martes 15.10.2019

La derrota histórica del SPD es la consecuencia lógica de una larga crisis

La derrota histórica del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) en las elecciones generales de este domingo no hace más que culminar un proceso de crisis que comenzó con la traición del canciller Gerhard Schröder a los valores tradicionales del partido. Así es al menos como interpretaron las bases y los votantes socialdemócratas el paquete de reformas sociolaborales comprendidos en la denominada Agenda 2010 aprobada en 2003 por el entonces gobierno socialdemócrata-verde de Schröder.

El SPD lo fue pagando en todas las elecciones regionales que siguieron a este programa, año tras año, hasta llegar al 20,8 por ciento en las elecciones europeas de junio pasado.

El descalabro de este domingo fue a escala nacional el más pronunciado en unas generales, pues no sólo fue históricamente malo el resultado -un 23 por ciento- sino histórica también la caída, un 11 por ciento con respecto a las legislativas de 2004.

En los últimos años han sido frecuentes los intentos de sacar al partido de la crisis y el desgaste de líderes es también sin precedentes: desde que Schröder dejó la presidencia del SPD en 2004, precisamente a causa de la erosión causada por la Agenda 2010, ha habido cuatro sucesiones en el cargo.

El actual presidente, Franz Müntefering, repite cargo; lo dejó en 2005 por motivos familiares -su esposa estaba muy grave- y lo recuperó el año pasado tras un golpe de mano contra el breve Kurt Beck, a quien el partido no vio capaz de sacar al SPD de la crisis.

El fallo socialista

Todos los dirigentes fallaron sin embargo en su intento de presentar el paquete de reformas como una consecuencia ineludible de la globalización.

De nada sirvió el pequeño giro que dio el gobierno de gran coalición a algunos de los aspectos más duros de las reformas del ejecutivo anterior.

En la población no calaron los pequeños retoques y toda mejora social, económica o laboral quedó en el marcador de la canciller cristianodemócrata Angela Merkel, aunque la iniciativa fuera socialdemócrata.

El descontento de la población con las medidas del gobierno socialdemócrata-verde hizo crecer al entonces recién creado partido de La Izquierda, surgido de la fusión entre los poscomunistas del PDS y la disidencia socialdemócrata.

Mientras que hasta entonces el PDS prácticamente sólo constituía una fuerza a tomar en serio en el territorio de la extinta República Democrática Alemana (RDA), su fusión con la disidencia socialdemócrata posibilitó su expansión al oeste.

Todo ello levantó aún más ampollas en un SPD que no quería -y sigue sin querer- perdonar que uno de los suyos, el ex presidente del partido y antiguo ministro de Finanzas Oskar Lafontaine, se convirtiese en líder de la nueva formación.

Enfrentamiento entre el SPD y la Izquierda

Además de que pueda haber diferencias programáticas, es sobre todo el rencor hacia Lafontaine el que imposibilita a mediano plazo una cooperación entre el SPD y la Izquierda a escala nacional, algo que sí existe a nivel regional, como por ejemplo, en el caso de la ciudad-estado de Berlín.

Esa exclusión es la que ha llevado a que en esta campaña el SPD tuviera de facto que casarse con la idea de reeditar la gran coalición, una alianza que históricamente se ha visto sólo como excepción y no como fórmula duradera. Las demás coaliciones habían quedado excluidas por unos u otros.

La derrota histórica del SPD es la consecuencia lógica de una larga crisis