jueves 12.12.2019

La Ertzaintza busca “trofeos” de más víctimas del monje shaolín

Los investigadores creen que utilizaba los restos mortales de sus víctimas para revivir los momentos de la agonía, dado su perfil de presunto asesino en serie

Investigadores de la Ertzaintza buscan "trofeos" pertenecientes a otras posibles víctimas en la vivienda y enseres de Juan Carlos Aguilar Gómez, el asesino místico y falso monje shaolín de Bilbao, que presuntamente mató a Jenny Sofía Rebollo y Maureen Ada Otuya, descuartizando a la primera de ellas y cuyos restos aparecieron metidos en bolsas que el embaucador guardaba celosamente en el gimnasio donde practicaba artes marciales. Los trofeos son objetos personales que pertenecieron a las víctimas de los asesinatos en serie que son recogidos por el criminal. Los utilizaba para recordar después los momentos de agonía por el que atravesaron sus víctimas antes de exhalar su último suspiro, según ha podido conocer ESTRELLA DIGITAL de fuentes de la investigación.

Mientras los expertos de la policía autónoma vasca investigan la posible implicación de Juan Carlos Aguilar en otros presuntos asesinatos todavía sin descubrir, paralelamente, personas cercanas al presunto asesino tratan de encontrar una explicación médica que justifique sus actos y que le sirva de coartada ante los jueces. Ahora resulta que Aguilar padece un tumor cerebral desde hace tiempo, circunstancia esta que podría hacerle inimputable ante la Justicia y no pagar así por los crímenes de Jenny Sofía Rebollo y Maureen Ada Otuya, lo que podría suponerle no pasar entre rejas los próximos 30 años de su hasta ahora azarosa y sangrienta vida.

Un tumor no tan exculpatorio

A este respecto, el prestigioso doctor José Cabrera, psiquiatra, criminólogo y médico forense ha asegurado a ESTRELLA DIGITAL que "solamente un tumor situado en la zona límbica del cerebro podría haber despertado esa agresividad en el falso monje shaolín, pero serían pulsaciones descontroladas que le impedirían cometer los crímenes con la meticulosidad y el raciocinio con los que se han ejecutado los de las dos mujeres presuntamente asesinadas por él en Bilbao. La zona límbica es una parte de las más antiguas del cerebro y es desde donde se asientan movimientos emocionales como, entre otros, el temor o la agresión. Una lesión en esta parte del cerebro sí podría provocar en la persona que la padezca un comportamiento violento anormal, lo que no ocurriría si el tumor está ubicado en otra porción del cerebro. La forma de cometer presuntamente estos delitos no apuntan -a falta de los informes psiquiátricos- que Aguilar padezca una lesión que le impida distinguir el bien y el mal".

Los recuerdos de los asesinos en serie

Aunque hasta este momento no se pueda catalogar al falso monje shaolín como asesino en serie real, ya que todavía no ha llegado a tres el número de sus víctimas, si se le puede decir que en potencia sí podría serlo. La Unidad de Ciencias del Comportamiento del FBI proporciona información a todas las policías del mundo sobre la forma de actuar de este particular tipo de asesinos, que se caracterizan por matar sin un móvil aparente. La gran experiencia que la Policía federal norteamericana tiene sobre el modus operandi de estos criminales, conseguida tras muchos años de investigación, ha motivado la creación de perfiles criminológicos para cada uno de los tipos de asesinos en serie estudiados hasta ahora en el mundo entero, incluida España. Aunque hay algunos que son enfermos mentales, psicóticos, la mayoría de los asesinos en serie pertenecen al grupo de los llamados psicópatas desalmados, donde se podría incluir a Juan Carlos Aguilar, a partir de los muchos datos que hasta ahora se conocen de la forma de cometer presuntamente los dos asesinatos que se le atribuyen. Lo que se sabe de estos criminales psicópatas es que su primer crimen lo cometen antes de cumplir los treinta años de edad. Luego, o continúan matando sin parar hasta que son detenidos por la Policía, o permanecen dormidos durante algún tiempo para despertar después y volver a asesinar de nuevo.

Es costumbre en este tipo de criminales el apoderarse de algún objeto que en vida portaba la víctima antes de asesinarla. Porque a sus asesinos siempre les recordará cuando los contemplen los momentos más duros de las torturas a que las sometieron, el conservar estos objetos, que en el argot policial y psiquiátrico se conocen como trofeos, despierta en los asesinos nuevas fantasías homicidas. Por eso los inspectores de la Erzaintza han buscado estos "trofeos" en los registros llevados a cabo por ellos en el gimnasio y el domicilio del asesino místico. A través de ellos se podría llegar hasta otras posibles y presuntas víctimas del criminal hasta ahora desconocidas.

Otra de las características de esos asesinos en serie es que casi siempre dejan alguna marca en la escena del crimen que indica que el asesinato es obra suya: forma de matar, de dejar el cadáver o el arma utilizada. A esta señal la llaman los especialistas de criminalística como la "firma del asesino". Pero en el caso de los dos asesinatos cometidos presuntamente por Aguilar es difícil encontrar esta "firma", porque el escenario del crimen es presuntamente su gimnasio, lo que dificulta la labor investigativa de la Policía. Otra pista que les lleva a los ertzainas a sospechar que puede haber más víctimas mortales procede del dato de que el falso monje tiene ya 48 años y que si es realmente un asesino en serie es algo mayor para haber cometido ahora su primer crimen, cuando por lo que mucho que se conoce del comportamiento de este tipo de homicidas se sabe que tuvo que comenzar supuestamente a asesinar hace 18 años.

Juan Carlos Aguilar, nacido en Bilbao en 1965, es miembro de una familia que se asentó en el País Vasco hace 50 años, oriunda de Huerta del Rey (Burgos), famoso por la singularidad de los nombres de sus vecinos.