actualmente.

Soy consciente de que gran parte del cariño a mi profesión se lo debo a ellas, que fueron las que probaron todas aquellas elaboraciones con un pequeño glotón (yo) que disfrutaba muchísimo viéndolas cocinar.

Por supuesto que también existen los recuerdos desagradables, como aquellas comidas de comedor de colegio, especialmente el pescado seco o los macarrones con exceso de cocción y un tomate frito con sabor rancio. Comidas difíciles de olvidar.

En España tenemos la gran suerte de que sea algo emocional y cultural. Deberíamos mantener la unión de la familia a la hora de comprar y cocinar, a fuego lento, sin prisa, disfrutando. Y luego compartir alrededor de una mesa lo preparado, sin televisiones, ni tabletas, ni teléfonos. Pienso que de este modo conseguiríamos concienciar a nuestros hijos de la importancia de comer sano, de compartir, de cuidar de los nuestros y el valor de la  naturaleza, usando los productos con respeto . 

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