sábado 19.10.2019

La presidenta de la iglesia Evangélica alemana dimite tras ser detenida por conducir ebria

La presidenta del Consejo de la iglesia Evangélica en Alemania (EKD) y obispo de Hannover, Margot Kässmann, dimitió de sus cargos tras ser sorprendida conduciendo en estado de embriaguez. Kässmann lamentó ese "grave error" cometido con tal "irresponsabilidad". "Cometí un grave error, que lamento, y dañé con ello mi cargo y la autoridad inherente a éste", dijo en una declaración pública Kässmann, de 51 años y presidenta desde el pasado octubre del EKD, iglesia mayoritaria en Alemania con 25 millones de feligreses. "Por encima del cargo, para mi es importante preservar el respeto y la estima hacia mi misma, por lo que dimito de todos mis cargos eclesiásticos", dijo Kässmann, cuya declaración, en tono emotivo pero sereno, fue seguida de aplausos por los presentes.

Kässman fue interceptada por la Policía el pasado sábado después de que se saltara un semáforo rojo con su automóvil oficial en Hannover y se le determinó unos niveles de 1,54 miligramos de alcohol, lo que triplica lo autorizado en Alemania. El Consejo Evangélico expresó, tras una reunión de urgencia celebrada la noche pasada, su apoyo a su presidenta, en un comunicado en que se hacía hincapié en que se la respaldaría, fuera cual fuera su decisión. "El consejo deja en plena confianza a su presidenta la decisión sobre el camino que deberemos tomar juntos", señaló un comunicado del máximo órgano de representación de los evangélicos alemanes. La presidenta de la Iglesia Evangélica reconoció inmediatamente después de hacerse pública su infracción de que había sido interceptada cuando conducía ebria, su error y expresó su arrepentimiento, mientras su oficina anunció que suspendía todos los actos de su agenda.

El caso salió a la luz el martes en las páginas del diario sensacionalista "Bild", tras lo cual la Fiscalía de Hannover dio a conocer los detalles sobre el nivel de alcoholemia, que en el caso de una mujer de su complexión física -menuda- equivale a que se habría bebido más de una botella de vino o varias cervezas. Tras las primeras explicaciones de Kässmann el martes, a través de la prensa, tanto desde el estamento eclesiástico como político hubo numerosos pronunciamientos de respeto hacia la obispo y se recordó su trayectoria humana y profesional.

Kässmann, divorciada y madre de cuatro hijas, responde al prototipo de mujer moderna y bien preparada, que desde su cargo ha incidido no sólo en cuestiones de índole religiosa, sino política y se granjeó las simpatías de sus conciudadanos con su posición crítica respecto al conflicto de Afganistán. Ello no ha evitado que su dimisión se viera como ineludible, no por el hecho de haber tomado alcohol, lo que entra en la esfera de lo privado, sino de haber conducido ebria, lo que en Alemania es un delito que además de la retirada inmediata de la licencia de conducir puede implicar una sanción equivalente a dos salarios.

La presidenta de la iglesia Evangélica alemana dimite tras ser detenida por conducir ebria