Jueves 22.11.2018
¿IDENTIDADES INCOMPATIBLES?

Musulmanes LGTB: un armario de doble fondo

Nacidos con dos identidades a priori irreconciliables y sometidos a la presión de sociedades poco tolerantes con la diversidad sexual, los musulmanes LGTB que se atreven a salir del armario se enfrentan con una doble discriminación. Es el caso de Nashira, una joven musulmana transexual que ha plantado cara a la intolerancia en busca de su libertad

Cada vez son más las voces que se atreven a reivindicar los derechos de los musulmanes LGTB.
Cada vez son más las voces que se atreven a reivindicar los derechos de los musulmanes LGTB.

Nunca es fácil salir del armario. Y menos en un país musulmán. El islam está omnipresente en todos los ámbitos de la vida pública y privada y tiñe sus sociedades de un conservadurismo cimentado en legislaciones discriminatorias. Un cóctel que convierte la diversidad sexual en un tabú y empuja a muchos homosexuales y transexuales a vivir ocultos en una jaula de la que es difícil escapar. Los que se atreven a romper sus barrotes se enfrentan al repudio familiar, exclusión social, agresiones e incluso a la muerte. Hasta 76 países, en su mayoría musulmanes, tipifican la homosexualidad como delito y la penan con castigos corporales, multas, prisión y, en siete de ellos, con pena de muerte.

En España, la situación para ellos tampoco es sencilla. Pese a ser este país un referente en la lucha por la igualdad y la diversidad sexual, los prejuicios siguen imperando en una comunidad integrada en su mayoría por inmigrantes de primera y segunda generación. Atrapados en un armario de doble fondo, son víctimas de la discriminación por su orientación de género e identidad sexual y también por su credo religioso. Sin embargo, cada vez son más los que se animan a derribar los muros de la intolerancia en busca de su felicidad. A su vez, también hay quienes alzan la voz para reivindicar la compatibilidad entre el islam y la homosexualidad.

Ansia de libertad

“Mi vida con mis padres ha sido siempre un infierno”. Así resume su infancia y su adolescencia Nashira, madrileña de origen libanés que, pese a sus18 años, demuestra una admirable entereza. Desde que nació vive prisionera en un cuerpo equivocado y desamparada ante la incomprensión de su familia. Toda su vida ha estado marcada por la doble discriminación debido a su condición de transexual y musulmana. Pero ha dicho basta y ha elegido volar hacia su libertad. Ha dejado atrás un nombre que nunca le representó, Víctor, adoptado el de Nashira, que en árabe significa Victoria. Un nombre que simboliza su triunfo sobre la exclusión, la marginación y la intolerancia. Victoria por dar el paso más importante para construir una nueva vida.

NashiraCon 16 años, incapaz de soportarlo más, decidió contar a sus padres que se sentía una chica. No encontró más que un muro de incomprensión. A cambio, sólo recibió reproches y frecuentes agresiones físicas. “Desde los 16 años mi madre me pegaba por cómo quería vivir mi vida, me decía que no lo iba a permitir”, lamenta Nashira. Sin embargo, el pasado 14 de febrero decidió ponerse el velo con el que se siente identificada como mujer musulmana y huyó de casa y cortó todo vínculo con su familia. Los comienzos no han sido fáciles. Tras vivir unos días en la calle, el Samur y una educadora social le prestan ayuda mientras ella encuentra el camino para valerse por sí sola.

El rechazo de su familia por sus fuertes convicciones religiosas no le ha hecho perder su fe. Se siente orgullosa de ser musulmana practicante, aunque asegura que hay mucha incomprensión en la sociedad española. “He encontrado gente que me decía: cómo quieres ser musulmana cuando el islam lo rechaza, te podrían apedrear”. Nashira reconoce que es muy “duro” ser una transgénero con este credo: “Hay que tener mucho valor. El triple que una transexual española normal”. El rechazo viene desde muchas direcciones, no sólo desde los islamófobos y de los tránsfobos, también desde su entorno y de la comunidad islámica. 

La dureza de su relato no impide a Nashira irradiar felicidad. Su meta merece la pena, y por ello alberga esperanza en el futuro. En menos de un mes comenzará su esperado tratamiento de hormonación. “Cuando empiece con el proceso estaré mejor y me sentiré mucho mejor conmigo misma, Insha’Allah (si Dios quiere, en árabe). Por eso, es lo único por lo que estoy feliz”, matiza sonriente.

El activismo toma fuerza

Hay quienes se aventuran a entregarse en cuerpo y alma para que el arcoíris brille en sus países de origen y de acogida. Es el caso de Samir Bargachi, homosexual de origen marroquí que reside en España desde los 6 años y que está al frente de Kifkif, una asociación LGTB laica que asiste a homosexuales y transexuales en situación de especial vulnerabilidad por ser refugiados o migrantes. “Hay mucha islamofobia en la sociedad española en general y mucha homofobia en la comunidad musulmana. Estamos dentro de varios armarios”, reconoce.

“En Kifkif tenemos el objetivo de impulsar un modelo de islam inclusivo, a la europea, en el que se acaten las normas de convivencia del Estado español y demostrar que la exclusión a la comunidad LGTB no es islámico”, explica. “Tampoco tenemos que renunciar a nuestra religión por nuestra orientación sexual”, añade. Sin embargo, reconoce que definirse como gay dentro de una fe que supuestamente les discrimina es un choque muy fuerte, un proceso interno “que en ocasiones nos conduce a rechazar nuestra religión”.

SamirSu valentía y determinación han convertido a este joven de 28 años en un referente del activismo LGTB en los países de tradición islámica. Una lucha a cara descubierta, no exenta de riesgos y sacrificios. El primero y más traumático fue la salida del armario, como la de otros muchos inmigrantes de origen árabe que reconocieron su condición sexual. “Fue muy desagradable y la relación con mis padres nunca fue la misma”, lamenta. 

Su incesante lucha también le ha granjeado la animadversión de los sectores más conservadores de la sociedad musulmana. Pese a haber recibido amenazas de muerte no piensa tirar la toalla. “Tengo que vivir con las consecuencias de lo que soy”, señala.

Samir aclara que no existe unanimidad religiosa en cuanto a la homosexualidad y que cada vez hay más imanes que apuestan por que no existe contradicción entre la orientación sexual y la fe islámica. Vientos de cambio que, aunque lentamente, algún día conducirán a una transición en sus países que integre y reconcilie las dos identidades de la comunidad musulmana LGTB.

Comentarios