martes 15.10.2019

"Le presioné el cuello hasta que se desmayó. Era cuestión de supervivencia"

"Le presioné el cuello contra la pared hasta que se desmayó. Cuando dejó de respirar, me marché. Era cuestión de supervivencia". Es la confesión de José Luis R.G., quien se ha sentado este lunes en el banquillo de los acusados por dejar a su ex mujer, Antonia R.L., tetrapléjica por la brutal paliza que le propinó el 28 de junio del 2006 en el domicilio familiar, en presencia de sus hijos e incumpliendo, una vez más, una orden de alejamiento.

Durante su matrimonio, que duró 30 años, el acusado sometía a la víctima a "un trato degradante y humillante", lo que empeoró cuando Antonia le comunicó en el 2005 su intención de separarse para "no prolongar un matrimonio que no era tal". El día que llegó la carta de divorcio, José Luis, de 55 años, le advirtió: "Esto es como un suicidio. Tu sentencia de muerte", según declaró la mujer. La situación era tan extrema que José Luis acudió a un abogado, junto a Antonia, para que les asesorara sobre qué hacer en el hipotético caso de que los dos tuvieran un accidente.

Ella, de 48 años, conocía su plan y se lo recordó, en la sala, sin necesidad de ocultarse tras un biombo. "Su intención era asesinarme, ir a la cárcel y los niños, a un centro de tutela de la Comunidad de Madrid. Que ninguna de las familias se quedaran con la custodia. Hizo un testamento vital. Con ese fin", contó con gran entereza.

Tras acudir la mujer a los tribunales, un juez condenó a su agresor a un año de prisión, con la prohibición de aproximarse a menos de 500 metros de su esposa, una medida cautelar que quebrantó una y otra vez. El 8 de septiembre del 2005, el hombre abandonó su casa, pernoctando a partir de ahí en su vehículo, estacionado en la distancia límite establecida por orden judicial.

Actuación en defensa propia

En su declaración, el procesado alegó que el 28 de junio del 2006 actuó en defensa propia para "proteger" su vida. Según su versión, ella le había amenazado con "contratar un sicario para asesinarle" porque "las cosas estaban muy mal".

La fiscal no creyó su relató y solicitó una condena de 33 años de prisión para él por violencia doméstica, asesinato en grado de tentativa, lesiones, maltrato en el ámbito familiar, quebrantamiento de condena y allanamiento de morada.

Relató que el día de los hechos, acudió sobre las 4.00 horas a la casa de su ex mujer para que le "dijera quién iba a mandar para asesinarle", algo que a la propia víctima le sonó a "película". Entró con su llave y utilizó un plástico para levantar el pestillo de seguridad. "Ella me estaba esperando. Me cortó el paso con un serrucho e intentó herirme. Me dio la sensación de que me estaba esperando", narró.

"Venía hacia mí y yo tuve que hacer algo para evitar herirnos. Hice algo imprudente, y le agarré del cuello con las dos manos. Como no soltaba el cuchillo, con la mano izquierda mantuve el filo y, con la derecha, le presioné el cuello contra la pared hasta que se desmayó. Cuando dejó de respirar, me marché", recordó, apuntando que del forcejeo acabó amorotonado "por todas partes".

Al negar que la hubiera golpeado, la fiscal le pidió explicaciones sobre las lesiones de la víctima, quien presentaba fracturas de varias vértebras y multitud de hematomas. El procesado contestó que "cuando cayó, probablemente se golpearía en algún sitio".

Tenía "asumido" que la mataría

Por su parte, Antonia apenas recuerda lo que pasó el 28 de junio, sólo el ruido de "las aspas del helicóptero" que le llevó al hospital de parapléjicos de Toledo. En cambio, no olvida los malos tratos "físicos y psíquicos" que padeció durante su matrimonio. Tenía "asumido" que la mataría, dijo.

"Yo sé, porque lo conozco, que cuando él se propone algo lo lleva adelante. Antes o después, de una forma u otra, lo hace", apuntó. La maltratada cree que trató de matarla por el hecho de que un mes antes anuló la tarjeta Visa que valía de sustento económico de su ex marido, quien no trabajaba, dado que "no podía pagar un gasto mensual de 500 ó 600 euros".

Contra sus planes, José Luis no acabó el 28 de junio con la vida de su ex mujer, pero la dejó tetrapléjica. Ésta reconoció que tiene sentimiento de culpa hacia sus hijos. "Siento que soy una carga para ellos. Necesito a alguien que me ayude todo el día. No puedo hacer nada", se lamentó.

"Le presioné el cuello hasta que se desmayó. Era cuestión de supervivencia"