Viernes 16.11.2018

Primarias PP: esto puede acabar muy mal. (Pregunten a Cifuentes)

veronica sanz_hemiciclo3

Soraya Sáenz de Santamaría, abanderada de la gestión de gobierno -de Rajoy- se va a ver las caras con Pablo Casado, el guardián de la ideología -de Aznar-.  El futuro del Partido Popular pasa hoy obligatoriamente por uno de sus nombres. Me refiero a los jóvenes aspirantes, claro. Los expresidentes ni se molestaron en ir a votar. José María Aznar irrumpió en la escena a días de la votación con ganas de morder pero consciente de que su apoyo explícito perjudicaría a su favorito, Pablo Casado, quien fue su jefe de gabinete entre 2009 y 2012. La anécdota de que afirmara no saber si estaba al corriente de pago de su cuota de militante confirmó que no iba a votar. De Mariano Rajoy no se supo nada, hasta que el mismo 5-J afirmó que no iba a acercarse a ninguna sede, sino más bien a “caminar deprisa”, su deporte favorito, en dirección opuesta a cualquier urna de primarias. 

“Está todo muy abierto”, me dicen desde el PP 4 días después de su primera e histórica cita entre militancia y urnas. Yo añado, “en canal”. Así es como puede quedar el partido si la contienda entre exvicepresidenta y exvicesecretario se lleva hasta sus últimas consecuencias. No me imagino una guerra televisada, aunque vista la campaña, algo de eso habrá. Sino una guerra oculta y devastadora entre dos facciones muy diferenciadas del partido. Reduciendo: Santamaría contra Cospedal.

Sí, incluso habiendo perdido, la ex ministra de Defensa tiene más que una vela en este entierro. Porque alguien morirá, políticamente hablando, si la cosa se desmadra como apunta.  El primer anuncio de Pablo Casado el día después de quedarse a 1600 votos de su rival fue que ya había hablado con María Dolores de Cospedal para buscar su apoyo en la segunda vuelta, y que iba a tratar de hablar con cada uno de los compromisarios. Alerta, son 3184. No duden que lo hará, no se ha tomado un descanso en toda la campaña y ha prometido actos todos los días hasta el congreso del PP. Su jugada es hacerse con el apoyo de los candidatos que se han quedado fuera del corte de la militancia, básicamente de la ex secretaria general, y dar la vuelta al ajustado marcador cuando sean los compromisarios, representantes electos de los votantes, quienes elijan entre él o Santamaría el día 21 de este mes.

El voto de los compromisarios es secreto, pero la lógica orgánica marca que su elección obedece a la posición de su circunscripción. Por eso Casado tendrá que hacer otros 20.000 kilómetros como mínimo, porque pese haber arrasado en Madrid (54,4% de los votos de militancia) el PP madrileño está infrarrepresentado respecto a otras circunscripciones. A los números: el Madrid de Casado tiene 207 compromisarios electos, 7,9% del total, frente a 349 de Valencia, 13,4% del total o 475 de Andalucía, 18,2%. Y Comunidad valenciana y Andalucía fueron de  Santamaría, así que al de Ávila le toca ganarse a los fieles de Cospedal en Castilla La Mancha y Galicia, con 199 y 279 visitas que hacer en sendas comunidades autónomas. Mientras tanto, Santamaría sólo tiene que conservar los apoyos territoriales conseguidos, que son muchos, y seguir ondeando la bandera de la conquista de la militancia del PP, con sus dos escudos: el de la lista más votada y el de que por fin una mujer debe estar al frente del partido, y del gobierno.  

Por cierto, ¿saben por qué Madrid está infrarrepresentado en el poder territorial? Porque Cristina Cifuentes depuró el censo y dejó sólo a militantes reales. Sí, ya ha quedado claro que los 800.000 de que presumía el partido no están ni se les espera, pero la depuración se ha dejado para más adelante en la mayoría de territorios. Ella, Cifuentes, sí hizo ‘limpia’ de militantes. Ganó sus primarias, sus elecciones y luego cayó por un título universitario que no necesitaba y por unas cremas que costaban menos que la suela de los zapatos Prada que llevaba el día que la pillaron en el híper frente a la Asamblea de Madrid. El ser humano a veces es tan incomprensible. O cayó porque le hicieron la cama los del “fuego amigo”, que tenían dosieres y ganas de sangre.  Casado votó justamente en la sede del distrito de Salamanca, presidida por una enorme imagen de Cifuentes. Ella aún sigue ahí, por supuesto. Es poesía para un analista: el hijo político de Aguirre y Aznar (que fue adoptivo para Rajoy, según Margallo) votándose bajo la mirada de la última víctima de las guerras intestinas del Partido. Una muestra de hasta dónde llega la lucha por el poder, ahora más en juego que nunca. Sólo se me ocurre decir una cosa: vigilen sus espaldas, candidatos.