miércoles 03.06.2020

La palabra y la estética vanguardista priman en la representación de 'Edipo' en Mérida

La fuerza de la palabra, así como una puesta en escena innovadora y vanguardista, primaron esta noche en la presentación de Edipo, una trilogía, de Georges Lavaudant en el teatro romano de Mérida. Casi dos mil espectadores fueron testigos de esta versión contemporánea radicalmente alejada de la estética propia del teatro clásico. Eusebio Poncela dio vida a un Edipo enigmático, contradictorio y lleno de deseo por conocer sus orígenes y su destino.

La fuerza de la palabra, en detrimento del lirismo de la tragedia clásica, así como una puesta en escena innovadora y vanguardista, primaron esta noche en la presentación de Edipo, una trilogía de Georges Lavaudant en el teatro romano de Mérida.

Esta tragedia familiar, compuesta por una "trilogía imaginaria" de las obras de Sófocles Edipo Rey, Edipo en Colono y Antígona, fue representada ante casi dos mil espectadores en una versión contemporánea radicalmente alejada de la estética propia del teatro clásico.

Unos 2.400 años después, la palabra del poeta griego sigue viva y el verdadero motor e inspiración de los personajes, la máxima "conócete a ti mismo", conectó rápidamente con los asistentes que se sintieron identificados con un Edipo -interpretado por Eusebio Poncela- enigmático, contradictorio y lleno de un ferviente deseo por conocer sus orígenes y su destino.

Así, la interpretación más pura salió a relucir en el escenario y los personajes, casi inmóviles, dieron vida a una familia perseguida por el fatídico destino del oráculo de Delfos y las predicciones del adivino Tiresias, encarnado por el proverbial Miguel Palenzuela.

Eusebio Poncela ofreció una fantástica interpretación de Edipo, que pasó de ser rey de Tebas a ser desterrado a Colono, en Atenas, consumido por la consecuencia de sus actos, asesino de su padre y esposo de su madre, y terminó sus días ciego y desvalido ayudado por su hija Antígona.

El vestuario, caracterizado por atuendos largos negros, contribuyeron a la simplificación del montaje, una vez más, dando prioridad a la belleza de la palabra sofocliana, traducida por Daniel Loayza y vertida con maestría al castellano por Eduardo Mendoza.

Puesta en escena

Con un calor de justicia en pleno mes de agosto, en la primera parte, el montaje nos trasladó a un cine abandonado de los años cincuenta donde los actores, bajo una iluminación ínfima, se sucedieron como apariciones fantasmales sólo interrumpidos por el ruido de un antiguo proyector.

La puesta en escena de la segunda parte, formada por "Antígona", sorprendió aún más: la pantalla se convirtió en un elemento más de la obra, los actores hablaban con otros personajes reflejados en la misma, mientras esta mostraba imágenes cargadas de simbolismo.

En palabras de la actriz Laia Marull, Antígona se constituye en "la determinación pura", su ambición es "hacer lo que cree que es correcto con todas las consecuencias hasta cavarse su propia tumba y decidir suicidarse antes de que la maten".

La apuesta por la ausencia de artificios líricos o de emociones postizas cuajó entre el público que, aunque disfrutó del montaje, en algunos momentos echa en falta algo de dinamismo ante la excesiva sobriedad de una obra que huye de toda parafernalia y grandilocuencia para atrapar a los espectadores.



La palabra y la estética vanguardista priman en la representación de 'Edipo' en Mérida