Viernes 21.09.2018
Marianismo o vuelta al aznarismo

Soraya busca un "pacto generoso" con Casado

Su equipo más próximo lo aconseja: más allá de las sonrisas por una victoria que puede ser pírrica, Soraya Sáenz de Santamaría debería pactar con Pablo Casado para evitar una confrontación final el 21 de julio en la que la exvicepresidenta de Rajoy podría perder frente al antiguo cachorro de Aznar. Marianismo o aznarismo, eso es lo que se juega en el PP

Soraya Sáenz de Santamaría junto a su jefe de campaña, José Luis Ayllón
Soraya Sáenz de Santamaría junto a su jefe de campaña, José Luis Ayllón

Son apenas 1.500 votos de diferencia frente a Pablo Casado, y eso que los dos Javieres, Arenas y Moreno, además del exministro de Justicia, Alfonso Alonso, echaron toda la carne en el asador para que Andalucía apoyara sin reservas a la exvicepresidenta de Rajoy y le dieran la victoria frente al aparato que representaba su enemiga mortal María Dolores de Cospedal. Pero José Luis Ayllón, el imprescindible jefe de campaña de Soraya Sáenz de Santamaría sabe que es una victoria pírrica, que en la confrontación final del 21 de julio podría convertirse en amarga derrota, frente al que ha quedado como número dos, Pablo Casado, el antiguo cachorro de José María Aznar.

Porque eso es lo que se juega ahora el PP: una continuidad del marianismo con Soraya como gran timonel o la vuelta al aznarismo con un Pablo Casado que ha sabido utilizar como nadie la ortodoxia del partido para tocar la fibra de la militancia más practicante, que es la que ha votado en estos comicios del PP. Muchos comienzan a ver a Casado como el gran antídoto contra Albert Rivera y el auge de Ciudadanos. De ahí el uso y hasta abuso en campaña de la familia, la seguridad, el liberalismo o la unidad territorial, unos mensajes que en el PP se habían ido diluyendo en los últimos años de Rajoy.

El grupo más próximo de Sáenz de Santamaría sabe que esta victoria puede ser pírrica y aconsejan un ‘pacto generoso’ con Casado. Detrás de esta idea están los principales valedores de la otrora todopoderosa vicepresidenta: desde su jefe de campaña, José Luis Ayllón, uno de los personajes más valiosos del PP, hasta los exministros Cristóbal Montoro, Álvaro Nadal y Alfonso Alonso –con dominio territorial pleno en el País Vasco-, pasando por la estrechísima amiga y colaboradora Fátima Báñez, exministra de Trabajo.

Este grupo sabe que no controla el aparato, y que sólo el trabajo de zapa desarrollado por Javier Arenas en Andalucía le ha dado la victoria. Pero otra cosa distinta es el congreso del 21 de julio, donde votan unos compromisarios que no se van a dejar llevar por el ‘espíritu asamblearista’ que domina en todas las primarias. Es más, Soraya y su equipo temen que de cara al Congreso Extraordinario muchos compromisarios se decanten por Casado, y no sólo el sector de la gran derrotada de estas primarias, María Dolores de Cospedal. Algunos temen que el líder gallego, Alberto Núñez Feijóo, se pase abiertamente al sector pablista e incline así una balanza que hasta ahora esta más bien indecisa.

Quizá por eso, Casado se ha mostrado inicialmente duro y repite hasta la saciedad que él va a luchar hasta el final por la presidencia, espoleado, sin duda, por el propio Aznar, de quien es pupilo, y apoyado por toda la esencia del aznarismo que queda en el PP y por determinado grupo de la caverna mediática. Además, podría contar con todo el apoyo de Dolores de Cospedal, aunque, según fuentes populares, no está claro que la secretaria general pueda mantener en el Congreso del partido el control sobre los compromisarios que hasta ahora controlaba.

A partir de ahora se abre un periodo de incertidumbre en el PP, donde las posiciones se van a mantener firmes mientras se negocia entre bambalinas. Pablo Casado se va a dejar querer por una -Soraya- y por otra -Dolores-, y Sáenz de Santamaría va a desplegar mucha mano izquierda para conseguir una candidatura de unidad. Para eso cuenta con un personaje fabuloso, Ayllón, un gran negociador. Pero las espadas están en alto y quien presuma de vencedor podría llevarse una mayúscula sorpresa el 21 de julio.