martes 27/10/20
Celta 4-3 Barcelona

El Barcelona muere en la orilla tras una brutal cantada de Ter Stegen

En diez minutos de ensueño, el Celta rememoró tiempos pasados con tres goles que dejaron tocado al conjunto de Luis Enrique. La entrada de Iniesta propició la reacción azulgrana, liderada por Piqué. Un fallo garrafal del portero alemán decantó la balanza en un duelo absolutamente loco

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El Celta celebra uno de los goles. | Laliga

La ausencia de Messi ha obligado a Neymar a asumir un rol más protagonista. El brasileño ahora cae más al centro y participa con más asiduidad en el juego, como refrendó en los primeros compases ante el Celta. Sólo necesitó un minuto el ‘once’ para desequilibrar y forzar una falta que él mismo se encargó de ejecutar sin fortuna. El Barcelona tomó el control, ante un Celta sin chispa, que aguardaba atrás para salir rápido.

El Celta golea

El conjunto de Luis Enrique era el único capaz de generar peligro. Suárez anduvo cerca del primero tras una buena asistencia de Arda, y Sergi Roberto lo intentó después desde la frontal, pero su disparo se marchó por encima del larguero. En ese momento era difícil prever lo que estaba por llegar. Ter Stegen erró en el pase corto a Busquets, acosado por la presión de los locales. Un despistado Alba cedió la posición con Sisto, que algo escorado batió al guardameta azulgrana.

El tanto no suscitó la reacción del Barcelona, todo lo contrario. El centro del campo, formado por André Gomes, Arda y Busquets, se vio claramente superado. Las transiciones eran lentas, y el acierto en el pase escaso. Los vigueses vislumbraron ese bajón, y se lanzaron para acrecentar la herida del rival. Aspas, desde la frontal, anduvo cerca de conseguirlo. Pero pronto pudo saborear la gloria.

Alcanzada la media hora, el delantero recibió en las inmediaciones del área. Regateó con facilidad a Piqué, y sacó un disparo cruzado que batió a Ter Stegen e hizo estallar de locura a Balaídos. El envite empezó a adquirir un tono similar al acaecido el pasado curso. Más cuando dos minutos después, el Celta impuso la goleada. Alba, desconcentrado en carril izquierdo, perdió el esférico. Los locales metieron un buen balón al área, que Mathie, desafortunadamente para sus intereses, introdujo en su propia meta.

Hasta Hugo Mallo se atrevió desde lejos en lo que pudo ser el cuarto tanto. Luis Enrique, desesperado, negaba en el banquillo. El Barcelona era consciente de que necesitaba al menos un gol para afrontar la segunda mitad con la esperanza de la remontada. Pero poco lo buscó. Tan sólo Suárez, que escorado no pudo alcanzar el ansiado gol.

Iniesta cambia el rumbo

Tras el descanso saltó sobre el césped Iniesta, en su partido 600 con la camiseta blaugrana. Su irrupción fue un punto de inflexión para el Barcelona, que comenzó a encontrar espacios con suma facilidad. Ello, aunado al cansancio que afloró en los locales, propició una embestida de los pupilos de Luis Enrique. Los sucesivos ataques pronto dieron su fruto. El manchego, en una jugada muy típica, filtró un balón diagonal aéreo para que Piqué anotara de cabeza.

El Barcelona aprovechó la inercia, y se puso como objetivo castigar a un Celta al que no duraba nada el balón. Neymar rozó el empate tras un buen envío de Roberto, aunque el tanto de brasileño llegaría poco después. Hugo Mallo cometió penalti sobre André Gomes, y el brasileño engañó a Sergio en el lanzamiento. Aún restaban cuarenta y cinco minutos de sufrimiento para el Celta, que pareció olvidar que seguía por encima en el marcador.

Ter Stegen condena a los suyos

La tuvo el ‘once’ para igualar el envite, pero la sensación era la misma que tras el primer gol. Los locales eran incapaces de frenar el empuje catalán, que transitaba con fluidez en zona de tres cuartos de campo. Empate o derrota, parecía ser el pensamiento en una grada que se quedó muda. Cuando todo parecía pintar mal para el equipo de Berizzo, un error garrafal de Ter Stegen permitió respirar al Celta. El alemán trató de abrir a la izquierda, pero el balón tocó en el Tucu Hernández y se introdujo en la portería.

Pero en el continuo vaivén, en la incertidumbre y la locura que tomó el partido durante los noventa minutos, la cosa no podía quedarse así. Piqué, a pesar de que Luis Enrique había abogado por una defensa de tres, se quedó como nueve. Y ahí halló un tanto, de nuevo de cabeza, que le devolvió la esperanza a su equipo. Había tiempo, y el conjunto azulgrana gozó de ocasiones. La mejor fue para Neymar, pero no anduvo fino. La reacción del Barcelona quedó en vano, con una derrota que le impide aprovechar el tropiezo del Madrid.

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