sábado 07.12.2019
ACCIDENTE EN GALICIA

El Tren Celta: un empeño personal de la gallega Ana Pastor

Durante su etapa al frente del Ministerio de Fomento, la actual presidenta del Congreso de los Diputados salvó esta línea ferroviaria, que Comboios de Portugal quiso cerrar en 2011 por deficitaria

La exministra Ana Pastor junto al responsable portugués de Economía en la inauguración del Tren Celta | Estrella Digital
La exministra Ana Pastor junto al responsable portugués de Economía en la inauguración del Tren Celta | Estrella Digital

“Es la primera piedra en la comunicación directa España-Portugal”, declaró la actual presidenta del Congreso de los Diputados, la ‘popular’ Ana Pastor, el 1 de julio de 2013 durante el viaje inaugural del Tren Celta, la línea ferroviaria entre Vigo y Oporto sacudida el viernes por un descarrilamiento que provocó cuatro muertos –el maquinista, el interventor del tren y dos viajeros- y 46 heridos.

Ese servicio, que hasta 2013 se había llamado  Línea del Miño, estuvo a punto de desaparecer en 2011, cuando la operadora lusa Comboios de Portugal (CP) anunció su cierre por ser deficitario. Pero el empeño de Pastor (gallega y diputada por Pontevedra, aunque nacida en Zamora) propició un acuerdo en 2013 entre los dos países para repatirse el coste y relanzar la línea, considerada en Vigo un elemento crucial para vertebrar la Eurorregión Galicia-Norte de Portugal. En virtud de dicho acuerdo, España asumió una parte del gasto mayor de la que le correspondería en proporción al número de kilómetros de trazado que discurren por su territorio. Aun así, la línea no ha levantado cabeza: la usan de media 26 pasajeros al día, señalan fuentes del sector ferroviario.

A aquel viaje inaugural del Tren Celta, que acabó con un acto solemne en la estación de Oporto, asistieron como pasajeros de excepción la propia Pastor, entonces ministra de Fomento; el titular luso de Economía y Empleo, Álvaro Santos Pereira, los secretarios de Estado de Turismo de ambos países y una representación de cargos de ambos lados de la frontera. Todos exultantes, porque se había salvado una línea que estaba llamada a morir por falta de viajeros y cuyo cierre dejaría a los habitantes del sur de Galicia sin alternativa a la carretera para ir al país vecino.

Pastor describió entonces a su flamante Tren Celta como “el primer paso” para una “conexión directa y rápida” entre España y Portugal. Y se regodeó en la modernidad del servicio, pese a que iba a ser prestado por trenes con treinta años de antigüedad de Renfe, alquilados a Comboios de Portugal. Según detalló la entonces ministra en aquel viaje, hasta ese momento “el servicio que se prestaba parecía del siglo XVIII y XIX”. En Galicia los políticos, organizaciones empresariales y la prensa recogieron la consigna y celebraron la puesta en circulación de un nuevo servicio "del siglo XXI”.

La hoy presidenta del Congreso se apuntó además el tanto de haber logrado inyectar el dinero para salvar la línea Vigo-Oporto “en tiempos de crisis” y celebró que la tarifa a pagar por los usuarios sería “asequible”. “Hay que promocionar un medio de transporte que nos comunique en un tiempo competitivo”. “A veces no se trata de poner cantidades inmensas de dinero, sino de aplicar el sentido común”, zanjó Pastor en aquel día de celebraciones.

Cumbre Hispano-Lusa

Previamente, la salvación del tren entre Vigo y Oporto había sido acordada por los gobiernos de España y Portugal en la Cumbre Iberica (Hispano-Lusa) del 13 de mayo de 2013 en Madrid. En aquel acto, precedido por más de un año de negociaciones, los dos países pactaron la reforma y “potenciación” de este servicio, que ambos gobiernos presentaron orgullosos como un logro que les permitió mitigar el fracaso del eterno proyecto del AVE Madrid-Lisboa.

Las novedades acordadas para el Tren Celta fueron la comercialización de un billete único –hasta entonces había que comprar dos: uno de Renfe para el tramo entre Vigo y la frontera y otro de CP para el siguiente, hasta Oporto- y el acortamiento de la duración del trayecto a dos horas 15 minutos. Para ello hubo que reducir el número de paradas en los 160 kilómetros entre ambas ciudades y acabar con el engorroso procedimiento de cambiar en la frontera al maquinista y al interventor.

Los ministros Ana Pastor y Álvaro Santos Pereira presidieron la firma del convenio con dichas novedades, rubricadas luego por los presidentes de Renfe y CP. La declaración conjunta emitida por ambos países tras la Cumbre recogía “la voluntad de ambas partes de finalizar la electrificación de todo el trayecto en 2016”.

“Firme implicación” de Pastor

Hasta entonces la negociación había estado precedida por tensiones causadas por dificultades económicas, ya que eran los peores años de la crisis. Apenas dos meses antes de la Cumbre, según el Faro de Vigo, Portugal hizo público que sólo disponía de 5 de los 47 millones de euros acordados para electrificar la línea, y eso puso en cuestión la continuidad de la línea más allá del Miño. Madrid protestó y dejó claro que no iniciaría los trabajos en la parte española si Lisboa no garantizaba primero que el tren llegaría hasta Vigo.

Despejadas las dificultades, al término de aquella Cumbre el primer ministro portugués, Pedro Passos Coelho, destacó la “firme implicación” mostrada por Ana Pastor para salvar el proyecto. Las crónicas de la época del Faro de Vigo recogen también que Rajoy confirmó ese extremo a continuación, al resaltar en una conversación informal con altos cargos lusos que Pastor, además de ser ministra de Fomento, era diputada por Pontevedra.

Así fue como el Tren Celta Vigo-Oporto comenzó su renqueante andadura en 2013, con dos viajes diarios por sentido. Pese a las mejoras y a ser casi directo –mantiene como paradas intermedias Valença do Miño, Viana do Castelo y Nime- sigue siendo deficitario desde el punto de vista económico, si bien en este tipo de servicios la administración siempre prima el beneficio social, en este caso derivado de conectar los dos grandes polos de la Eurorregión Galicia-Norte de Portugal.

Fuentes del sector ferroviario resaltan que lo usan de media 26 personas al día, muchas de ellas turistas y peregrinos extranjeros que viajan a Santiago de Compostela por el Camino Portugués. En el tren siniestrado, que descarriló el viernes a las 9:25 en O Porriño por causas no aclaradas, había viajeros de Estados Unidos, Brasil y otros países sudamericanos, Gran Bretaña, Corea e Italia.

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